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Juegos para niños espabilados

Juegos para niños espabilados

Juegos para niños espabilados.
Todos los niños son despabilados; todos también los que sufren algún retraso están ávidos de aprender, y de hecho aprenden todos los días.
Para poder hacerlo necesitan estímulos, algunos de los cuales simplemente están ahí, porque forman parte del mismo ambiente. Sin embargo, un entorno no es igual a otro. El psicólogo norteamericano Burton L. White quería saber cómo reaccionan los bebés ante un enriquecimiento óptico y acústico de su alrededor. Formó dos grupos de niños que observó durante ocho meses. Los bebés del primer grupo estaban en cunas abiertas, de manera que podían observar lo que pasaba en la habitación. El pie de la cuna estaba revestido con hojas de papel pintadas con flores y animales en vivos colores, y encima de ella se movían globos y otros juguetes móviles. Además, los niños oían todo el día las risas y las voces de las cuidadoras.

Consejos para niños

Consejos para niños

También para este caso es bueno que no sea una sola persona la que se ocupe del niño. Uno de los padres estará siempre de mejor humor que el otro y, con ello, en mejores condiciones de consolar al bebé. Y si acaban de tener una trifulca matrimonial, no deberían tener reparos en pedir a una amiga o a una de las abuelas que le lleve de paseo o se ocupe de otra forma de él. Ya sé que se trata de algo inusitado, además de que no todo el mundo tiene siempre una persona amiga a mano. Para decir a una suegra: Oye, tengo demasiado malhumor como para ocuparme del niño, ¿podrías echarme una mano?, hace falta vencer muchos obstáculos psíquicos. Quizá podría ser una sugerencia aprovechar un rato tranquilo para hablar con amigos y familiares sobre este tema, para encontrar una solución de ayudarse mutuamente.

Niño alegre

Niño alegre

En los mimos y atenciones que prestamos a nuestro hijo queda todavía un aspecto que puede echar por tierra nuestras buenas intenciones: el humor del niño y el humor de los padres. El bebé necesita que le acariciemos, que le hablemos y que juguemos con él. Es obvio que un niño alegre, que se deja consolar fácilmente y que siempre nos obsequia con una sonrisa cuando nos acercamos a él, incita más a este contacto que un niño llorón y serio. Pero es igualmente obvio que este niño problemático necesita aún mucho más de nuestros mimos. Dárselos siempre resulta tanto más difícil por cuanto los padres tampoco están siempre de buen humor. Aunque pongan toda su buena voluntad, el bebé notará la rutina con la que le acunan y el tono de voz irritado que contradice las palabras cariñosas.

Cuando llora el bebe

Cuando llora el bebe

Todavía siento casi físicamente la angustia que me entraba al tener que elegir entre mi impulso el de coger y consolar a mi hijo y lo que el libro me decía que era bueno. Afortunadamente, pocas madres son capaces de dejar llorar a su hijo todo el tiempo entre una comida y otra. También yo terminaba por obedecer a mis impulsos, pero durante mucho tiempo dudaba si obraba bien o no.

Confundiendo el mimar con el malcriar

el malcriar

No hace mucho, los médicos y libros de puericultura decían todo lo contrario y no es de extrañar que tanta gente siga confundiendo el mimar con el malcriar. Estos días estaba releyendo La madre y su primer hijo, un libro de hace más de veinte años del que aprendía mis primeras nociones de puericultura: «Naturalmente hay que procurar que al niño no le falte nada. Pero si después de haber comido y estar limpio aún sigue llorando, entonces, querida madre, ¡ármate de valor! No se te ocurra sacarle de la cuna, cogerle en brazos o acunarle. El niño comprenderá rápidamente que sólo tiene que llorar para que un alma caritativa acuda para consolarle. La medida educativa más acertada es cerrar la puerta y dejarle solo hasta la siguiente comida. Pronto aprenderá que el llanto no sirve de nada y que debe obedecer.

Niño malcriado

Niño malcriado

Naturalmente no significa malcriar a un niño el que no le dejemos llorar, que le cojamos en brazos, le acariciemos y le acunemos. Pero es muy posible que vuestra madre, suegra o alguna vecina os advierta que con estos mimos estáis criando un pequeño tirano. ¡Ya veréis cuando sea mayor!. Pero un bebé no es un rival con quien haya que medir nuestras fuerzas al estilo de a ver quién gana esta batalla de nervios. De todas formas el niño experimenta más frustraciones de lo que nosotros suponemos. No siempre comprendemos enseguida por qué llora. Aunque acudamos lo más rápido posible, podemos tardar un buen rato en comprender que no estaba sucio ni tenía frío, sino que necesitaba echar un aire. Tampoco podemos satisfacer su hambre siempre al minuto. A veces, el biberón no está a punto o nos encontramos con el niño de paseo y no podemos desabrocharnos en plena calle para darle de mamar enseguida. Todas estas pequeñas frustraciones son inevitables y, en cierto modo, necesarias. No existe crecimiento sin frustraciones. Pero no las vamos a aumentar a propósito, pensando que nuestro hijo se hará así más duro o para enseñarle quién manda en esta casa.

Primer bebé

Primer bebé

Cuanto más tranquilidad tenga ahora la madre y más tiempo pueda dedicarse sosegadamente al bebé, tanto antes todos se acostumbrarán a la nueva situación y se establecerá un mínimo de ritmo, que permitirá a la madre volver a pensar en otras tareas además del cuidado del bebé.

El primer hijo

El primer hijo

Por lo tanto, el padre puede y debería ser el elemento estabilizador de esa pequeña familia que acaba de formarse. Si es un poco machista y dice no entender nada de los trabajos de la casa… pues que lo olvide, al menos por una temporada. Si ama a su mujer y quiere ayudarla, seguro que aprenderá a manejar una escoba.

Tener un niño

Tener un niño

No todas las madres sienten desde el principio ese amor exuberante que se habían imaginado que sentirían por su hijo. Después del parto, su producción hormonal está aún trastornada, todo su organismo necesita un tiempo más o menos largo para volver a la normalidad. Esta famosa depresión post-parto puede prolongarse bastante tiempo si las circunstancias exteriores corroboran a ello: si no se tiene una ayuda en casa, si el niño llora más de lo normal, si no todo funciona según lo aprendido en el curso de puericultura. No son tanto los problemas grandes que deprimen a la mujer que acaba de ser madre sino, sobre todo, las pequeñas adversidades. En un momento puede sentirse llena de optimismo y en el siguiente, una cocina sin recoger o una cama deshecha le hacen derrumbarse.

Tener un bebe

Tener un bebe

Si este período de adaptación es difícil para los padres, lo es aún mucho más para el bebé. De un medio ambiente ideal ha sido lanzado a un mundo lleno de sensaciones extrañas, de luz y oscuridad, de calor y frío, de cercanía (cuando está en nuestros brazos) y abandono (cuando le dejamos solo en su cuna). Además tiene que respirar por sí mismo, comer por sí mismo, digerir por sí mismo.