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Como educar a un niño de 1 año

Hasta hace poco, los psicólogos sostenían la teoría de que un niño pequeño es totalmente egoísta. Según Jean Pia-get, el niño de menos de seis o siete años es demasiado egocéntrico como para comprender el punto de vista de otra persona e incapaz de preocuparse por los demás. También Sigmund Freud sitúa el despertar del super-yo, la conciencia moral, alrededor de los seis años. Y todo lo que hemos dicho sobre el niño testarudo, parece confirmar estas teorías.
Sin embargo, todas las madres saben que también un niño pequeño puede ser altruista y mostrar auténtica preocupación por sus semejantes. Maya Pines* escribe: Un chico de dos años tira su pelota y, sin querer, da a una niña en la cabeza. “He hecho daño a tu pelo”, dice y acaricia a la niña. Otro pequeño, una niña de sólo 18 meses, ve que su abuela se ha dormido en el sofá. Espontáneamente saca su propia manta de la cuna para tapar a la abuela.
Mi propio hijo, Gregor, tenía durante bastante tiempo la costumbre de consolar a cualquier afligido con un vaso de leche. Si veía llorar a uno de sus hermanos o si los padres nos mostrábamos abatidos o tristes, corría a la nevera, llenaba un vaso de leche (que a él le gustaba mucho) y lo ofrecía diciendo: Toma, bebe.

Consejos para educar a mi bebe

En todas las pequeñas necesidades diarias podemos ayudarle a desarrollar su voluntad y conseguir al mismo tiempo que no entorpezca demasiado la buena marcha de la convivencia ofreciéndole dos opciones distintas. No le diremos Ahora te voy a acostar, sino ¿Quieres dormir con la muñeca o prefieres llevarte el osito a la cama? No le mandamos Vete a jugar, sino le preguntamos ¿Vas a jugar primero con los taquitos o quieres que te saque los animales de la granja?. Tampoco le diremos: Venga, tenemos que ir a la compra, sino Ahora voy a la compra, ¿quieres venir conmigo? (En el caso de que el niño diga inesperadamente que quiere quedarse solo, siempre podremos recurrir a una vecina, dejándole las llaves y pidiéndole que esté al tanto. No suele ocurrir antes de los tres o cuatro años, pero es un paso hacia la independencia tan grande que vale la pena arriesgarse, aunque sólo bajemos a por el pan y volvamos enseguida).
En esta fase del despertar del yo, los padres pueden ayudar a su hijo a soltarse de la dependencia de la primera infancia y conseguir una paulatina colaboración si no pierden de vista algunos puntos esenciales:
— El niño tiene el derecho a desarrollar su personalidad propia.
— Algunas prohibiciones son inevitables.
— El secreto consiste en hacer coincidir la voluntad del niño con la de sus educadores.
— La mejor forma de lograrlo es poniéndose en su lugar y tratando de comprender sus sentimientos.

Disciplina en los bebe

Disciplina en los bebe:
A veces, el niño ha sido atacado con tantas órdenes y prohibiciones que el no ha llegado a ser una costumbre demasiado arraigada como para poder cambiar tan rápidamente. En este caso es mejor evitar durante una temporada todas las órdenes directas. Tras cierto tiempo de recuperación, el niño, que afortunadamente olvida pronto, estará más dispuesto a hacer coincidir su voluntad con la de la madre. En todo lo que mandamos o prohibimos a nuestro hijo debemos preguntarnos primero si es absolutamente necesario. Se supone que no queremos que se convierta ni en un eterno rebelde ni en una marioneta sin voluntad propia. En ambos casos hay que dejarle un amplio margen a su voluntad e iniciativa, interviniendo sólo cuando exista un peligro grave u otra razón realmente importante. Cuántas veces hemos oído gritar a una madre: «¡No corras, que te vas a caer!». Sin embargo, el niño sigue corriendo, y si no se cae, la madre le mira complacida, pensando quizás en lo adelantado y fuerte que está su hijo. La prohibición parece olvidada por completo. Pero en algún momento, el niño se cae de verdad. Quizá se levantaría tan tranquilo, pero la madre le regaña: ¿No te he dicho que no corrieras? ¡Vaya chico…!. Ahora su hijo berrea a pleno pulmón, seguramente menos por el daño que se ha hecho que por la confusión que le produce la versatilidad de la madre. ¿Qué puede sacar un niño en limpio cuando su madre primero le prohibe que corra, luego contempla su hazaña sin intervención, y finalmente reniega de su permiso implícito para regañarle? Es imposible que un niño educado así se pare cuando la madre le grite: ¡No cruces la calle, que viene un coche!. Pero si no ha sido abrumado con prohibiciones y si le dejamos hacer su voluntad siempre que sea posible, podemos esperar de él que poco a poco aprenda a hacer caso en las cosas imprescindibles. Lo hará tanto antes cuanto más seguro esté de poder confiar en nosotros y nuestra palabra.

Pedagogia del arte infantil

Había que pensar en algo que no hiriera sus sentimientos. Unos días más tarde, mi marido había olvidado ponerse el reloj. Sólo me di cuenta cuando vi que el niño lo tenía en la mano. En el primer momento me asusté ante la idea de lo que pasaría si se lo quitaba. Pero luego sentí crecer en mí una esperanza… Le dije: “Este reloj es de papá. Nosotros no podemos tenerlo. Lo vamos a poner encima del armario, para que lo encuentre cuando vuelva a casa. ¡Cómo se alegrará papá cuando vea lo bien que le has guardado su reloj!”. Le levanté para que pudiera alcanzar el aparador y le dije que dejara el reloj sobre la repisa. ¡Y el niño lo hizo radiante de alegría, como si hubiera hecho algo muy bueno! Este día esperaba con especial impaciencia la llegada de papá. Varias veces me pidió que le alzara para comprobar si el reloj todavía estaba en su sitio, y por la tarde, cuando mi marido volvió del trabajo, le tiró de la mano para llevarle enseguida al aparador. A partir de este día sabía que habíamos emprendido un nuevo camino.
Aunque no todas las situaciones son iguales, este ejemplo nos señala la dirección hacia donde debemos encaminar nuestros esfuerzos.