Los navegantes saben que ante la tormenta lo único que no se puede y no se debe hacer es desesperarse. Si uno pierde la calma, seguramente cometerá errores, muchas veces por tomar decisiones apresuradas. Y los errores en el mar a veces cuestan la vida de los tripulantes. Sabes una cosa: las tormentas siempre se acaban y luego vuelve la calma y el buen tiempo. El esfuerzo a que se someten las parejas que no embarazan es muy grande. Por eso los profesionales que trabajamos en esta especialidad le dedicamos a este tipo de consultas mucho tiempo, pese a las quejas de los pacientes que esperan turno. Ustedes necesitan -quizás más que nadie- mucha contención.
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Estudios de laboratorio demuestran que es posible que algunos antiácidos y antiflatulentos, como el carbón activado, interfieran en la absorción de los anticonceptivos y disminuyan su eficacia. Es una interacción moderada que. sin embargo, influye para que la pildora no actúe plenamente. En la práctica, basta con alejar la toma de estos medicamentos de la hora en que se toma la pastilla anticonceptiva.
Aproximadamente el 80 por ciento de los matrimonios que no presentan trastornos de la fertilidad logran el embarazo dentro del primer año de búsqueda (la mitad lo hace dentro de los primeros seis meses). El 20 por ciento restante embaraza en los segundos doce meses. No obstante se acepta como éticamente correcto iniciar estudios si, transcurridos seis meses, el embarazo no llega. Ambos son muy jóvenes y eso es bueno. Los profesionales tienen tiempo de “trabajar” tranquilos sobre el problema. Mientras tanto, dejen que la vida continúe con sus ocupaciones laborales, sociales y deportivas habituales. Depositen en el equipo tratante todo el ritmo de estudios y tratamientos.
El uso de pastillas anticonceptivas no guarda ninguna relación con los trastornos de la fertilidad. Por lo general, tampoco inciden los antecedentes familiares: no hay “familias” de infértiles. La problemática es de cada matrimonio en particular y -salvo raras excepciones, como algunos trastornos genéticos- poco importan los antecedentes de fertilidad o infertilidad familiar.
En cuanto al tema de los pezones umbilicados, te aconsejamos leer la nota “Problemas a la hora de mamar”, publicada en esta misma edición.
Hace diez meses que hemos decidido buscar a nuestro primer hijo y todavía no he quedado embarazada. No hace mucho consulté sobre el tema a mi ginecóloga, quien le restó importancia al tiempo transcurrido y nos manifestó que aún no había motivo para alarmarse. Mi pregunta es encinto tiempo debe pasar para comenzar a preocuparse y buscar ayuda. Si bien nunca nos hemos obsesionado por el tema, ya nos estamos impacientando y eso no es positivo.
Tal vez los siguientes datos le sirvan de ayuda para aconsejarnos:
• Mi marido y yo tenemos 23 años.
• El promedio de nuestras relaciones sexuales es de 3 veces por semana aproximadamente.
• Tomé pastillas anticonceptivas durante 3 años. Dos meses después comenzamos a buscar un bebé.
• No tenemos antecedentes de esterilidad en nuestras familias.
• Mi último examen ginecológico fue hace tres meses. Todo salió correcto.
Otro tema que deseo consultar es el de los pezones invertidos o umbilicados. Los míos tienen esa particularidad y sé que en el futuro me será muy difícil dar de mamar a mis hijos. Quiero saber si hay alguna solución.
La llegada del bebé supone un enorme cambio en la relación de pareja. El niño se ha convertido en el centro de atención. Faltan horas para alimentarlo, bañarlo y cambiarlo de pañales y ya no queda tiempo ni siquiera para sentarse y mantener una conversación relajada. Cuando los jóvenes padres llegan a la cama, caen muertos de sueño y se duermen de inmediato porque saben que su hijo pronto los despertará… En estas condiciones resulta difícil reiniciar las relaciones sexuales. Pero una vez que se han curado las heridas que dejó el parto y los padres se acostumbran al nuevo ritmo de vida, la madre vuelve a sentir deseo y atracción sexual. Y con el inicio del juego amoroso se da un paso de gigante hacia la vuelta a la normalidad.
Durante el embarazo normal no existe ningún motivo para no tener restringir las relaciones sexuales, orgasmo incluido. Esto significa lisa y llanamente que la futura mamá puede seguir haciendo el amor como lo hace habitualmente, sin más limitación que la que surja del progresivo aumento del tamaño del vientre. Otra cuestión es el embarazo patológico. Si tienes “hipertonía uterina” o “hipersensibilidad”, esto es, facilidad para que la matriz se ponga dura o se presenten contracciones, deberás valorar con tu obstetra la conducta a seguir. En muchos casos, estos aumentos de tono transitorios o la aparición de contracciones aisladas durante el coito o luego del orgasmo, no tienen importancia alguna. Pero insisto, es necesario determinar previamente las condiciones en las que se encuentra, por ejemplo, el cuello uterino.
El flujo amarillo que causa picazón debe ser posiblemente provocado por una micosis vaginal y vulvar que debe ser tratada. En la embarazada no deben administrarse antimicó-ticos por vía oral pero sí por vía vaginal.
Los viajes en micro, en tren o en avión son preferibles a los que se realizan en automóvil. Una distancia de 700 kilómetros no parece exagerada, siempre y cuando el embarazo sea normal. Una vez más, consulta a tu médico antes de viajar para que establezca cuáles pueden ser las limitaciones.
La estimulación anal puede ser una de las principales formas de actividad sexual o el acompañamiento de otros tipos de estimulación. Muchas parejas la incluyen porque un número importante de ellas goza considerablemente (entre el 20 al 43 por ciento de las mujeres casadas ha practicado sexo anal. El 40 por ciento de las mismas mujeres lo encuentra placentero, al 49 por ciento no le gusta y el 10 por ciento se muestra indiferente). Por otra parte, el 20 por ciento lo realizó una vez, el 19 por ciento lo practica ocasionalmente y el 2 por ciento a menudo.
El sexo anal puede ser placentero o causar molestias tanto físicas como morales. Para algunas personas, se trata de un comportamiento inaceptable.
Por lo común, al excitar el esfínter anal, éste se cierra apretadamente y la tentativa de introducir el pene -aunque se tenga cuidado y no se haga con gestos bruscos- puede ser igualmente dolorosa.
A diferencia de la vagina, el recto no produce lubricación natural. De ahí que la inserción del miembro en el ano puede provocar desgarros o lesiones. Para reducir el riesgo, lo más prudente es utilizar abundante lubricante artificial (que debe ser de base acuosa, sin ningún derivado del petróleo).
Después de introducir el pene en el ano, debe tenerse extremo cuidado de no introducirlo directamente en la vagina sin un prolijo lavado previo. En el ano existen bacterias que tienen allí su medio natural y que podrían originar infecciones en la vagina, por lo que no se recomienda en absoluto pasar del coito anal o inserción digital al coito vaginal o inserción digital sin solución de continuidad.
La mujer suele ubicarse de espaldas al varón para evitar maniobras demasiado bruscas en el acople y relajar mejor su musculatura (a veces, con las rodillas atraídas hacia el pecho o apoyada sobre sus rodillas y manos).
En los primeros doce meses de vida y entre los tres y los cinco años, los niños son más propensos a las infecciones del oído medio. Las causas pueden ser varias: la inmadurez del sistema inmunológico, el que las vegetaciones son más grandes en los primeros años (y dificultan la ventilación del oído) y las trompas de Eustaquio (que comunican la nariz y el oído) son demasiado cortas… Además, algunos chicos son especialmente propensos por una cuestión congénita. Los médicos consideran normal que el niño sufra varias otitis en una temporada, siempre que sean menos de una cada seis meses.
Muchos padres lo hacen, pero está contraindicado cuando hay secreciones. “La supuración tiene que salir”, explica la especialista Bola-ños. “Si hay viento y el niño tiene dolor, se le pueden proteger las orejas con un gorrito, nunca con tapones.” ¿Es contagiosa?
La otitis media se genera en el propio oído medio, cuando el chico tiene resfrío y se acumulan allí secreciones nasales, que son un caldo de cultivo para los gérmenes patógenos. Las otitis externas sí son contagiosas. Se adquieren al bañarse en piletas con aguas contaminadas. ¿Ysi no se cura a pesar de hacer bien el tratamiento?
Los medicamentos no son siempre eficaces de inmediato. A veces, a pesar del antibió-v tico, el chico sigue con fiebre y malestar o tiene una perforación de tímpano y secreciones. ¿Qué se hace en esos casos? “Lo indicado es practicar un cultivo para averiguar qué bacteria está causando esa otitis”, explica el doctor Miguel Ángel Villafruela. “Pero, como los resultados tardan 72 horas, los médicos debemos prescribir otro antibiótico, mientras tanto. Elegiremos uno diferente del anterior y, una vez que tenemos el cultivo, ya podemos recetar el más específico o bien seguir con el mismo si vemos que es adecuado.”
El pediatra suele comenzar la exploración de los chicos mirando los oídos con un otoscopio. Este aparato permite averiguar si el tímpano está rojo o presenta un aspecto anormal, síntomas inequívocos de la otitis que no se pueden observar a simple vista. ¿Debe tomar un antibiótico?
Algunos facultativos recetan antibióticos para la otitis desde el primer momento. Otros, en cambio, son partidarios de esperar dos o tres días y ver al niño otra vez al cabo de este tiempo. Ambas posturas son correctas. Un 20 por ciento de las otitis están producidas por virus y se curan solas en menos de 72 horas. En cambio, las de origen bacteriano no remiten sin tratamiento. Por eso, si el pequeño no mejora en ese plazo, el médico sabrá con seguridad que debe prescribir un antibiótico. Eso sí, con antibiótico o sin él, si el chico tiene dolor o fiebre, debemos darle un analgésico que sea también antipirético.
Los neumococos y la haemophilus influenzae b (también puede causar otras enfermedades como meningitis o neumonías) son las bacterias que provocan más otitis. ¿Cuál es el mejor?
Hay varios tipos: unos se administran cada ocho horas; otros, cada doce; y los más modernos, uno diario durante cinco días. Estos antibióticos son muy cómodos, pero presentan grandes inconvenientes: tardan más en hacer efecto, son más caros y pueden provocar más resistencia (en nuestro país, bacterias como los neumococos se han hecho fuertes frente a los fármacos). Por esta razón, los médicos procuran recomendarlos sólo cuando sospechan que los padres van a abandonar un tratamiento largo. Este último dura diez días y debe completarse aunque parezca que el pequeño se ha curado antes.








