Disciplina en los bebe:
A veces, el niño ha sido atacado con tantas órdenes y prohibiciones que el no ha llegado a ser una costumbre demasiado arraigada como para poder cambiar tan rápidamente. En este caso es mejor evitar durante una temporada todas las órdenes directas. Tras cierto tiempo de recuperación, el niño, que afortunadamente olvida pronto, estará más dispuesto a hacer coincidir su voluntad con la de la madre. En todo lo que mandamos o prohibimos a nuestro hijo debemos preguntarnos primero si es absolutamente necesario. Se supone que no queremos que se convierta ni en un eterno rebelde ni en una marioneta sin voluntad propia. En ambos casos hay que dejarle un amplio margen a su voluntad e iniciativa, interviniendo sólo cuando exista un peligro grave u otra razón realmente importante. Cuántas veces hemos oído gritar a una madre: «¡No corras, que te vas a caer!». Sin embargo, el niño sigue corriendo, y si no se cae, la madre le mira complacida, pensando quizás en lo adelantado y fuerte que está su hijo. La prohibición parece olvidada por completo. Pero en algún momento, el niño se cae de verdad. Quizá se levantaría tan tranquilo, pero la madre le regaña: ¿No te he dicho que no corrieras? ¡Vaya chico…!. Ahora su hijo berrea a pleno pulmón, seguramente menos por el daño que se ha hecho que por la confusión que le produce la versatilidad de la madre. ¿Qué puede sacar un niño en limpio cuando su madre primero le prohibe que corra, luego contempla su hazaña sin intervención, y finalmente reniega de su permiso implícito para regañarle? Es imposible que un niño educado así se pare cuando la madre le grite: ¡No cruces la calle, que viene un coche!. Pero si no ha sido abrumado con prohibiciones y si le dejamos hacer su voluntad siempre que sea posible, podemos esperar de él que poco a poco aprenda a hacer caso en las cosas imprescindibles. Lo hará tanto antes cuanto más seguro esté de poder confiar en nosotros y nuestra palabra.
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Martes, julio 06th, 2010 | Author: admin
