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Educación sexual en niños

Parece ser que también hay niños que no preguntan nada sobre el sexo, aunque esto no es lo más frecuente. Quizá hayan notado cierta tensión en el ambiente o su pregunta haya sido tan velada que los padres no se dieron cuenta. La niña de una amiga preguntó a su madre: «¿De verdad soy vuestra hija o me habéis encontrado en alguna parte?». Mi amiga pensó que quizá había oído hablar de niños adoptados y trató de tranquilizarla asegurándole que «de verdad» era su hija. Pero la pregunta se repitió en varias ocasiones más, fantaseando la niña sobre la posibilidad de que fuera una princesa (lo que para los niños es algo así como un hada), que antes había vivido en un castillo de nubes. La madre lo contó en una reunión de amigos, y alguien le sugirió que quizá la pequeña quería saber algo sobre su origen. Cuando su hija volvió una vez más al tema la madre le preguntó: «¿Quieres saber dónde estabas antes de nacer?», a lo que la niña contestó aliviada: «Sí, eso».
Si nuestro hijo no pregunta nunca, podemos llevarle nosotros al tema: La tía Carmen pronto va a tener un niño: ya se ve cómo está creciendo en su tripa.

Evolución psico-sexual del niño

El que Freud y sus seguidores hayan descrito la evolución psico-sexual del niño como algo que sucede en etapas no quiere decir que éstas se hallen nítidamente delimitadas. Se superponen y complementan. Aunque los genitales como fuente de placer empiecen a prevalecer sobre las demás fuentes alrededor de los tres años (y más aún a partir de la pubertad), los niños juegan con sus genitales mucho antes de este tiempo, igual que siguen chupándose el dedo aún mucho después de haber terminado la «fase oral».
El niño palpa y busca hasta que encuentra su pene, y cuando lo ha conseguido, juega con él con expresión contenta y hasta embelesada. En las niñas estos juegos suelen ser menos visibles, por lo que algunos creen que no se dedican a ellos. Pero también las niñas se frotan entre las piernas o se mecen, echadas de bruces, sobre su cuerpo.

Psicología infantil

Psicología infantil

El huevo de Colón lo encontré en un libro de la ya mencionada educadora Elisabeth Dessai, quien a su vez se inspiró en las enseñanzas de una madre campesina. Relata su encuentro así: Su hijita, de un año, andaba por la casa sin bragas ni pañales, poniendo su montoncito de caca en el suelo sin alfrombrar. Tranquilamente, la madre cogió un trozo de papel, lo quitó y pasó una bayeta por el lugar en cuestión. Acostumbrada a la mística de la limpieza me llevé un pequeño shock y le pregunté si no enseñaba a sus hijos a usar el orinal. “Pues sí contestó la mujer  pero no tan aprisa”. Me señaló el orinal que estaba en un rincón de la habitación: “Hay que esperar a que los niños quieran usarlo. ¿Para qué enseñarles a los doce meses algo que a los veinte lo hacen por sí solos? ¿No comprende? A mí no me gusta ponerme nerviosa sin motivo”. El comentario de la autora: Esta señora no había leído nunca un libro sobre psicología infantil. Simplemente se había formulado la pregunta “¿Por qué…?”. Esta pregunta no sólo denota inteligencia sino también una enorme creatividad. La mujer no conocía la palabra creatividad. Decía usar sencillamente su sentido común. El hecho de que para ella no era “común” el sentido convencional sino el sentido crítico, ya era en sí altamente creativo».