La autora del mencionado libro anteriormente mencionado, consciente de que hasta entonces había pensado más en la protección de su piso alfombrado que en las necesidades de sus hijos, acondicionó su casa con una moqueta barata que se podía tirar tan pronto como los niños sabían mantenerse limpios. Puso a sus hijos unos patucos y unos jerseys de lana largos, para que no se enfriaran demasiado, y dejó un orinal a su alcance. Los niños aprendieron a usarlo sorprendentemente rápido y sin ninguna presión. Tengo que reconocer que lo de la moqueta no me parece una solución demasiado higiénica. Yo preferiría esperar hasta la primavera, cuando se pueden quitar las alfombras. Y en vez de dejar a mi hijo sin bragas le haría unos peleles chinos. Pero por lo demás, la idea me cautiva por su sencillez y naturalidad. Es cierto que aún así, los padres que se atreven a ponerla en práctica seguramente tendrán que soportar muchas críticas y miradas extrañadas. Sus parientes y vecinos los tendrán por poco menos que unos guarros. Pero si es en beneficio de su hijo, ¿por qué no probarlo? Todo lo que significa menos presión, menos autoritarismo y menos disciplina para el niño ha de considerarse positivo.
