La tercera premisa para que el niño se encuentre seguro, aceptado y protegido en su familia es que se sienta parte de ella. Esto parece casi una perogrullada; ¿cómo los hijos no van a formar parte de la familia? Sin embargo, los padres a menudo los excluyen sin darse cuenta e incluso a veces con la mejor intención.
Un sábado, el padre y la madre han decidido limpiar los estantes de la librería, casi mil volúmenes. Su hijo Carlos, de cuatro años, les está ayudando. Va y viene llevando un libro tras otro a la terraza, donde la madre los está desempolvando. El padre, subido a una escalera, los vuelve a colocar en su sitio. Carlos está alegre, como ocurre con todos los niños cuando están ayudando en algo. El padre quiere expresar su satisfacción, y le promete al chico: «Cuando termines te daré cinco duros para la hucha». Carlos se pone contento, pero poco a poco empieza remolonear. El padre tiene que esperar cada vez más hasta que le alcance los libros. Primero le apremia, luego le regaña. Finalmente padre y madre siguen trabajando solos porque Carlos se aburre. De repente el niño da un empujón a una pila de libros colocada sobre la mesa. Los padres se enfadan con él y le mandan a la cama.
La razón del mal comportamiento de Carlos estribaba en el premio que le prometió su padre. (Volveremos a hablar de los premios en el capítulo «Dos caras de la misma moneda»). A primera vista esto parece increíble. ¡Si se lo había prometido con la mejor intención! Pero la razón por la que Carlos estaba tan contento era precisamente por su participación en la vida de los adultos. Ayudando en un trabajo en bien de toda la familia se sentía parte del grupo y como tal disfrutaba del éxito de la labor. Cuando su padre le prometió un premio, su lógica infantil le decía que un «asalariado» no pertenece de la misma forma al grupo que los demás. Igual que los adultos le estropearon su alegría, él estropea ahora el trabajo de ellos, tirando los libros al suelo. Naturalmente no pensó en todo ello. Si la lógica de los niños funcionase igual que la de los adultos, Carlos hubiera previsto que el castigo le excluiría aún más de la comunidad. Simplemente, las finas antenas que tienen todos los niños le hacían captar que con la promesa del premio todo había cambiado. El padre también podría haberse callado o haber reconocido la ayuda del pequeño con unas palabra amistosas como: «Entre todos terminaremos pronto». Tambien podrás ver articulos interesantes sobre la conducta de los bebes entre otras pautas en embarazo sintomas esperemos lo visites.
Este «entre todos» hubiera reforzado su sensación de formar parte del grupo. Los niños sienten muy pronto que el bienestar del grupo familiar es el suyo propio. Con cada acción compartida se les refuerza la noción del «nosotros» y el sentido de la solidaridad.
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Conductas agresivas en niños
Julio 28th, 2010Pautas de conducta del niño
Julio 24th, 2010La misma importancia tienen las pautas de conducta o ¡imites de tolerancia, que ha de encontrar el niño en el seno de la familia. Esto no quiere decir que de repente abogue por el autoritarismo. Una madre o un padre pueden ser tremendamente tolerantes, pero en alguna parte, también para ellos, empiezan los límites. Estos límites, pautas de conducta o costumbres pueden ser distintos en cada unidad familiar, pero es necesario que existan para que el niño sepa a qué atenerse. Dentro de este marco, más o menos amplio, no importa demasiado que a veces seamos inconsecuentes; el niño tiene que aprender que también los padres son seres humanos. Unas veces estamos cansados y queremos verlos en la cama cuanto antes, en otras ocasiones toleramos que se queden media hora más levantados. Por lo general, queremos que el niño salude a las visitas dándoles la mano: pero si le vemos de mal humor o enfrascado en algún juego, le dejamos que se salga con la suya. Lo que ya excedería los límites de lo que se hace o no se hace en esta familia (de la que también el niño forma parte), sería, por ejemplo, que permitamos que se quede levantado durante toda la noche o que dé un puntapié en la espinilla a un invitado. En esencia, se trata de que los mismos padres tengan determinada conducta social y moral. Las pautas que se derivan de ella pasan al niño más por el ejemplo que por grandes discursos dialécticos.
Desarrollo del niño en edad preescolar
Julio 22nd, 2010Para que el sostén que encuentra en la familia sea realmente sólido, son necesarias varias premisas: los padres deben saber escuchar a su hijo; han de existir ciertos límites de tolerancia o pautas de conducta: y el niño tiene que sentir que forma parte del grupo familiar.
La virtud de saber escuchar la necesitamos porque de todas sus pequeñas o grandes excursiones al mundo exterior, nuestro hijo volverá a nosotros esperando un eco a sus experiencias. Por ejemplo, al volver del jardín de infancia, nos cuenta: «Pablo se ha caído de la mesa y se ha hecho sangre». Ha sido un acontecimiento muy importante para el pequeño. Puede haber sentido compasión, pero también puede estar temiendo que a él le ocurra lo mismo. Quizá tenga la vaga sensación de que Pablo no debería haberse subido a la mesa, o incluso se siente culpable de su caída (a esta edad los niños todavía tienden a relacionar todo con su propia persona). Con la sencilla frase, de «Pablo se ha caído de la mesa», puede querer decir todas estas cosas. Sin embargo, nada más equivocado que iniciar ahora un interrogatorio. El niño no conoce estos posibles sentimientos suyos de forma consciente. Sólo quiere descargar su emoción y encontrar eco a su experiencia. El mismo hecho de ser escuchado y comprendido ya tiene un efecto tranquilizador.
Desarrollo del niño preescolar
Julio 20th, 2010Desarrollo del niño preescolar:
Para todo lo que aprende el niño en edad preescolar necesita el respaldo de la madre, del padre y de toda su familia. Tanto para desarrollar su yo como para establecer los primeros contactos con el mundo exterior, necesita reafirmarse una y otra vez en el ejemplo de los padres y obtener seguridad a través de sus reacciones. Los suyos son algo muy importante para él, su padre es el más fuerte, su madre la más buena, y ambos las personas más sabias del mundo.
A los tres años los niños suelen conocer ya su apellido, y a esa edad es también cuando el mundo se les ensancha cada vez más. Muchos acuden ahora por primera vez al jardín de infancia o al preescolar, y es bueno que lo hagan. Si en cuanto a la guardería para bebés tenía algunos reparos y sólo la recomendaba si se cumplían determinadas condiciones, estoy totalmente a favor del jardín de infancia a partir de los tres años. Incluso si no fuera en todos los puntos tan ideal como cabría desear, pienso que cuenta más la posibilidad de relacionarse con otros niños y soltarse poco a poco de la influencia exclusiva de los padres que algunas pequeñas insuficiencias. Las condiciones no son nunca totalmente ideales: ni cuando el niño juega con otros en el parque, ni cuando pasa una tarde en casa de los vecinos o el domingo visita a los abuelos. Si a través de nuestros mimos y cuidados cuando era un bebé, ha podido desarrollar su «confianza básica» y si sigue encontrando cada día el respaldo de sus padres, sabrá asimilar también las pequeñas frustraciones que le esperan en el mundo exterior.
Dar mal ejemplo a los niños
Julio 18th, 2010A veces, las madres damos mal ejemplo sin darnos cuenta. Cuando mis hijos eran pequeños podía ocurrir que al oír el llanto de un bebé o los gritos de un niño, escuchaba a ver si era uno de los míos, para suspirar aliviada al tratarse de otro ajeno. Es comprensible que una madre que ya está bastante cargada atendiendo a los propios, constata con alivio que esta vez no tiene que ponerse en acción. Pero si uno de mis hijos se hubiera mostrado intranquilo avisándome que «el nene llora», tendría que haber reaccionado de otra forma. Podría haberme acercado con él al niño en cuestión para preguntarle qué le pasaba o dónde estaba su mamá. O si se trataba de un bebé llorando en la casa de al lado, podría haber explicado a mi hijo que el niño tenía hambre y su mamá ya le estaba preparando el biberón.
Otras veces, los padres muestran de forma manifiesta que no desean que su hijo sea «demasiado bueno», por ejemplo, cuando quiere regalar a otro niño uno de sus juguetes o cuando no se defiende si otro se lo quita. En estas ocasiones hay que observar especialmente bien cómo reacciona el niño. Por una parte, no podemos aceptar que nuestro hijo se quede siempre corto, pero por otra, no conviene ahogar sus buenas intenciones. En el capítulo sobre el lenguaje de los gestos, hemos visto que muchos padres se precipitan en sus juicios. El pequeño Anthony no era el matón que la madre de Nicky había visto en él, sino que los niños, a través de sus gestos, se habían puesto de acuerdo para que Anthony, por ser el mayor, dirigiese el juego. Sin embargo, efectivamente hay niños agresivos y violentos, y nuestro hijo tiene que aprender a defenderse de ellos. Ser bueno no es lo mismo que ser tonto. A más tardar, cuando entre en el jardín de infancia o en la escuela, el niño tiene que haber adquirido, al menos el esbozo de un cierto equilibrio: simpatizar con los más débiles y defenderse de los más fuertes. La mejor manera de ayudar a nuestros hijos es observarlos atentamente, no intervenir a la primera dificultad y reflexionar sobre los motivos que les hacen obrar de una u otra manera.
Desarrollo socioemocional del niño
Julio 14th, 2010Otros niños, entre uno y dos años, ya intervienen activamente cuando piensan que alguien necesita ayuda. A los 18 meses, Laura ya era una pequeña altruista con mucha inventiva. Cuando un bebé de seis meses estaba llorando porque había perdido su galleta, Laura la recogió y se la alcanzó. Como su gesto no surtió efecto y el bebé seguía llorando, la niña le acariciaba la cabeza y le hablaba con voz preocupada: «Nene, nene». Pero el bebé seguía llorando, de manera que Laura rompió también en lágrimas y corrió a buscar a su madre, para que cogiera al bebé en brazos.
A partir de los tres años, los niños empiezan a distinguirse bastante entre sí. Parece que la simple imitación no siempre conduce al altruismo consciente. Una vez comprendido que el dolor es de otra persona —y «afortunadamente no el propio»— pueden hacerse más sensibles (altruistas) o más indiferentes (egoístas) frente a los sentimientos de los demás. Los psicólogos que llevaron a cabo el estudio suponen que se trata de un punto crítico en el desarrollo del niño, que depende esencialmente de la conducta dé los padres.
Cuando cinco años más tarde, se volvió a estudiar el comportamiento de los mismos niños, resultaba que aquellos que ya de pequeños habían mostrado su corazón para los demás, seguían siendo más corteses, más comprensivos y más dispuestos a ayudar que aquellos otros que, después de las primeras rudimentarias muestras de altruismo, habían aprendido a comportarse de modo más indiferente.
Etapas del desarrollo del niño
Julio 12th, 2010Existe también un estudio psicológico, llevado a cabo por la psicóloga norteamericana Marian Radke Yarrow, que refuta la opinión de sus colegas mayores y explica cómo se desarrolla en el niño la bondad, la compasión y el sentir con los demás. Yarrow contaba con la colaboración de un grupo de madres que recogían en cinta magnetofónica todas las reacciones que sus hijos pequeños mostraban cuando alguien de su entorno daba señales de dolor físico, tristeza, llanto, cansancio u otra emoción. Más tarde se completaron estas observaciones prácticas con pruebas de laboratorio. Las conclusiones: los bebés menores de un año, al verse confrontados con el dolor de otra persona, sólo miran asustados. Un poco más tarde reflejan el dolor del otro en su propio rostro. Algunos se tocan en el mismo lugar donde el otro se ha hecho daño. Una madre que se había dado un golpe en el codo cuenta que su hijo de 20 meses decía «ay» igual que ella y se frotaba su propio codo. Sólo después frotaba el codo de la madre, como si antes hubiera tenido que «probar» cómo se siente alguien que se ha hecho daño en el codo.
Jueguetes para bebes
Junio 4th, 2010Jueguetes para bebes.
Los juguetes de verdad que el niño necesita durante el primer año son muy pocos: una campanilla o un sonajero: unos animales de goma o plástico blando que también sirvan para la bañera; un animal de peluche; una pelota; un juego de varios cubos en los que los más pequeños encajan en los más grandes; algún libro de láminas con dibujos simples en vivos colores; y quizá un animal de madera con ruedas y cuerda, para cuando empiece a andar.
Aprendizaje en bebes
Junio 2nd, 2010Está comprobado que desde muy pequeños, los bebés prestan más atención a las personas que a los objetos sin vida. Según mediciones del psicólogo ruso Jarmolenko, la atención media con que los niños de seis meses de edad observan a las personas y a las cosas es la siguiente: dedican 37 segundos a un objeto inmóvil; 78 segundos a un objeto que se mueve; 111 segundos a una persona quieta; y 186 segundos a una persona en movimiento.
No obstante, los niños pequeños también quieren jugar solos. Cuanto más interesantes sean sus juguetes, más pueden hacer con ellos. El bebé encuentra interesante todo lo que se mueve, lo que suena y lo que puede tocar. No tienen por qué ser siempre juguetes que se compran. Muchas veces se entretiene más con una caja vacía, unas cucharas de madera o unos carretes de hilo vacíos ensartados en una cinta naturalmente los objetos han de ser lo suficientemente grandes para que el bebé no pueda tragárselos.











