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La visión en el recién nacido

Cuando el recién nacido abre los ojos, la vista le transmite el 75 por ciento de la información que recibe. Hacia las tres semanas, el bebé ya es capaz de seguir con los ojos el movimiento de una luz; antes de los tres meses, reconoce el rostro de su mamá; y alrededor de los seis, ya tiene la capacidad de visión de un adulto.

El lenguaje del amor con tu bebé

En momentos así sólo cabe responder a su mirada con miradas, los ojos en los ojos, como hacen los enamorados, que saben que ése es el lenguaje del amor. Y cuando ya no podamos más de tanto romanticismo, cuando nos sintamos derretidos por el hechizo de sus ojos, habrá que pasar a la acción… ¿Qué hacer con un niño que nos mira como los bebés de estas fotos? ¡Comérselo a besos!

Las miradas del bebé

Hay cosas que no se pueden expresar con palabras…, ni falta que hace. El bebé todavía no sabe decirnos cuánto se alegra de vernos, ni lo mucho que le interesa nuestra conversación, ni que le gustaría una barbaridad jugar con nosotros ahora… Pero los papis no tenemos más que mirarlo a los ojos para entender todo lo que quiere contarnos: si está triste, feliz, cansado…

Podemos responderle siempre con palabras. Pero, a veces, cuando las miradas de nuestro hijo nos hacen cosquillitas en el corazón, no basta con decirle cuánto lo queremos. El cariño de una mamá o de un papá no cabe en el idioma. Ni la más bella poesía del mundo serviría para plasmar lo que sentimos por él.

Estimulación bebes

Estimulación bebes

La falta de estímulos dificulta tanto el aprendizaje del habla que incluso se puede llegar a sospechar que el niño está retrasado mentalmente. En una familia amiga existe un caso que puede servir como ejemplo: a los tres años, la pequeña María todavía no decía ni una sola palabra, aunque parecía comprender todo lo que le decían. Su madre había padecido un problema de hipofunción de tiroides lo que, aunque la enfermedad estaba controlada en parte, le había convertido en una mujer muy calmada, parca en palabras y, a primera vista, casi indolente.

Gestos lenguaje corporal

Gestos lenguaje corporal

Gestos lenguaje corporal.
Mi segundo hijo, para poderse dormir, no sólo necesitaba chuparse el pulgar, sino que además tenía la curiosa costumbre, de meter el dedo en un ojal o cualquier otro agujero y ponérselo después en la boca. Cuando ya tenía dos años y andaba solo por la calle, solía acercarse entusiamado a las rejillas que cubren los sumideros, gritante: Mamá, mamá, gujerito. Lo que quería era meter el pulgar por las rendijas para chupárselo después, cosas que, aunque no lo conseguía, no le quitaban la ilusión por los gujeritos. ¿Quién si no los padres u otra persona plenamente consagrada al pequeño sería capaz de entender este lenguaje semi-mudo e individualísimo?

El lenguaje gestual de los bebés

El lenguaje gestual de los bebés

Naturalmente, el lenguaje gestual de los bebés que se capta más con los ojos que con los oídos, no quita que paralelamente vayan desarrollando el lenguaje de las palabras. El llanto del bebé pequeño se transforma paulatinamente en sonidos que cada vez adquieren más sentido. A los seis meses ya parlotea formando cadenas de consonantes como rrrrr o bllll o de sílabas como dadada. A los doce meses aparecen las primeras palabras con sentido, como mamá y papá, aunque a veces el niño todavía confunda las personas asociadas con ellas. En el álbum de fotos de mi hijo mayor apunté que a los trece meses decía papá, «mamá», «agua», «pan», «guau-guau» (el ladrido de un perro) y taita (que significaba salir de paseo). Se trata de un desarrollo más o menos común en todos los niños. En general, se puede decir que cuanto más se hable con el pequeño, más rápidamente aprenderá a hablar. Casi todos los padres confirman que su primer hijo empezó a hablar más tarde que los siguientes, cosa que sencillamente se debe a los estímulos ofrecidos por los hermanos mayores que parlotean en torno al bebé.

Lenguaje corporal gestual

Lenguaje corporal gestual

Lenguaje corporal gestual.
Incluso los padres sin ninguna preparación psicológica saben mucho más acerca de su hijo y le comprenden mejor que las personas ajenas. Cuántas veces nos han preguntado cosas como: Oye, el niño se restrega contra los barrotes, ¿qué querrá?. O bien: Siempre mira la pared, ¿significa esto algo?. Nosotros los padres sabemos por experiencia es decir, por largas y pacientes observaciones que el restregarse contra los barrotes de la cuna significa que quiere salir o el mirar la pared quiere decir que pongamos en marcha la caja de música que cuelga en ella.

El lenguaje de los gestos de los bebés

El lenguaje de los gestos de los bebés

Este comentario no sólo era injusto para con el niño, sino que además demostraba claramente que la mujer había interpretado mal el intercambio de señales corporales. Anthony no se había inmiscuido en el juego por la fuerza, como un matón; había conseguido los ladrillos a través de la persuasión y el consentimiento. En el lenguaje del cuerpo, había dicho a Nicky y Jemie algo así: Si me dejáis jugar, os divertiréis mucho más. Yo sé construir cosas maravillosas con ladrillos, y vosotros dos me podéis ayudar. Pero naturalmente, si no queréis que juegue, me voy.
El lenguaje de los gestos de los bebés es aún más complicado, demasiado sutil como para fiarnos simplemente de nuestro sentido común. Su interpretación se aprende sólo mediante la observación.

El lenguaje gestual

El lenguaje gestual

El lenguaje gestual.
De vez en cuando, uno de éstos le alargaba un ladrillo. A veces imitaban sus gestos cuando Anthony colocaba cuidadosamente los bloques unos encima de otros. La madre de Nicky, que había observado cómo Anthony se adueñaba de la situación, comentó en tono de desaprobación: Ese niño es realmente un matón en pequeño. Manda a todos los demás niños y les coge siempre sus juguetes.

Lenguaje gestual

Lenguaje gestual

Puesto que hace mucho tiempo que hemos dejado de ser niños, el lenguaje gestual de ellos nos resulta mucho más difícil de comprender. David Lewis describe un ejemplo muy elocuente: «Nicky, de dos años, y Jamie, de tres, estaban jugando con unos ladrillos de colores en el jardín de infancia, cuando apareció en escena Anthony, de cuatro años. Cinco minutos más tarde. Anthony se había apoderado del juego. Con todos los ladrillos amontonados en torno a él, estaba construyendo ahora un garaje para sus coches de juguete, mientras los otros niños miraban.