A Alicia le pareció una eternidad el tiempo que tardó su médico en estudiar el informe ecográfico. Intentaba por todos los medios descifrar su rostro serio.
-Y, doctor… ¿algún cambio?
-Por suerte sí. Ya el informe es más claro y muestra que la placenta está ubicada cerca del cuello uterino, pero que no lo obstruye. Seguramente todo irá bien.
Mientras resonaban en los oídos las últimas palabras de su médico, una mezcla de alivio y alegría la invadió de repente. Parecía tan lejana aquella tarde de marzo, cuando estaba en el segundo mes de embarazo y se había sentido “mojada” por un líquido caliente que se escurría por sus genitales. No había querido mirar pero intuía que no se había hecho pis. Una mancha roja en su ropa constituía una amenaza para su embarazo.
-¿Me escuchas?
-Sí. Perdón, doctor, estaba pensando.
-No te preocupes, todo está bien. Más aún, ya podes dejar de hacer reposo. De aquí en más tu control será de rutina.
¿Alicia se había preocupado en vano? Realmente no. La pérdida de sangre a ffavés de los genitales matemos siempre es signo de alarma. Lo que varía es la importancia de cada una de ellas. En principio, toda pérdida de sangre implica la ruptura de algún vaso sanguíneo. Nadie espera ver sangre a través de la vagina una vez hecho el diagnóstico del embarazo, por eso estas pérdidas siempre asustan. Las menstruaciones también son hemorragias genitales pero esperadas y previsibles; no generan temor alguno.









