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Ayudar a un niño

Tanto el niño inhibido como el introvertido necesitan ayuda especial, el primero para que sea más feliz y logre lo que en el fondo de su ser desea y el segundo, porque en este mundo se necesita un mínimo de sociabilidad. En primer lugar, ambos necesitan ingresar urgentemente en un jardín dé infancia. Como mínimo, a los tres años un niño necesita entrar en contacto con otros chicos. Pero con el pequeño tímido hay que tomar algunas precauciones. Si su timidez se debe a fracasos vividos anteriormente hay que prepararle, no vaya a ser que nuevos fracasos refuercen su timidez. Conviene que sepa comer solo, ponerse el abrigo, ir al servicio… depende un poco de la clase de centro al que asista. Si hay niños más pequeños, más torpes que él. no son tan necesarias estas cualidades. Cualquier cosa que sepa hacer tan bien o mejor que los demás reforzará su ego. Por otra parte, por supuesto no estaría bien adiestrarle a toda prisa en estas habilidades exteriores para que vaya pronto al jardín de infancia y se haga independiente. No, los padres deben observar a su hijo, reflexionar sobre él, ponerse en su pellejo. Un niño tiene que haber tenido ocasión de ponerse en contacto con otros chicos en presencia de su madre o de su padre para poder soltarse de ellos e integrarse en un grupo. Normalmente, esto ocurre de todas formas, pero si el niño es muy retraído conviene que sus padres fomenten alguna pequeña amistad. Para ello han de saber que un niño de tres años entra más fácilmente en contacto con otros fuera de casa, por ejemplo, en un parque infantil. Si la madre observa que su hijo juega más con determinado niño que con un grupo más grande, conviene volver en cada paseo al mismo lugar, para que los dos tengan ocasión de verse todos los días. Más tarde podría hablar con la madre para que los niños se viesen también en las respectivas casas. Si hubiera ocasión de enviarles al mismo jardín de infancia, aún mejor. A esta edad ya se observan auténticas amistades. Una madre me contó: «Siempre que llevaba a mi hijo Jorge al jardín de infancia hubo lágrimas al despedirme de él. Pero si ya había venido Sara, una niña de su misma edad, podía marcharme tranquilamente. Los dos empezaban a jugar juntos y se olvidaban de todo lo demás».