A partir del nacimiento de chicos mellizos empiezan situaciones difíciles de resolver, porque provocan muchísima angustia, sobre todo a la mamá que permanentemente tiene que elegir -lo cual le genera mucha culpa-. Elegir a quién le damos el pecho primero, a quién vestimos, cambiamos los pañales, dormimos, etc., primero.
Los mellizos tienen la característica de necesitar casi al mismo tiempo. Por eso es muy importante contar con la ayuda del papá desde el comienzo. Si no fuera posible, es imprescindible que haya otra persona muy cercana afectivamente que complemente esta tarea de crianza que no sólo es muy trabajosa en lo físico sino también aspectos psicológicos. Los bebés recién nacidos no tienen capacidad de postergación; o sea, de espera. Pero como tenemos nada más que dos manos, sólo podemos atenderlos de a uno. Es por eso que la organización de las diferentes necesidades de los mellizos dará buen resultado con ayuda.
Es aconsejable que cada uno tenga su moisés, su cuna, su sillita, y así sucesivamente. Esto va a permitir de entrada que sientan un lugar propio no sólo en lo físico sino también en lo psicológico.
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Estamos en la época primaveral, y quizás estén planeando un viaje. Si es necesario hacerlo en avión, sepan que no es recomendable volar después de las 28 semanas. Si realmente deben hacerlo por una necesidad, consulten con el médico, quien quizás permitirá volar hasta la semana 36. Después de la semana 28 la compañía aérea probablemente les exigirá una autorización del médico para viajar, que mencione la fecha probable de parto. Cuando viajes, tenes que abrocharte siempre el cinturón de seguridad debajo del abdomen.
Si consideramos las etapas que tienen al bebé como protagonista, clásicamente se describen cuatro fases desde el interior del útero hacia el mundo exterior. En la primera, el bebé se acomoda al estrecho superior de la pelvis (la parte más elevada de la cavidad delimitada por los huesos que constituyen la pelvis). El proceso se realiza disminuyendo el volumen total de la cabeza (como ha sido descripto) o bien acomodando los miembros (muslos, piernas y pies) si se trata de un parto de nalgas. Por rotación el bebé se ubica de aquella manera en la que mejor encaje.
Luego viene el encaje propiamente dicho y el descenso.
Una vez bien ubicado, comienza a avanzar hacia la profundidad de la pelvis, empujado por las contracciones uterinas, borrando el cuello en su camino. Por lo general, las primerizas tienen al bebé bien encajado antes de que se inicie el trabajo de parto. Las multíparas muchas veces lo hacen con la presentación móvil, esto es con el bebé alto y sin encajar. La falta total de encaje se debe en la mayoría de los casos a desproporciones entre el tamaño del bebé y la pelvis de la mujer. Otras veces a irregularidades en la configuración de la pelvis, tal como se da en aquellas mujeres en las que la distancia anteroposterior (de adelante hacia atrás) es breve.
En este período adquiere protagonismo la colaboración voluntaria de la parturienta quien debe pujar para facilitar la salida. Mediante contracciones sostenidas de los músculos del abdomen y la asistencia de los respiratorios (torácicos y diafragma), la futura mamá refuerza el trabajo de las contracciones uterinas, empujando al bebé hacia abajo y hacia afuera. Su fuerza duplica la presión lograda por el útero, de ahí su extrema importancia. Difícilmente pueda nacer un bebé salvo aquellos de pequeño tamaño si la mamá no puja. Pese a que el deseo de pujo es espontáneo, provocado por la presión que la cabeza o la cola del bebé ejercen sobre la profundidad de la pelvis (de allí que existe incluso cuando se realiza un parto con anestesia total), es importante que sea ordenado y controlado, pues redunda en una disminución del tiempo final del parto y mejora el estado general del bebé al nacer.
Este momento del parto es la prueba de fuego para la calidad de la preparación que recibieron los papas durante el embarazo. Si comprendieron bien todo y están tranquilos, los pujos serán oportunos y eficaces. Si por el contrario priman la ignorancia y la ansiedad, es posible que éstos no sean tan efectivos y el parto se demore más de lo que debiera.
Los partos pueden ser “de término”, cuando se dan alrededor de la fecha esperada de parto o prematuros, cuando ocurren antes de esc período. Estos últimos, a su vez, se dividen en “prematuros propiamente dichos” que son aquellos que transcurren entre las 28 y las 37 semanas de embarazo, e “inmaduros” cuando se producen entre las 24 ó 25 y las 28 semanas de gestación. El límite inferior impreciso se debe a que día a día se avanza en la atención del recién nacido de bajo peso y ya no es posible señalar una fecha exacta (se han podido sacar adelante a Débitos de tan sólo 21 y 22 semanas de vida intrauterina.
Pero también hay bebés remolones o perezosos, los que se pasan de la fecha prevista. En este caso, se dice que el parlo es “postmaduro” o “de post-términó”. ¡En fin! Siempre hay alguno que sigue durmiendo lo más Pancho y se olvida de nacer. Por suerte, finalmente todos nacen. No se conoce ningún caso de una mamá que se haya quedado con su hijo a cuestas para siempre (aunque hay algunas que lo malcrían y sobreprolegen tanto, que parece que quisieran tenerlo pegado a ellas todo el tiempo como antes de nacer).
En un hospital moderno, las mujeres tienen necesidad de seguir manteniendo lazos con su vida cotidiana y por eso reclaman la presencia del compañero. Este es un fenómeno nuevo. A principios de siglo, todos los niños nacían en la casa. El papá entonces se ocupaba de otras cosas, por ejemplo, de hervir el agua. Pero, cuando las mujeres se vieron obligadas a ir a un centro, reclamaron a la pareja.
El papel de la partera también cambió. En el hospital, es un miembro del equipo médico. Si nos planteáramos estas cuestiones, redescubriríamos cómo debe ser la intervención de la partera, y la participación del papá sería distinta.
Pero hay que ser muy cuidadosos antes de establecer una regla. No conviene formular doctrinas ni normas. Es preciso tener en cuenta a las mujeres que creen que no podrán dar a luz sin la presencia de su compañero.
Hay un dolor normal, pero tenemos un sistema de protección contra él: las endorfinas.
En la actualidad, no podemos hablar del dolor como hace treinta años, porque sabemos que el problema no está en el dolor, sino en facilitar un parto fisiológico para que la mujer utilice sus mecanismos de defensa.
Durante el parto, se segregan dos clases de hormonas. Unas permiten las contracciones del útero y las otras protegen contra el dolor. Cuando nace el bebé, estas hormonas todavía continúan actuando. La oxitocina predispone a un comportamiento maternal en los mamíferos.
En cuanto a las endorfinas, son segregadas tanto por la parturienta como por el bebé y favorecen la creación del vínculo entre la mamá y el hijo. ¿Es contrarío a la utílización de la anestesia durante el parto? El problema no consiste en estar a favor o en contra, sino en conocer cómo evitar la necesidad de anestesia y saber qué mujeres la precisan.
Todas las anestesias tienen efectos secundarios. Cuando inyectamos drogas a la mamá, podemos deprimir la respiración del bebé. También se sabe que algunas mujeres que han dado a luz con analgesia epidural tienen más posibilidades de desarrollar dolores crónicos en la espalda. En manos expertas, es en sí misma una causa de sufrimiento fetal, porque conlleva un aumento del número de intervenciones.
Es necesario mejorar el entorno donde se desarrolla el parto y los factores que influyen en él. En los grandes hospitales, donde la mujer está rodeada de extraños (la mayoría de sexo masculino), no hay un ambiente favorable para que pueda secretar sus hormonas.
Digo esto, porque se sabe que en los países donde hay enfermeras especializadas que ayudan al médico, la tasa de cesáreas es más elevada que en otros donde predominan las parteras.
Usted defiende que la mujer dé a luz acompañada por una partera, sin embargo, los estudios demuestran que la presenda de la pareja le proporciona tranquilidad… En mi opinión, esto no es tan cierto y no hay tantos estudios como parece. Irlanda tiene algo que enseñarnos en este sentido: hasta hace poco, en los hospitales de Dublín no se permitía que lo papas asistieran al parto; pero, debido a la presión de los usuarios, se accedió a eso, y la tasa de cesáreas paso de ser inferior al 7 por ciento a superar el 10 por ciento. Al valorar la presencia de los hombres en el parto, hay que tener en cuenta varias cosas.
El proceso de encaje, descenso, flexión y extensión (deflexión de la cabeza), sucede sin solución de continuidad en un todo armónico. La primera etapa, el encaje, puede ocurrir días antes del parto, sobre lodo en las primerizas.
El resto puede demandar un tiempo distinto en cada caso en particular. Todo el proceso suele realizarse en sólo un par de horas o mucho menos en una gran multípara (la mamá que tuvo varios hijos previamente), o tardar tanto como todo un día, en una primeriza con pelvis ajustada y un bebé de tamaño considerable.
Lo que queda del parto -la expulsión- es rápido y, por lo general, toma tan sólo unos minutos. Para que esto sea posible, la pelvis ósea -preparada a lo largo del embarazo por la progesterona para este momento-, se acomoda como puede a la cabeza del bebé, que también hace lo suyo.
Se distienden los ligamentos que unen la hemipclvis derecha con la izquierda a nivel de la línea media (o “sínfisis pubiana”) y se tuerce hacia atrás el “huesito dulce”, esto es, el cóccix, tal como se puede apreciar en el modelo.
Desde hace tiempo, Vicky acosUimbra jugar al parto con esos elementos junto con las mamas que asisten a su curso de preparación para la maternidad. Fue así como nos encontramos en su gimnasio donde Nancy develó el misterio del nacimiento. Es que no es lo mismo verlo en dibujos que actuarlo con modelos de tamaño natural.
Un simple muñeco de trapo y de goma, diseñado especialmente para que se le pueda conectar un cordón umbilical, una placenta de pañolenci y una bolsa de voile, complementan el modelo de pelvis femenina para poder dramatizar ese momento.
También veremos un parto de nalgas, aunque si se trata del primer embarazo, por lo general, los obstetras prefieren realizar una cesárea para evitar inconvenientes a la hora de tener que extraer la cabeza del bebé. En el modelo de periné, ingeniosamente realizado en tela elastizada, veremos -tal como lo hacen los obstetras-, cómo asoma y sale poco a poco el “polo cefálico” (la cabecita).









