Hipermenorrea: puede ser la expresión de una enfermedad o una característica constitucional de la mujer. La menstruación abundante en exceso puede ser una característica de determinada mujer o, como ocurre con frecuencia, la expresión de una enfermedad que afecta al útero o a la coagulación de la sangre. También se observan menstruaciones muy abundantes en pacientes hipertensas (aunque éste no sea un síntoma habitual de la hipertensión).
Archivo para la Categoría » Educación sexual «
Según la paciente y la técnica empleada, algunas mujeres manifiestan aumento de la sensibilidad dolorosa en las menstruaciones, las ovulaciones c inclusive las relaciones sexuales. No existe ninguna otra alteración del período menstrual atri-buible a la ligadura tubaria. En caso de querer “arreglar” una trompa ligada, y según la técnica empleada, en el mejor de los casos sólo se logra el éxito en un 35 por ciento. El resto deberá recurrir a la fertilización asistida. En nuestro país existe controversia acerca de la legalidad de este procedimiento. En Brasil y Chile es una práctica habitual, muy difundida, así como en los Estados Unidos, Australia y la mayoría de los países europeos y asiáticos.
Muchos países con alta tasa de natalidad y mortalidad maternoinfantil han recurrido a la ligadura tubaria como una solución de emergencia para proteger las vidas de las mujeres. En esta region no ha encontrado hasta el momento aceptación generalizada, seguramente por la controversia legal existente. Una ley muy antigua penaliza el procedimiento, si bien existen numerosos fallos judiciales -cada día más frecuentes- que la autorizan Se trata de un método drástico que jamás debería ser aplicado a una mujer joven con posibilidad futura de tener más hijos.
Los estudios necesarios en cada caso sólo pueden ser indicados por un ginecólogo especializado en Medicina Reproductiva después de una entrevista personal, en lo posible con ambos miembros de la pareja. Las causas de esterilidad conyugal son múltiples: malformaciones uterinas, infecciones en el hombre y la mujer, desórdenes hormonales, alteraciones del semen, enfermedades, como la endometriosis… Se aconseja hacer el dosaje de HCG (test de embarazo de farmacia o en laboratorio) con la primera orina de la mañana, luego de algunos días de atraso menstrual (tres a diez días). El embarazo puede carecer de síntomas o tenerlos todos juntos: náuseas, vómitos, somnolencia, tensión y dolor mamario.
Tus dias fertiles deberían ser los tres o cuatro previos a la ovulación, que en los ciclos de 29-30 días ocurre 15 a 16 días después del primer día de menstruación. Las relaciones sexuales coitales en los días fértiles exponen al riesgo de embarazo. Por supuesto que éste no siempre ocurre, pero eso no debe tomarse como una ruleta ya que, si no hay alteraciones a otro nivel, lo más probable es que en dos o tres meses haya un embarazo.
Estudios efectuados hace ya más de diez años por el doctor Ricardo Asch en Orange Country, California, demostraron que antes de transcurridos quince minutos, los espermatozoides ya han alcanzado el’ interior del abdomen pasando a través del útero y las trompas. El encuentro con el óvulo se da en las trompas. El eyaculado normal tiene entre 2 y 3 ce. de volumen. Sólo los espermatozoides contenidos en él avanzan por el cérvix. Esta variable es muy grande como para dar una cifra constante.
Masturbación.
Ya hemos hablado de la sexualidad del niño. El tocarse los genitales o el jugar con otros niños «a los médicos» no es nada anormal. Más bien ocurre al revés: sería una señal de alarma si el niño nunca lo hiciera. Sólo si vuestro hijo se mastur-base constantemente, mostrándose además triste y retraído, tendríais que preguntaros qué es lo que le falta. Todo replegamiento sobre sí mismo indica la falta de algo. Un niño feliz ni se chupa constantemente el dedo, ni se atiborra de dulces, ni se masturba a todas horas, porque tiene muchas otras cosas que hacer. Lo que, por supuesto, no quita que de vez en cuando, todas estas cosas le causen placer y satisfacción.
Por ahí deben empezar los padres que quieren evitar una educación sexista y discriminatoria. Si la educación no les ha deformado (y eso ya puede empezar en la cuna), las niñas no son más frágiles o coquetas o lloronas o sensibles que los niños, ni éstos son más robustos o valientes o agresivos que ellas. Tampoco las niñas se chiflan más por las muñecas que los niños, y es fácil que un niño deje sus coches de carreras porque prefiere jugar a las casitas. En realidad, los niños hasta los tres o cuatro años son bastante «unisexo». No podemos saber a ciencia cierta si después se convierten en «mujercitas» y «hombrecitos» porque la naturaleza así lo ha dispuesto o porque las influencias exteriores les han forzado a cada uno en su dirección.
Se supone que para poder convertirse en adultos felices, cada niño y cada niña tienen que aprender a aceptar su propio sexo como algo positivo. Para ello disponen de su padre y de su madre como modelos a imitar. Algunos psicólogos agregan «…siempre que la madre sea auténticamente femenina y el padre auténticamente masculino…». Pero, ¿cómo se mide eso? Según los clichés corrientes, los hombres han de ser valientes, duros y ambiciosos, llenos de fuerza e inquietud por todo lo nuevo, mientras que de las mujeres se espera sensibilidad, sumisión, dulzura y bondad. Mirando a nuestro alrededor, todos conocemos hombres con cualidades «típicamente» femeninas y mujeres con otras «típicamente» masculinas, y las fronteras tienden a borrarse aún más.
Existen niños y niñas.
Dicen que hay una cosa llamada «envidia del pene» que lleva a la niña muy pronto a sentirse inferior a los chicos. Según el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, en algún momento de la infancia, los niños descubren que los chicos tienen un pene y las chicas no, lo que hace que la niña piense que le falta algo. El niño, en cambio, se siente mejor dotado por la naturaleza.
Desde el punto de vista de un hombre, esta teoría parece bastante lógica. Todos los niños toman como modelo y base de comparación su propio cuerpo que es el que mejor conocen. Así que un niño que vea por primera vez la vulva de una niña efectivamente puede pensar que se trata de un chico mutilado, porque la niña no posee aquello que él cree que es normal tener.
Pero para la niña, este razonamiento no es lógico en absoluto. Para ella, lo «normal» es el cuerpo suyo. Desde su punto de vista es mucho más razonable pensar: «¡Qué cosa tan rara le cuelga a ese niño!».
De hecho, muchas niñas no reaccionan de ninguna manera con un sentimiento de inferioridad cuando ven por primera vez el pene de un chico. La hija de una amiga, la mayor de dos hermanas que acababan de tener un her-manito. dijo al ver al niño desnudo: «Mamá, ¿cuándo se le cae esa cosa?». Para ella, el modelo de lo «normal» era su propio cuerpo y el de su hermana.
Actualmente se suele explicar el origen de esta teoría de Freud con las condiciones sociales que reinaban en la era victoriana: lo que las niñas envidiaban a los hombres no era el pene sino su mayor libertad, sus posibilidades de estudio y trabajo, que a ellas les estaban vedadas. Una niña que no es discriminada por serlo, no se sentirá inferior a ningún chico. Una mujer cuenta: «Fui la mayor de los cuatro niños que vivíamos en la misma casa; un hermano, un primo, una prima y yo. Como primer vastago del clan familiar, mi nacimiento había sido un gran acontecimiento para todos. Siendo la mayor, mandaba en todos los juegos. Tenía fama de no asustarme de nada. Nuestros padres nos dejaban mucha libertad (vivíamos en un pueblo) y tenían especial confianza en mi decisión y mi buen juicio… Nunca tuve envidia de mi hermano o de mi primo, sencillamente porque no hubo nada que envidiarles».
Afortunadamente, los tiempos han cambiado y situaciones tan extremas se dan pocas veces, aunque cada familia siga teniendo su estilo particular. Lo más corriente será, en la mayoría de los casos, que los niños vean a sus padres desnudos en los momentos en que resulta normal estarlo, o sea en el baño o cuando hace mucho calor, sin hacer ostentación de la desnudez.
En cuanto a las caricias y besos «diurnos» es totalmente positivo que los niños los presencien. ¡Si es bueno que los padres se quieran! Además, muchas veces los oirán discutiendo (aunque sea malo regañar delante de los hijos, es peor un ambiente gélido por la tensión reprimida), sin presenciar luego la reconciliación. Ya que todos viven bajo el mismo techo, que los niños no sean testigos sólo de lo malo sino también de lo bueno.
Un niño que se ha criado en un ambiente natural sin tabúes, no se asustará tampoco si sorprende a los padres haciendo el amor. Algunos incluso dirán interesados: «¿Puedo verlo?». Les podemos explicar que nos gusta más estar solos, igual que a él le pasará cuando sea mayor. Si-nuestro hijo es muy pequeño y un mal sueño le ha hecho venir a nuestro dormitorio justo en un momento inoportuno, no nos queda más remedio que interrumpirnos y acogerle; son gajes del oficio de ser padres.
Si estamos convencidos de que la sexualidad es algo bueno, no nos resultará demasiado difícil actuar con naturalidad, tanto frente a las preguntas del niño como en relación con nuestra propia sexualidad de adultos.









