Además, hay una gran diferencia entre ser autoritario y ser una autoridad. A una persona que es una autoridad se le respeta por su sabiduría o sus méritos. Pero si a mí me merece mucho respeto y admiración, pongamos por caso, Severo Ochoa, por sus conocimientos y calidad humana, esto no implica que le tenga miedo ni que él pueda mandar en mi vida. A una persona autoritaria, sin embargo, le tengo miedo o me es muy molesta, según el poder que ejerza sobre mí.
Para el niño pequeño, los padres son una autoridad: saben más que él, conocen todo lo que él desconoce y le sirven de ejemplo.
Sería un abuso tremendo aprovechar esta «superioridad» (que por lo demás es sólo pasajera) para mandar totalmente sobre él o de inspirarle miedo con un comportamiento autoritario. En todo lo que sea posible, le dejamos obrar según su propia voluntad, aún si sabemos de antemano que se va a equivocar. Ya conocemos eso de «sólo se aprende de los propios errores, nunca de los ajenos». ¡Pero sin olvidar el sentido común! No vamos a dejar que nuestro hijo se queme para que aprenda que el fuego es caliente. Tampoco le dejamos correr libremente por una calle muy transitada para enseñarle que los coches pueden pillarle a uno. Pero si quiere ponerse algo que. según nuestro gusto, combina mal o no es lo adecuado para cierta ocasión, lo más que podemos hacer es comunicarle nuestra opinión: «En el cumpleaños de Pepito todos los niños van a ponerse guapos; creo que es mejor que te quites el niky viejo y te pongas una camisa». Pero si el niño insiste en el niky, no tenemos derecho a obligarle que se ponga la camisa.
Posts Etiquetados con ‘limites niños’
Limites para nuestros hijos
Agosto 20th, 2010Limites para niños
Agosto 1st, 2010El niño a partir de los tres años ya no es un bebé que gatea, para quien hay que acondicionar toda la casa pensando exclusivamente en los peligros que acechan, bien a él, bien a nuestros objetos de valor. De un niño de tres años ya se puede esperar que sepa manejar con cuidado aquel florero bonito que nos ha regalado la abuela (siempre que le hayamos dejado ensayar con algo de menos valor), y también es capaz de comprender que lo caliente quema y no se debe tocar la placa de la cocina.
Pero esto no quiere decir que ya sepa comportarse como un niño mayor. Necesita un espacio vital que le permita jugar a sus anchas, donde pueda alborotar, modelar, pintar y manchar.



