Tag-Archivo para » disciplina positiva niños «

Niños obedientes

Y esto es lo que el niño precisamente no puede hacer, porque se encuentra extremadamente dependiente de los padres. Desde luego, es posible inducir a un niño pequeño a hacer lo que queramos que haga. Con un programa consecuente de premios para las «buenas» acciones y de castigos para las «malas», los padres pueden conseguir hasta que baile sobre una cuerda floja. Después de algún tiempo ni siquiera harán falta los premios y los castigos; bastará con anunciarlos. Si veinte veces ha recibido una bofetada por hablar con la boca llena y otras veinte veces un premio por comportarse bien en la mesa, sólo hará falta la promesa del premio o la amenaza del castigo para que el niño actúe de la forma deseada. Finalmente se le habrá creado el «reflejo condicionado» de «hay que comportarse bien en la mesa».
A pesar de que este adiestramiento efectivamente tiene buenos resultados —al menos en el caso de algunos comportamientos— no me parece el mejor camino de tratar a un niño.
Primero, porque significa un abuso de poder. Llevado al mundo de los adultos sería comparable a la esposa extremadamente dependiente de su marido, que ante la amenaza de abandonarla —o en espera de una palabra amable de la que está necesitada por carecer de otras compensaciones— se apresura a cumplir con todo lo que éste desee. También lo podríamos comparar con el comportamiento de un trabajador que accede a todas las exigencias de un patrón despótico porque necesita el sueldo para alimentar a su familia y vive en una situación en que no encontraría otro trabajo y en que no hubiera sindicatos para protegerle.

Disciplina en el hogar

En todos los parques infantiles del mundo los niños se quitan entre, sí los juguetes. Podemos explicarles que el otro niño se queda triste o proponerles que se dejen sus cosas mutuamente durante un rato, con lo que aprenderían también lo que significa «prestar». Pero es un aprendizaje muy lento y hay que tener mucha paciencia.
Dentro del marco familiar es difícil delimitar dónde termina el uso común de las cosas y dónde empieza el robo. Depende un poco de las costumbres de cada familia. Un niño puede pensar: «Lo que es de todos es también mío», como realmente ocurre con muchos objetos, como los muebles o la comida. Por eso, si queremos que nuestro hijo respete una cosa determinada, hay que decírselo expresamente: «Este collar es mío y no quiero que te lo pongas o lo lleves a tu habitación».
En algunas familias los niños tienen que pedir permiso para coger una fruta o una galleta; en otras no. A mí me parece completamente normal que un niño tome una manzana del frutero. Sin embargo, me fastidia si saquea la despensa para jugar a las tiendas sin avisarme antes, ya que a lo mejor, más tarde necesito algo para hacer la comida.
Por eso es importante hablar claramente para evitar malentendidos. A veces, los hermanos se roban cosas entre sí simplemente por fastidiar. No quieren el objeto en sí, sino vengarse por algo o hacer rabiar al otro. De forma esporádica se trata sólo de una manera de pelearse los hermanos, pero si ocurre a menudo, habrá que preguntarse si el «ladrón» no se siente inferior al hermano en cuestión y quiere compensarlo con los robos.
También cuando un niño roba en un ambiente ajeno al suyo, en una tienda o en casa de otra familia, hay que preguntarse cuáles podrían ser los motivos.