• Un lenguaje algo “desenvuelto” no se corresponde necesariamente con un comportamiento que salga de lo conveniente. Prediquemos el buen gusto, pero no fomentemos la beatería.
• Algún enamoramiento que otro no es algo para poner el grito en el cielo.
• Recordemos la necesidad de una buena educación sexual, adecuada a cada edad. Y más ahora que la pubertad está a las puertas.
• Por mucho que el sexo esté por todas partes, lo realmente decisivo es el ejemplo y las actitudes que nuestros hijos capten en casa.
• Nuestros hijos se confiarán a nosotros si somos dialogantes y abiertos, pero esto no implica darles a entender que “todo vale”. Una correcta educación sexual implica transmitirles también nuestros valores y normas respecto del amor y
el sexo, que les servirán de referencia para formar sus propios criterios.
• Si le notamos una marcada obsesión por el sexo -o sus maestras nos advierten de ello-, debemos pensar que el niño está pasando por algún conflicto especia] relacionado con el tema o se encuentra angustiado. Puede ser el momento de ver a un psicólogo.
Archivo para la Categoría » Educación sexual «
La supuesta precocidad que llama la atención de algunos padres actuales es, simplemente, de otro tipo. Lo que ocurre es que los niños, al igual que nosotros, no son ajenos a la mayor libertad de costumbres y de expresión, a la presencia explícita del. sexo en los medios de comunicación, a la comente de desinhibición en el lenguaje y a una considerable ruptura de tabúes.
Por otro lado, una gran parte de los padres de hoy han crecido en una época en que los chicos y las chicas todavía eran educados por separado. Entonces había “colegios masculinos” y “escuelas femeninas”, “colegios de chicos” y “colegios de chicas”. Todavía hoy hay establecimientos educacionales de uno y de otro sexo. Sin embargo, la tendencia actual es que ambos sexos se conozcan y convivan desde muy pronto, generando un “roce” muy positivo, pero que plantea a los padres situaciones a veces desconcertantes.
Hay otros factores también nuevos. Casi todos nosotros crecimos dentro de una familia estable y tuvimos unos padres unidos de por vida por un matrimonio como institución inamovible. Muchos niños actuales, en cambio, han vivido la separación de sus padres y en bastantes ocasiones han presenciado cómo papá, mamá o ambos han pasado por diversas relaciones y cambios de pareja.
Todas estas circunstancias unidas han hecho que las relaciones íntimas entre ambos sexos dejen de pertenecer a eso “de lo que no se habla”. Cierto que si recordamos nuestra infancia con honradez y sin deformaciones, debemos admitir que nunca fuimos “unos santos”, pero manteníamos todo aquello de las “novias” y los “novios” en riguroso secreto, mientras que actualmente los niños se esconden menos y ya no tienen aquel temor reverencial a manifestar sus vivencias e inquietudes en el terreno sexual.
Para completar el panorama las chicas, ayer candidas e inocentes (al menos en apariencia), han cambiado. Los varones ya no tienen el monopolio del atrevimiento y la picardía. Y esto descoloca a los nuevos padres.
Todos ellos son cambios positivos en buena medida, pero nos toman por sorpresa.
Analía se queda petrificada cuando oye a su hija, de once años, decir lo “bueno” que está Emanuel, su compañero del colé, y cómo le encantaría ser su “novia”.
Lo mismo les ocurre a los padres de Ignacio, de diez años, cuando el niño se jacta de que todas las chicas “están con él” y contabiliza los “besuqueos” que se ha dado con cada una.
No obstante, no hay que poner el grito en el cielo, pues los enamoramientos, la curiosidad sexual -y también los juegos sexuales- de los niños no son cosa de ahora, sino de siempre. La sexualidad acompaña al ser humano toda su vida y se manifiesta ya desde la primera infancia.
Muchos mitos y miedos se van transmitiendo a través de las distintas generaciones. Entre ellos, los más comunes a los que algunas familias hacen referencia son: Temor a bañarse y/o lavarse el cabello, consumir limón, no poder realizar actividad física, etc., porque podría cortar la menstruación. Uso de tampones. Existe el prejuicio, sobre todo de ¡as mamas, por pensar que pueden ocasionar alteraciones. Múltiples investigaciones científicas confirman que, cuando se los utiliza correctamente en la adolescencia, no provocan cambios en la flora vaginal, ni alteran la estructura del himen. Si no existe un rechazo importante, es conveniente que el médico explique y enseñe a la niña a usarlos, ya que brindan mucha comodidad y posibilitan el uso de trajes de baño, concurrir a la piaya o a la pileta, etc.
“Me indispuse” ,”me enfermé” A través de estas frases se puede interpretar que, en algunos casos, la menstruación aún es considerada como algo que ocurre siempre, pero que no es normal, que es molesto, doloroso, sucio, etc. De esta manera se facilita la aparición de múltiples síntomas. No puede quedar embarazada. Otro falso concepto, es que una adolescente que recién comienza con sus ciclos menstruales, no puede quedar embarazada. Sin embargo, la elevada incidencia de embarazo a edades tempranas demuestra lo contrario. En los primeros años que siguen a la menarca, los ciclos pueden ser muy irregulares, y ello no es sinónimo de infertilidad en las adolescentes, sino que forma parte del desarrollo y maduración del eje hormonal.
Aproximadamente después de tres años de producida la menarca, en el 75-80 por ciento de las adolescentes los ciclos ya son regulares.
Hipermenorrea: puede ser la expresión de una enfermedad o una característica constitucional de la mujer. La menstruación abundante en exceso puede ser una característica de determinada mujer o, como ocurre con frecuencia, la expresión de una enfermedad que afecta al útero o a la coagulación de la sangre. También se observan menstruaciones muy abundantes en pacientes hipertensas (aunque éste no sea un síntoma habitual de la hipertensión).
Según la paciente y la técnica empleada, algunas mujeres manifiestan aumento de la sensibilidad dolorosa en las menstruaciones, las ovulaciones c inclusive las relaciones sexuales. No existe ninguna otra alteración del período menstrual atri-buible a la ligadura tubaria. En caso de querer “arreglar” una trompa ligada, y según la técnica empleada, en el mejor de los casos sólo se logra el éxito en un 35 por ciento. El resto deberá recurrir a la fertilización asistida. En nuestro país existe controversia acerca de la legalidad de este procedimiento. En Brasil y Chile es una práctica habitual, muy difundida, así como en los Estados Unidos, Australia y la mayoría de los países europeos y asiáticos.
Muchos países con alta tasa de natalidad y mortalidad maternoinfantil han recurrido a la ligadura tubaria como una solución de emergencia para proteger las vidas de las mujeres. En esta region no ha encontrado hasta el momento aceptación generalizada, seguramente por la controversia legal existente. Una ley muy antigua penaliza el procedimiento, si bien existen numerosos fallos judiciales -cada día más frecuentes- que la autorizan Se trata de un método drástico que jamás debería ser aplicado a una mujer joven con posibilidad futura de tener más hijos.
Los estudios necesarios en cada caso sólo pueden ser indicados por un ginecólogo especializado en Medicina Reproductiva después de una entrevista personal, en lo posible con ambos miembros de la pareja. Las causas de esterilidad conyugal son múltiples: malformaciones uterinas, infecciones en el hombre y la mujer, desórdenes hormonales, alteraciones del semen, enfermedades, como la endometriosis… Se aconseja hacer el dosaje de HCG (test de embarazo de farmacia o en laboratorio) con la primera orina de la mañana, luego de algunos días de atraso menstrual (tres a diez días). El embarazo puede carecer de síntomas o tenerlos todos juntos: náuseas, vómitos, somnolencia, tensión y dolor mamario.









