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Niños obedientes

Y esto es lo que el niño precisamente no puede hacer, porque se encuentra extremadamente dependiente de los padres. Desde luego, es posible inducir a un niño pequeño a hacer lo que queramos que haga. Con un programa consecuente de premios para las «buenas» acciones y de castigos para las «malas», los padres pueden conseguir hasta que baile sobre una cuerda floja. Después de algún tiempo ni siquiera harán falta los premios y los castigos; bastará con anunciarlos. Si veinte veces ha recibido una bofetada por hablar con la boca llena y otras veinte veces un premio por comportarse bien en la mesa, sólo hará falta la promesa del premio o la amenaza del castigo para que el niño actúe de la forma deseada. Finalmente se le habrá creado el «reflejo condicionado» de «hay que comportarse bien en la mesa».
A pesar de que este adiestramiento efectivamente tiene buenos resultados —al menos en el caso de algunos comportamientos— no me parece el mejor camino de tratar a un niño.
Primero, porque significa un abuso de poder. Llevado al mundo de los adultos sería comparable a la esposa extremadamente dependiente de su marido, que ante la amenaza de abandonarla —o en espera de una palabra amable de la que está necesitada por carecer de otras compensaciones— se apresura a cumplir con todo lo que éste desee. También lo podríamos comparar con el comportamiento de un trabajador que accede a todas las exigencias de un patrón despótico porque necesita el sueldo para alimentar a su familia y vive en una situación en que no encontraría otro trabajo y en que no hubiera sindicatos para protegerle.

Como educar a tus hijos

¿Cuál es la mejor forma de lograr que nuestro hijo sienta y sepa que le aceptamos tal como es y que estamos siempre de su lado? El ya citado Thomas Gordon apunta tres formas esenciales: dejarle hacer, escucharle y transmitírselo con palabras. Lo primero y lo último resulta relativamente fácil: el «saber escuchar» exige algunas explicaciones.
Transmitimos nuestra aceptación «dejándole hacer» si no nos metemos en sus cosas. El niño que está tranquilamente pintando o construyendo necesita ser dejado en paz. Los padres que quieren enseñarle cómo hacerlo «mejor», sólo le están transmitiendo el mensaje de que no sabe, de que es tonto, de que necesita la ayuda de los mayores.
Claro que algunas veces también necesita oír que le queremos, que lo que hace nos gusta y que estamos de acuerdo con él. Puesto que los niños realmente hacen cosas estupendas y los padres se alegran de verdad con su progreso y buenas acciones, esta cuestión no ofrece mayores problemas. Sólo me parece importante mencionar que deben cuidar un poco el tono en que le elogian. Algunos adultos hablan en un tono terriblemente ñoño con los niños, sobre todo cuando les alaban. Tratados así los chicos se sienten incómodos. Algunos pierden inmediatamente las ganas de seguir jugando. Luego los padres se extrañan por qué el niño, tan alegre hace un rato, de repente se siente malhumorado. Así que hablad en un tono normal con los niños, igual que si hablaseis con un amigo.

Familia hijos

Familia hijos

Lo primero era todavía el reflejo de los roles en que nosotros, los padres, habíamos sido educados, pero lo segundo ya obedecía a nuestros diferentes intereses personales (aunque bien es cierto que todavía se considere la ciencia y la técnica como cosas de hombres y el arte y la cultura más propios de las mujeres). Pero a lo mejor, mi nuera será mecánica de coches y mi hijo cocinero; en este caso quizá sea ella quien juegue con sus hijos al scalextric y él quien les prepare la tarta de cumpleaños.

Educar hijos

Educar hijos

¡Piedad, señores! ¿Quién puede ser siempre así? Sin embargo, suena tan bien y al parecer tiene tan buenos beneficios para nuestros hijos, que nos esforzamos y esforzamos… Pero como no dejamos de ser humanos, siempre volvemos a caer en nuestras flaquezas.

Familia hijos

Familia hijos

Podemos reírnos, podemos pensar que conocemos muy bien todos los mecanismos con que nos manipulam algo queda en nuestro subconsciente, y todas las informaciones recibidas forman unas imágenes que no tienen nada que ver con la realidad.