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Un mundo por descubrir

Sobre el rico universo de los bebés, la licenciada Saal subraya: “Los conocimientos que se tienen respecto del contacto del bebé con el ambiente exterior son, hoy en día, muchísimos. En los últimos años se ha demostrado qué rico es su mundo. El tipo de vida que llevan les permite recibir estímulos que los chicos que hoy tienen 15 años no recibieron en su momento.

En otras épocas, los maestros estaban por delante de la educación de los pequeños. Hoy estamos corriendo detrás de ellos. El mundo de la educación temprana está todavía por descubrirse. Tratamos de acercamos verdaderamente a todo lo que rodea al bebé y queremos transmitirles a los padres ese universo de posibilidades. No se trata de sobreestimularlos sino de responder a sus necesidades”.

Objetivos claros

Las actividades que se realizan en Planeta Juego brindan a los adultos las herramientas para conectar a su bebé con su familia y con el mundo, de la mejor manera. Para eso, una vez por mes, se incorporan al grupo docentes especializados en música, plástica y literatura. Señala Saal: “Estos profesores les explican a las mamas qué se hace con la música y el bebé, cómo experimentar diferentes sonidos, cómo hacer instrumentos musicales. Nuestro objetivo no es que aprendan más técnicas en pintura o mejores canciones, las canciones y las técnicas en pintura son excusas para crear un clima de trabajo en el grupo y poder descubrir también otras cosas. Los papas van observando, dentro de ese gran espectro de alternativas, cuáles son los gustos de su bebé, su singularidad y sus habilidades personales”.

Un lugar adecuado para jugar

Los salones tienen pisos de goma para que no se lastimen, así como juegos especialmente traídos del exterior, loterías sonoras y otros juegos didácticos poco conocidos, destinados a profundizar en las inquietudes del pequeño en relación a lo lúdico. “Todo está diagramado de acuerdo con la edad de los chicos: poca circulación de gente, juguetes adecuados, no más de 10 niños por grupo y una maestra cada 5 chicos”, afirma la licenciada Saal.

Para ella, “este pre-jardín, en realidad, prepara a los chicos en sus hábitos de autonomía, de independencia, en sus vinculaciones, para poder entrar después en un jardín de infantes donde haya más niños, menos maestras por grupo, más cantidad de salones, en fin, instituciones con otras dimensiones. Trabajamos, para que los chicos se vayan acostumbrando a sentarse, a escuchar una consigna, a reflexionar, a tener una respuesta propia, todos los elementos que luego van a necesitar para ingresar en la escolaridad. Al pre-jardín vienen tres veces por semana. A partir de los dos años, pueden venir todos los días”.

Juegos para el buen desarrollo

Muchos juegos son, además de divertidos, esenciales para su buen desarrollo. Los padres viven el acontecimiento de los primeros pasos casi con la misma emoción que el protagonista de la hazaña, que empieza a conocer el placer de la independencia. Caminan con él de la mano y lo estimulan con su cariño de una manera instintiva. Pero esta ayuda, si se dirige bien, puede ser todavía más eficaz. “Debemos tomar conciencia de la importancia del juego en esta etapa evolutiva. Ciertos ejercicios, que se practican jugando, son muy útiles para entrenar las áreas implicadas en su desarrollo”, aconseja Adriana Tribiño, psicóloga especializada en motricidad.

Pizarras para niños

PIZARRAS PARA EXPRESARSE.
Sobre los dos años, un niño comienza a hacer maravillas con un lápiz y un papel. “¡Esto es una casa!”, afirmará ante un amasijo de circunferencias y palitos. Pues sí, ¡y es preciosa! Es el momento para comprarle una pizarra grande donde pueda salir a flote su vena artística. Cuando empiece a aprender las letras, o los nombres, o los números, será un lugar donde pasaréis horas. Puedes utilizar un arrimadero como pizarra y tendrás un fantástico “dos en uno”. Por último, no te olvides del techo. Es un lugar hacia el que siempre miramos cuando somos pequeños, quizás porque soñamos que, algún día, lo tocaremos con las manos. Puedes confeccionar móviles con vivos colores, ayudada con sus manitas, y se extasiará en sus ratos de descanso. Invierte también en una lámpara que les alegre la vista cuando la dirijan hacia arriba. Les acompañará durante años. Será lo último que verán por la noche y una de las primeras cosas que les dará los buenos días.

Juegos didacticos para bebes

ESPACIOS QUE ESTIMULAN.
Si un niño es capaz de decir “¡¡soy un bombero!!” blandiendo el cargador de tu teléfono móvil y moviendo el cable como si fuera una manguera, hazte una idea de todo lo que su habitación puede dar de sí para estimularlo en un proceso maravilloso: crecer. Cada color, cada cajón, cada estrella, cada muñeco, cada animali-to de los que se han subido al arca de Noé de este cuarto que ahora es su mundo, tienen una misión: ayudarle a descubrir.
SUELO: EL CAMPO BASE.
El suelo es el mejor “juguete” de un niño. Fíjate en sus posibilidades. Cuando es bebé, reptará y volteará sobre las alfombras multiactivida-des para, sencillamente, probar el tacto del terciopelo o arrugar esa pie-cecita que suena igual que un papel o que a un pellizco responde con un “tilín”. Pero también una bonita alfombra es una genial inversión a largo plazo, porque no sólo será un buen “campo base” en esta primera infancia, sino que después seguirá siendo un buen lugar para jugar o para tumbarse cuando el cuerpo se lo pida y sea más mayor. Otra gran superficie plana a tener en cuenta es la misma cama. Aunque los padres muchas veces les negamos este placer, a los niños les encanta y les encantará siempre saltar sobre ella y ¿sabes que es un ejercicio que recomienda cualquier especialista en motricidad? Pero, como siempre, tú marcas los límites. Si la idea de tener que cambiar el colchón antes de lo que esperabas no te seduce en absoluto, siempre puedes tener cerca de la cama un pequeño ruedo elástico que utilizará para este beneficioso y divertido ejercicio.

Los niños y los juegos

Los niños que no están sobrecargados de juguetes y a los que se les ha dejado en paz para desarrollar su fantasía, son capaces de jugar horas enteras (más o menos a partir de los tres años). El juego es algo tan necesario para ellos que siempre encuentran un rato y un lugar para dedicarse a él, incluso si los padres como antes ocurría a veces no son partidarios de que jueguen demasiado y prefieren que se dediquen a algo más provechoso. Debe ser un mecanismo de protección contra una vida prematuramente adulta, que se impone contra viento y marea.
Para los niños que saben jugar solos (porque una educación equivocada no les ha forzado al hastío y aburrimiento), los ratos en que los padres jueguen con ellos se convierten en horas inolvidables. Siempre recordaré las tardes de invierno en que mi madre jugaba con nosotros al parchís y a un juego inventado por ella que se llamaba «snip-snap», igual que los cumpleaños infantiles en que mi padre y mi tío jugaban con toda la chiquillería a las «tinieblas», una especie de escondite a oscuras en que ocurrían las sorpresas más inesperadas. Los padres que tienen recuerdos parecidos sabrán transmitir a sus hijos la alegría y familiaridad que sintieron entonces. A los que no tuvieron la suerte de vivir una infancia tan feliz les costará un poco más de trabajo, pero si lo prueban, verán que disfrutarán tanto como los pequeños.

Juegos de exterior para niños

Con respecto a los juegos de los niños son las intromisiones de los adultos. En muchos casos sólo depende de un pequeño matiz si los niños se sienten estorbados o, por el contrario, dejados a un lado. En realidad resulta fácil hacer lo correcto: debemos reaccionar sólo cuando el niño nos hace partícipes de su juego, y callarnos cuando está enfrascado él solo. Si nuestro hijo está ocupado en construir una torre con sus taquitos de madera, está realizando un trabajo importante en que no debemos estorbarle. Está desarrollando la habilidad de sus manos, el sentido de la vista, su capacidad de distinguir proporciones y unas cuantas cosas más. Nada peor que meterse y enseñarle a construir una torre más alta, más complicada o más bonita. El niño perdería inmediatamente el interés.
En cambio, si viene a nosotros con un: «mira lo que he hecho», admiraremos su obra, dándole quizá (pero no siempre) una sugerencia para mejorarla o ampliarla. Aunque estemos ocupados, cuesta muy poco interrumpirse un momento. Una vez obtenida nuestra atención, el niño vuelve contento a sus juegos.

Juegos de agua para niños

No todos los padres tienen un jardín o un patio, pero muchos disponen de una terraza donde también se puede instalar una caja de arena. Si logran liberarse de su afán de limpieza (porque los granitos se meten en la ropa y los zapatos y aparecen luego en los lugares más inesperados), proporcionarán a sus hijos una fuente inagotable de entretenimiento creativo.
Algo parecido ocurre con el agua (y ésta sí está instalada en todas las casas). ¡Qué importa emplear cinco minutos en recoger las salpicaduras si los chicos se lo pasan tan bien haciendo nadar barquitos en el lavabo o vertiendo agua de un recipiente a otro en una bañera a medio llenar! La psicoanalista Frangoise Dolto recomienda los juegos de agua especialmente para los niños nerviosos o en plena fase de testarudez. ¡Dale a un niño que tiene una rabieta agua para jugar, y se tranquilizará inmediatamente!.

Juguetes para niños y niñas

Los mejores juguetes, sin embargo, son el agua y la arena. Como no tienen una forma determinada, se puede hacer cualquier cosa con ellos, crear prácticamente algo de la nada.
No comprendo por qué las zonas de juego en España no tienen todas sus cajas de arena, como ocurre en otros países de Europa. Quizá porque íi los ayuntamientos les resulte más fácil y barato plantar algún tobogán (que tarda verios años en estropearse) que renovar periódicamente una caja llena de arena.
Si observamos a los niños en la playa, nos daremos cuenta cuánta creatividad despierta este simple elemento. El de dos años cava un agujero y lo vuelve a cerrar; el de tres fabrica tartas y bizcochos: el de cinco construye puentes y caminos; y el de diez edifica complicados castillos. Todos experimentan la alegría de crear, de hacer crecer algo por sus propias manos.