Pero si hemos puesto el despertador a esta misma hora porque hemos pensado que sería bonito escuchar el canto de los pájaros (siempre que no seamos ornitólogos aficionados), es casi seguro que ni lo oímos.
Cuando mi primer hijo era un bebé, efectivamente su llanto me despertaba cuando estaba sola con él. Pero cuando mi marido que por aquel entonces viajaba mucho dormía en casa, al oír llorar al niño, yo soñaba que me iba a la cocina y le preparaba un biberón… pero en realidad me quedaba tan tranquila en la cama.
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Si la madre quiere trabajar o dedicarse a alguna otra actividad fuera de la crianza de su hijo, existen cuatro o quizá cinco posibilidades de compartir su maternidad con otra persona. Para mí, la mejor sería que ambos padres trabajasen sólo media jornada y uno dedicara la mañana y el otro la tarde al cuidado del hijo.
La pareja tiene que buscar una solución conjuntamente. En esta decisión el entorno juega un gran papel. No es lo mismo vivir en una comunidad donde casi todos los niños pequeños van a una guardería y se desarrollan estupendamente, que en otra donde todas las madres se dedican exclusivamente al hogar y a la crianza de sus hijos.
Basta con que una madre que haya decidido volver a un trabajo extradoméstico oiga el comentario de una vecina. Yo prefiero ocuparme personalmente de mis hijos, para que se suma en un mar de dudas. ¿Es una mala madre? ¿No ama a su hijo lo suficiente? ¿0 acaso no funcionan sus glándulas y no se ha desarrollado su instinto maternal? Tan pronto como algo vaya mal con el niño y ninguno se desarrolla absolutamente sin ningún problema busca la culpa en sí misma y sus egocéntricos intereses personales.
La maternidad
Los primeros años de un niño son tan preciosos c irrepetibles que sería una lástima no disfrutar plenamente con ellos. Pero no son menos preciosos para el padre. Tan limitador es pasarse las 24 horas del día con un niño pequeño sin recibir otros estímulos, como no verlo casi nunca y participar apenas en su educación.
Trabajo y maternidad
Estamos ante uno de los problemas más difíciles para una madre y también para su compañero si lo es verdaderamente. El derecho de la mujer a un trabajo remunerado es tan inalienable como el del niño a recibir amor, protección, educación y un hogar. El dilema es doble, porque la madre no sólo siente el deber de proporcionarle todo ello, sino que también le hace feliz estar con él y guiar sus primeros pasos.
Lo que sí me parece peligroso es querer afinar demasiado. Una pareja conocida, ambos profesores de enseñanza media, pensaba que el momento ideal de tener un hijo era en primavera. Después del plazo de las catorce semanas de protección legal a la madre, ya comenzarían las vacaciones y así tendrían varios meses para dedicarse ambos exclusivamente al niño. E l primer año, la cosa no funcionó, de manera que ella volvió a tomar la pildora para suspenderla otra vez en junio y quedarse embarazada en el justo momento para dar a luz en marzo. Vivieron un nuevo fracaso, a partir del cual dejaron toda planificación a un lado, confiando en la Naturaleza. Tuvieron su hijo en pleno curso escolar, lo que al principio les pareció una catástrofe. Pero después encontraron una joven puericul-tora, cariñosa y eficiente, que se quedó con ellos durante tres años. Lo consideraron una solución mucho mejor que la inicialmente pensada, esto es, llevar al niño después de los primeros cuatro meses a una guardería.
Llevan a cabo una labor extraordinaria y cada pareja debería aprovechar los conocimientos de sus médicos y demás personal para dejarse aconsejar tanto sobre los mejores métodos anticonceptivos como sobre el momento óptimo para tener un hijo. A menudo se entiende por planificación familiar anticoncepción, pero naturalmente no es así. Si en este momento os estáis preguntando cuántos hijos queréis tener y en qué época de vuestra vida, ya estáis haciendo planificación familiar, que por otra parte, debería ser siempre algo exclusivamente personal de cada pareja.









