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Variaciones coitales

La estimulación anal puede ser una de las principales formas de actividad sexual o el acompañamiento de otros tipos de estimulación. Muchas parejas la incluyen porque un número importante de ellas goza considerablemente (entre el 20 al 43 por ciento de las mujeres casadas ha practicado sexo anal. El 40 por ciento de las mismas mujeres lo encuentra placentero, al 49 por ciento no le gusta y el 10 por ciento se muestra indiferente). Por otra parte, el 20 por ciento lo realizó una vez, el 19 por ciento lo practica ocasionalmente y el 2 por ciento a menudo.
El sexo anal puede ser placentero o causar molestias tanto físicas como morales. Para algunas personas, se trata de un comportamiento inaceptable.
Por lo común, al excitar el esfínter anal, éste se cierra apretadamente y la tentativa de introducir el pene -aunque se tenga cuidado y no se haga con gestos bruscos- puede ser igualmente dolorosa.
A diferencia de la vagina, el recto no produce lubricación natural. De ahí que la inserción del miembro en el ano puede provocar desgarros o lesiones. Para reducir el riesgo, lo más prudente es utilizar abundante lubricante artificial (que debe ser de base acuosa, sin ningún derivado del petróleo).
Después de introducir el pene en el ano, debe tenerse extremo cuidado de no introducirlo directamente en la vagina sin un prolijo lavado previo. En el ano existen bacterias que tienen allí su medio natural y que podrían originar infecciones en la vagina, por lo que no se recomienda en absoluto pasar del coito anal o inserción digital al coito vaginal o inserción digital sin solución de continuidad.
La mujer suele ubicarse de espaldas al varón para evitar maniobras demasiado bruscas en el acople y relajar mejor su musculatura (a veces, con las rodillas atraídas hacia el pecho o apoyada sobre sus rodillas y manos).