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Embarazadas: mayor autocontrol

Las embarazadas que asisten al curso se “descontrolan” menos durante el trabajo de parto, no sólo porque aprendieron a respirar y a relajarse, sino porque saben del largo proceso que tiene que hacer el bebé para poder ir descendiendo por el canal de parto, conocen qué sucede con la llegada de oxígeno al bebé en el momento de una contracción, y qué pasa con el descontrol de la madre en ese momento: saben que si gritan, disminuyen el oxígeno que le llega al pequeñito, comprenden que él está atravesando una situación de mucho estrés tratando de progresar para lograr nacer. Cuando logran entender al hijo como otro, sabiendo cuál es el trabajo que está haciendo para nacer, hay una conducta distinta, una diferencia notable con las mujeres que no asisten al curso. Podernos decir que la mujer que no se prepara, además de todos sus conflictos “de parto”, tiene que aprender a respirar, a relajarse, a pujar, a parir, todo en ese mismo momento. No posee los recursos ni los conocimientos que adquirió la mamá que sí se preparó.

Los beneficios de prepararse

La mujer que concurre al curso sabe todo lo que va suceder durante el trabajo de parto.
El trabajo de parto os una sitúa ción de conflicto físico y emocional. Pero la ventaja que tiene la que asistió al curso es que posiblemente sea recibida en la guardia por alguien conocido, lo cual la tranquilizará; o se tranquilizará cuando vea que las indicaciones que recibe son las mismas que le fueron comentadas durante el curso. Estas embarazadas tuvieron un aprendizaje previo, y durante el trabajo de parto lo reviven, ya lo saben. Se trata de un “aprehender” basado en la elaboración de los conceptos. Durante el curso se les explica paso a paso todo lo que es de rutina desde que son admitidas por la guardia: la ducha, el monitoreo, la colocación de la vía del suero con o sin medica-ción. Además, se les cuentan algunos de los cambios que pueden ocurrir. Cuando ellas llegan y se encuentran con que las indicaciones que reciben coinciden con lo que se comentó durante el curso, se sienten con más confianza y están más tranquilas para afrontar lo que va a suceder en las horas siguientes, porque están comprobando que les fue dicha la verdad. Esto reduce los niveles de tensión y por lo tanto, los niveles de angustia y de dolor.

Eligiendo obstetra

Busca inicialmente un obstetra que haya atendido a alguien conocido con una buena experiencia (por recomendación). Trata de ir a todas las consultas posibles con tu marido (en especial las primeras y las últimas). Llévate una lista de preguntas (que suelen surgir entre las consultas y que en el momento se te pueden olvidar). No tengas miedo de parecer ridicula y contále todo aquello que te inquieta o te parece anormal. Definí la elección de tu obstetra en los primeros controles, considerando, además de la idoneidad profesional, si te sentís cómoda, si sentís que sos escuchada; y si sus consejos tienen que ver con tu forma de pensar.

Cada uno es diferente

Cada hijo trae su carga genética propia y también va a ocupar un lugar que formará su personalidad de acuerdo con todas las situaciones que le toque vivir.
No existe libro ni enciclopedia alguna que nos guíe para criarlos en forma perfecta, pero podemos nombrar algunas cosas que sabemos y que son por demás importantes, por ejemplo:
Que sientan que los queremos a los dos por igual; que sientan que respetamos sus gustos y sus diferencias. Que sientan que sabemos que no son la mitad de uno, ni son, por ser mellizos, dos iguales.
Son dos niños como los demás, pero que se sienten diferentes porque la vida quiso que tuvieran que aprender a luchar por un lugar propio, una historia única, una mamá para ellos solos. Y esto también genera culpa. Como el amor. Con el tiempo los hermanos mellizos reconocen haber tenido el privilegio de no sentirse solos, de tener con quién compartir lo bueno y lo malo. De estar muy acompañados, de casi nunca aburrirse. Y lo que es más importante, el privilegio de que “mamá nos quiso mucho mucho mucho, a los dos por igual”.

Escuchar en esterofonía

Hablan en estereofonía, y debemos acostumbrarnos. Lloran al mismo tiempo, hablan al mismo tiempo y la palabra “mamá” está en todas partes, siempre. Cuando no es uno, es el otro.
¿Un consejito? Es importante no confundirles ni el llanto ni la voz, para ello se debe prestar mucha atención.
La relación que se va a establecer con la mamá es especial de cada hijo. Desde el nacimiento, si observamos con detenimiento, vamos a notar diferencias entre ellos. Por ejemplo, uno llora más fuerte o diferente; el otro come más seguido o permanece más tiempo despierto; uno aumenta más de peso, el otro se calma más rápido. Un hijo no es igual a otro aunque hayan nacido con diferencia de un minuto de tiempo nada más.

Dos manos no alcanzan

A partir del nacimiento de chicos mellizos empiezan situaciones difíciles de resolver, porque provocan muchísima angustia, sobre todo a la mamá que permanentemente tiene que elegir -lo cual le genera mucha culpa-. Elegir a quién le damos el pecho primero, a quién vestimos, cambiamos los pañales, dormimos, etc., primero.
Los mellizos tienen la característica de necesitar casi al mismo tiempo. Por eso es muy importante contar con la ayuda del papá desde el comienzo. Si no fuera posible, es imprescindible que haya otra persona muy cercana afectivamente que complemente esta tarea de crianza que no sólo es muy trabajosa en lo físico sino también aspectos psicológicos. Los bebés recién nacidos no tienen capacidad de postergación; o sea, de espera. Pero como tenemos nada más que dos manos, sólo podemos atenderlos de a uno. Es por eso que la organización de las diferentes necesidades de los mellizos dará buen resultado con ayuda.
Es aconsejable que cada uno tenga su moisés, su cuna, su sillita, y así sucesivamente. Esto va a permitir de entrada que sientan un lugar propio no sólo en lo físico sino también en lo psicológico.

Reposo luego del embarazo

A veces, por distintos motivos, algunas futuras mamas deben guardar reposo durante algún tiempo en el embarazo. Al principio se hace más llevadero, entre revistas, programas de televisión, libros, algunas visitas. Pero si el reposo se prolonga puede volverse bastante aburrido. Algunos pasatiempos que pueden ayudar en estas circunstancias son: empezar a escribir el diario del embarazo, registrando sensaciones, cambios en el cuerpo, diálogos imaginarios con el bebé, las primeras patadas, la evolución, las fantasías sobre cómo será.
Además, es posible ponerse en contacto (telefónico, por e-mail, por carta) con otras futuras mamas que estén en la misma situación. Compartir vivencias alivia y fortalece.

Viajar en avión despues del parto

Estamos en la época primaveral, y quizás estén planeando un viaje. Si es necesario hacerlo en avión, sepan que no es recomendable volar después de las 28 semanas. Si realmente deben hacerlo por una necesidad, consulten con el médico, quien quizás permitirá volar hasta la semana 36. Después de la semana 28 la compañía aérea probablemente les exigirá una autorización del médico para viajar, que mencione la fecha probable de parto. Cuando viajes, tenes que abrocharte siempre el cinturón de seguridad debajo del abdomen.

Has recorrido un largo camino, muchacho

Si consideramos las etapas que tienen al bebé como protagonista, clásicamente se describen cuatro fases desde el interior del útero hacia el mundo exterior. En la primera, el bebé se acomoda al estrecho superior de la pelvis (la parte más elevada de la cavidad delimitada por los huesos que constituyen la pelvis). El proceso se realiza disminuyendo el volumen total de la cabeza (como ha sido descripto) o bien acomodando los miembros (muslos, piernas y pies) si se trata de un parto de nalgas. Por rotación el bebé se ubica de aquella manera en la que mejor encaje.
Luego viene el encaje propiamente dicho y el descenso.

Una vez bien ubicado, comienza a avanzar hacia la profundidad de la pelvis, empujado por las contracciones uterinas, borrando el cuello en su camino. Por lo general, las primerizas tienen al bebé bien encajado antes de que se inicie el trabajo de parto. Las multíparas muchas veces lo hacen con la presentación móvil, esto es con el bebé alto y sin encajar. La falta total de encaje se debe en la mayoría de los casos a desproporciones entre el tamaño del bebé y la pelvis de la mujer. Otras veces a irregularidades en la configuración de la pelvis, tal como se da en aquellas mujeres en las que la distancia anteroposterior (de adelante hacia atrás) es breve.

Mamá ayuda mucho en este tramo

En este período adquiere protagonismo la colaboración voluntaria de la parturienta quien debe pujar para facilitar la salida. Mediante contracciones sostenidas de los músculos del abdomen y la asistencia de los respiratorios (torácicos y diafragma), la futura mamá refuerza el trabajo de las contracciones uterinas, empujando al bebé hacia abajo y hacia afuera. Su fuerza duplica la presión lograda por el útero, de ahí su extrema importancia. Difícilmente pueda nacer un bebé salvo aquellos de pequeño tamaño si la mamá no puja. Pese a que el deseo de pujo es espontáneo, provocado por la presión que la cabeza o la cola del bebé ejercen sobre la profundidad de la pelvis (de allí que existe incluso cuando se realiza un parto con anestesia total), es importante que sea ordenado y controlado, pues redunda en una disminución del tiempo final del parto y mejora el estado general del bebé al nacer.
Este momento del parto es la prueba de fuego para la calidad de la preparación que recibieron los papas durante el embarazo. Si comprendieron bien todo y están tranquilos, los pujos serán oportunos y eficaces. Si por el contrario priman la ignorancia y la ansiedad, es posible que éstos no sean tan efectivos y el parto se demore más de lo que debiera.