Adaptacion a la guarderia: Claudia descubrió que su hija Azul toleraba mejor la guardería si, al principio, la dejaba allí sólo por las mañanas: el simple hecho de volver a comer con su abuela hizo que desaparecieran sus caprichos con la comida y, además, permitió llevarla a jornada completa dos meses más tarde. Julia, en cambio, descubrió que su hijo se portaba de un modo más maduro (accedía de mejor gana a quedarse en la escuela) si era papá quien lo llevaba. Marta, en fin, se dio cuenta de que el simple hecho de invitar un día a merendar a la maestra de su hija hizo que ella dejase de rechazar la guardería, ya que así la nena pudo establecer con la educadora la familiaridad que necesitaba.
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Pensemos si nosotros mismos no estamos alimentando la regresión. Hay mamas que están a punto de llorar al dejar a su hijo en la guardería, con lo que le están dificultando la separación. Otros padres hablan a sus hijos en el mismo lenguaje inmaduro de éstos o incluso en un lenguaje que el propio chico ya ha dejado atrás (“¿Nene tere calle? ¡Nene apo!”) y después se extrañan de que el lenguaje del pequeño no progrese. Quizás nos resistimos a que nuestro hijo abandone una edad que nos parecía encantadora o quizás nos duele que crezca porque somos nosotros mismos los que tenemos problemas para “independizarnos” de él. En estos casos, no viene mal hacer examen de conciencia.
Cuando Rodrigo pretende tomar la mamadera de su hermanita, su mamá le dice risueñamente: “A mi niño le gustaría ser chiquitito otra vez”. Lo dice en un tono tierno y divertido, sin enojo ni burla. Establece así una complicidad con su hijo y le demuestra que lo entiende. Rodrigo se siente reconfortado y, a partir de ahí, simula de vez en cuando tomar el biberón para hacer reír a mamá.
Jardín de niños: precisamente ésta es la edad en que el mundo social del pequeño empieza a salir de los límites del hogar. La entrada en el jardín supone toda una revolución. Las normas que allí imperan son diferentes de las de casa. No sólo es un mundo nuevo y poblado de extraños, sino que debe acostumbrarse a compartir las atenciones de los mayores con otros chicos como él y, por si eso fuera poco, tiene que aprender a convivir y a controlarse. No es raro que a causa de toda esa presión, esté por un tiempo algo insoportable o que ocurra algún retroceso temporal en forma de caprichos con la comida, descontrol de necesidades fisiológicas o alteraciones del sueño.
Son muchas las circunstancias que pueden provocar una regresión: el nacimiento de un hermanito, el comienzo de la escuela (o cambiarse a otra), una maestra nueva, un cambio de domicilio, unas vacaciones, novedades o crisis en la vida familiar, una enfermedad o convalescencia… A veces nosotros mismos no somos conscientes de las situaciones que provocan las regresiones de nuestros hijos, o de la relación entre aquéllas y éstas. Podemos tener una temporada algo difícil en nuestra relación de pareja o estar estresados por un nuevo empleo… Aunque creamos que los chicos no captan estas circunstancias, pueden estar siendo afectados por ellas y volverse, por ejemplo, más llorones, más “pegotes” o más caprichosos, sin que alcancemos a explicarnos el motivo.
No es posible dar una edad exacta de cuándo un chico debe finalizar el gateo, ponerse de pie o comenzar a caminar. Cada uno es diferente y crece a su ritmo. Pero sí se establecen límites que pueden alertamos de que algo no anda bien.
Un chico que no se sienta a los 10 meses o que no camina entre los 15 y 17 meses, puede padecer algún tras-tomo; se debe acudir al especialista.
Los pequeños con bajo tono muscu-ar -hipotónicos- suelen ser excesivamente tranquilos y pasivos. Necesitan estimulación y ejercicio.
Si cuando comienza a caminar se observa una dificultad marcada, es prenso consultar con el pediatra. Una tocación de cadera puede ser la causa.
Muchos juegos son, además de divertidos, esenciales para su buen desarrollo. Los padres viven el acontecimiento de los primeros pasos casi con la misma emoción que el protagonista de la hazaña, que empieza a conocer el placer de la independencia. Caminan con él de la mano y lo estimulan con su cariño de una manera instintiva. Pero esta ayuda, si se dirige bien, puede ser todavía más eficaz. “Debemos tomar conciencia de la importancia del juego en esta etapa evolutiva. Ciertos ejercicios, que se practican jugando, son muy útiles para entrenar las áreas implicadas en su desarrollo”, aconseja Adriana Tribiño, psicóloga especializada en motricidad.
Regurgita: Cuando los bebés son pequeños, puede deberse al hecho de que el sistema digestivo aún no está funcionando bien. Por ejemplo, la boca del estómago, que hace de cierre entre el estómago y el esófago, todavía no cierra del todo. De tal forma, al no quedar bloqueado el paso hacia arriba, con los movimientos del estómago, una pequeña cantidad del alimento ingerido sube por el esófago y se mete en la boca. Por lo general, no tiene’importancia. La cantidad que vuelve a salir suele ser insignificante.
Qué hacer: Si lo que elimina huele ácido, hay que consultar al médico, ya que lo más probable es que se trate de una esofagitis. Debemos procurar que el bebé eructe varias veces mientras está tomando la mamadera o comiendo y que no realice juegos movidos después de comer.
Causas: Puede tratarse de un virus en el sistema digestivo-intestinal. La segunda causa más frecuente suele ser la bacteriana. En este último caso los bebés sufren también vómitos, tienen fiebre y a veces se observa sangre en las deposiciones. Las infecciones víricas son más leves que las bacterianas. En las víricas hay vómitos y cacas blandas. En las otras hay vómitos, fiebre, cacas líquidas, pujos y sangre.
Qué hacer: Un pequeño que tiene diarrea pierde mucho líquido. Por consiguiente, debe beber mucho. Si todavía le damos el pecho, no hay problema, normalmente, en que sigamos haciéndolo. Si no se lo amamanta, debemos diluir la leche del biberón con agua en proporciones uno y uno. Por otra parte, los pediatras suelen recomendar también papilla de arroz (se vende en farmacias y establecimientos del ramo). Alrededor de los seis meses, se les puede dar también papilla de banana y puré de zanahorias bastante líquido. Si las deposiciones fueran muy acuosas, es recomendable compensar la pérdida de sales de alguna forma; por ejemplo, dándoles suero oral que se adquiere en farmacias o preparando una limonada alcalina (1 litro de agua hervida, 2 pastillas de sacarina, 2 limones, una pizca de sal y bicarbonato). En todo caso se debería consultar al pediatra, por lo menos por teléfono, y mantenerlo informado sobre lo que se está haciendo y cómo va evolucionando el bebé.
El bebé suele tardar varios días en hacer de vientre y las deposiciones son duras, secas y quebradizas. Nunca hace mucha caca.
Causas: La falta de líquido y el exceso o la escasez de comida son las causas más frecuentes de este trastorno. Las deposiciones se endurecen y el bebé tiene que hacer mucha fuerza al defecar.
Qué hacen: Hay que eliminar el tapón del recto estimulándolo con un supositorio de gliceri-na o un enema si el estreñimiento es muy intenso. Al preparar la mamadera o la papilla, conviene echar entre un diez y un veinte por ciento más de agua de lo que se indica en el envase ya que las leches preparadas a veces resultan demasiado espesas. Un poco más de líquido no perjudica al pequeño, dado que el exceso de agua es eliminado con la orina. Si se trata de bebés algo más grandecitos, se les debe dar alimentos con fibra, especialmente frutas, verduras y pan integral para estimular el sistema intestinal. Los laxantes no deben usarse, salvo prescripción médica. A menudo, al hacer fuerza, pueden producirse lisuras en el músculo obturador del ano, con lo cual el bebé se encuen tra en un círculo vicioso. Como le duele al intentar defecar, deja de hacer fuerza. Se le puede poner una pomada (en farmacias) para aliviar el dolor hasta que la fisura se cure.









