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Juegos de agua para niños

No todos los padres tienen un jardín o un patio, pero muchos disponen de una terraza donde también se puede instalar una caja de arena. Si logran liberarse de su afán de limpieza (porque los granitos se meten en la ropa y los zapatos y aparecen luego en los lugares más inesperados), proporcionarán a sus hijos una fuente inagotable de entretenimiento creativo.
Algo parecido ocurre con el agua (y ésta sí está instalada en todas las casas). ¡Qué importa emplear cinco minutos en recoger las salpicaduras si los chicos se lo pasan tan bien haciendo nadar barquitos en el lavabo o vertiendo agua de un recipiente a otro en una bañera a medio llenar! La psicoanalista Frangoise Dolto recomienda los juegos de agua especialmente para los niños nerviosos o en plena fase de testarudez. ¡Dale a un niño que tiene una rabieta agua para jugar, y se tranquilizará inmediatamente!.

Juguetes para niños y niñas

Los mejores juguetes, sin embargo, son el agua y la arena. Como no tienen una forma determinada, se puede hacer cualquier cosa con ellos, crear prácticamente algo de la nada.
No comprendo por qué las zonas de juego en España no tienen todas sus cajas de arena, como ocurre en otros países de Europa. Quizá porque íi los ayuntamientos les resulte más fácil y barato plantar algún tobogán (que tarda verios años en estropearse) que renovar periódicamente una caja llena de arena.
Si observamos a los niños en la playa, nos daremos cuenta cuánta creatividad despierta este simple elemento. El de dos años cava un agujero y lo vuelve a cerrar; el de tres fabrica tartas y bizcochos: el de cinco construye puentes y caminos; y el de diez edifica complicados castillos. Todos experimentan la alegría de crear, de hacer crecer algo por sus propias manos.

Mejores juguetes para niños


Para jugar, los niños no necesitan muchos juguetes. Es más, demasiada profusión sólo sirve para matar su fantasía e inventiva. Con diez juguetes comerciales sólo pueden jugar a diez cosas, pero un taco de madera y una caja de cartón pueden serlo todo, desde un coche y un garaje hasta un elefante y un circo. Claro que no vamos a privar a nuestros hijos totalmente de juguetes comprados. Además de existir algunos muy buenos, les haríamos sentirse demasiado diferentes a los demás chicos. Todos los niños necesitan muñecos y animales de peluche, pelotas, construcciones, libros de láminas, puzzles, plastilina y pinturas. Una buena medida a la hora de comprar un juguete es hacerse la pregunta: ¿A cuántas cosas se puede jugar con él? Cuanto más polifacético, mejor para el niño. Los juguetes mecánicos son a menudo graciosos y en un primer momento llaman la atención de los chicos. Pero después sirven sobre todo para una cosa: para desmontarlos. Es la mejor función que cumplen, y nunca hay que frenar el espíritu de investigación del niño en bien de la integridad del juguete. (Por eso, los padres avispados, si quieren comprar un juguete mecánico a su hijo, al menos tratarán de que sea barato).
Tambien si tu hijo es mas grande te recomendamos los sitios de juegos de ben 10.

Juegos para niños educativos

Para los niños, el juego significa algo totalmente distinto que para los adultos. Mientras que nosotros buscamos entretenimiento, relajo o diversión después del trabajo, para el niño el juego es trabajo. Todo lo nuevo lo aprende a través del juego, y se dedica a él con la misma seriedad que un científico a sus investigaciones. (Y a menudo se comporta igual que éste, olvidándose tanto de sí mismo y perdiéndose tanto en su labor que cosas como comer o acostarse le parecen absolutamente triviales, para la desesperación de sus padres).
A través del juego, los niños también elaboran sus conflictos interiores. ¿Quién no ha visto una niña pegar a su muñeca porque la madre le había dado un cachete a ella? Una situación difícil, repetida una y otra vez en el juego, acaba por ser asimilada, «digerida». Conozco a dos niñas que cuando murió su abuela tenían tres y medio y cinco años, respectivamente. Aunque no habían visto el cadáver, vivieron gran parte del entierro, es decir, las visitas, la salida del féretro, los rosarios y también el llanto de algunos familiares. La madre les había explicado que la abuela ya no quería vivir en la tierra, porque estaba muy enferma; por eso se había ido al cielo, para vivir como los ángeles.
Las semanas siguientes, las niñas se dedicaron a jugar con sus muñecas «al entierro», juego que a los padres les pareció un tanto macabro y hasta poco piadoso. Pero como no sabían cómo reaccionar, les dejaron hacer. Las hermanas ponían una muñeca en una caja de zapatos, se sentaban a su lado y rezaban a modo de letanía muchos «Jesucristo de mi vida». Luego pegaban unas alas de papel a la espalda de la muñeca y la hacían volar encima del armario —el cielo— que iban adornando con estrellitas de papel de plata.
Después de varias semanas el juego perdió interés para ellas: habían asimilado el shock que les había causado la muerte de la abuela.