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El pequeño debe acostumbrarse al ruido

Desde que el recién nacido llega al hogar, es conve-niente acostumbrarlo a que, al menos de día, duerma con los ruidos normales de la casa, siempre que no sean excesivamente estridentes. Las conversaciones de la familia, la radio.
la televisión, la aspiradora o incluso un poco de música suave no alterarán su sueño. Por el contrario, si creamos un silencio artificial, el bebé se acostúmbrala a él y se despertará con cualquier sonido. Para que su sueño sea apacible, la cuna debe colocarse en un rincón bien ventilado, alejado de las corrientes de aire y del humo del tabaco, con una temperatura adecuada (de 18 a 22 grados) y algo de lux.

Qué implica dejar los pañales

Controlar esfínteres es mucho más que dejar los pañales. Es aprender a esperar, a demorar una necesidad o un deseo, y esto conlleva un cambio psicológico importante. Aparece aquí el primer esbozo de independencia, de autonomía. Es el niño quien decide cuándo dar aquello tan valioso que esperamos de él.
Los excrementos constituyen una parte del propio cuerpo de la cual no es sencillo desprenderse. Y el niño lo hace porque una persona amada se lo pide. Este es un punto muy importante a tener en cuenta: para el niño sus excrementos tienen la significación de un “don”, de un “regalo”, con el cual mostrará su docilidad, su amor, entregándoselos a la persona amada, o bien reteniéndolos, mostrará su negativa a complacerla. En la defecación el niño se plantea una primera decisión entre satisfacerse a sí mismo con el placer que le produce retener los excrementos o expulsarlos por amor. A partir de este momento habrá un cambio importante en el niño que tendrá que ver con los otros, con la manera de relacionarse no sólo con los adultos. Las primeras vivencias en el grupo de pares en las que se juega algo de la impulsividad, del manejo de la agresividad, eslá en íntima relación con lo que vive el niño en esta etapa de su vida. Algo de la subjetividad del niño está en juego. A partir de aquí comenzarán a configurarse ciertos rasgos de carácter que tendrán que ver con la manera en que el pequeño atraviese esta importante etapa.

La experiencia de la pelela

Cuando lo invitamos a usar la pélela es preferible permanecer a su lado, no dejarlo solo. Aprovechemos este momento para mostrarle un libro de imágenes, contarle un cuento. Crear situaciones placenteras para que el niño las asocie con el hecho de hacer pis o caca.
Cuando haya podido evacuar allí, es de suma importancia halagarlo, demostrarle de manera afectuosa lo felices que nos puso su importante logro. Impacientarse y enojarse nos llevará a acrecentar la frustración que el niño sienta. Es muy difícil encontrar el punto medio entre lo que el pequeño siente y nuestros propios deseos, ansiedades y por qué no, frustraciones.

Descubriendo a la pelela

Por dónde empezar, sea quizás el punto clave para lograr el éxito deseado. Un buen comienzo es permitir que sea el niño quien elija la pélela, mientras le contamos que es ahí donde aprenderá a evacuar hasta que prefiera hacerlo en el inodoro. También lo invitaremos a hacer con ella lo que le plazca. Como si fuera un juego, le propondremos sentarse en ella y que haga lo mismo con sus muñecos. El juego dramático le hará más sencillo el aprendizaje, ya que a partir de él se irá apropiando de la situación. El juego a esta edad se halla influenciado por el deseo de ser grandes y poder hacer lo mismo que los mayores. De este modo será el niño quien domine la situación, será él quien activamente haga con sus muñecos lo que sus padres con él, lo cual le resultará muy placentero. Es probable que la pélela se transforme en un juguete más, debemos respetarlo y no preocuparnos ya que pronto recobrará su finalidad. Lo importante es estar atentos a los cambios que se van produciendo en el niño, y sobre todas las cosas ser muy pacientes y acompañarlo.

Depositando expectativas

Por otra parte, los padres siempre esperan cosas de sus hijos. Hay algunas que ya se conoce que van ocurrir en todo niño sano (que sonría, que se siente, que hable) y otras que, si bien no se sabe a ciencia cierta si se van a dar, se desean mucho (que sea cariñoso, que sea observador de la naturaleza, que sea simpático). En este campo muchas veces los padres depositan, sin tener conciencia clara de ello, aspectos ligados a su amor propio. Es por este motivo que a veces se hace difícil tolerar las frustraciones. Por ejemplo, a un papá deportista puede resultarle difícil aceptar que su hijo no tenga sus habilidades, y a la vez eso puede llevarlo a no valorar las capacidades que sí tiene. Por eso es que el tema de las expectativas puestas sobre los hijos puede a veces ser complicado. Para todo niño, por más chiquito que sea, es muy importante lo que piensan de él y lo que sienten por él sus padres. Que se lo valore por él mismo y no porque se parece más o menos a ellos. Uno de los mayores miedos de toda criatura es perder el amor de sus padres.

La sabia espera

Los padres ponen a prueba cotidianamente su capacidad de esperar. De hecho, la primera actitud hacia los hijos es de espera. El mismo lenguaje cotidiano dice de la señora embarazada que “está de espera”. Desde que se concibe al hijo hasta que se lo tiene en los brazos pasa un tiempo que será más o menos largo según el grado de ansiedad que la situación despierte. ¡Cuánto difiere a veces el tiempo psicológico de aquel que marca el reloj!.

Todo un proceso para el bebé

En un primer momento de la vida del bebé la mamá debe adaptarse lo más posible a sus necesidades. Después, esa mamá irá pasando de ese primer estado de completa adaptación a otros estados de menor adaptación, debiendo ser éste un proceso lento. Así es como el bebé no sólo logrará por medio de la mamá las primeras experiencias de satisfacción, sino que también experimentará sus primeras frustraciones. Estas últimas en particular son importantes porque ayudarán al hijo a ir adquiriendo el sentido de la realidad. A medida que el bebé crece y luego de experiencias repetidas de demora en la concreción de sus deseos, aprenderá que la frustración tiene un límite en el tiempo. Es decir, la satisfacción de las demandas puede tardar, pero llega finalmente. Y esto, junto a otras capacidades que irá adquiriendo, lo ayudarán a tolerar la frustración cada día más.

Aprender por imitación

Tanto padres como hijos tratan día a día con esta dificultad. Los hijos, porque tienen que ir aprendiendo poco a poco a frustrarse; los padres, porque ponen a prueba esa tolerancia cotidianamente. Y aquí como en muchos otros aspectos del crecimiento, el niño puede aprender mucho del proceder de los padres. Los niños pequeños quieren satisfacer sus demandas al instante.
Un bebé llora hasta que se le da su alimento y pasa mucho tiempo hasta que puede aprender a esperar.

Lio en la cocina

Junto con los primeros pasos, se despierta en el niño una enorme curiosidad. Puertas cerradas son un gran incentivo para él, y no escatimará esfuerzos hasta lograr abrirlas. Ollas, potes, paquetes de fideos, harina y legumbres, servilletas, repasadores y demás son un festín para los flamantes caminantes. En el baño, el rollo de papel higiénico puede llegar a convertirse en una larguísima alfombra blanca, y iodo lo que esté a la altura de sus ojos intentará atraparlo.
Es por ello que en esta etapa hay que manejarse con un delicado equilibrio: por un lado, hay que extremar la vigilancia sobre el bebé para cuidarlo, pero por el otro no hay que cercenar su libertad y es importante permitirle investigar, tocar, avanzar.
Todos comenzamos dando un pequeño primer paso. Después vendrá todo lo demás.

Que sienten los papás

Cuando un bebé comienza a caminar, los papas experimentan un abanico de sensaciones difíciles de describir. Para ellos es un paso más hacia muchos horizontes: libertad para que logre cosas por su cuenta, el placer de tomarlo de la mano para ir al kiosco, aunque solo pasen tres pasitos hasta el “¡upa, upa!”.
Si bien los primeros pasos del chiquito producen una gran alegría, es cierto que a veces tbé que nada podía solo, hoy camina y ya no nos necesita tanto como antes.
Fundamentalmente, el mundo está al alcance de ese caminante que va a tratar por todos los medios de tocar todo. Intentará estirar los límites conocidos hasta ahora, cada día un poquito más. Podrá ir hasta la cama de mamá y papá, y lo demás… lo podemos imaginar.