A los cinco años, los niños entran en una fase especialmente equilibrada y armoniosa. Si hasta entonces el niño tímido o introvertido ha tenido dificultades para relacionarse con otros, los padres deberían tratar de nuevo de fomentar una amistad entre su hijo y un compañero de juegos que le resulte simpático.
En general, cualquier niño en edad preescolar juega mejor o con un solo amigo o en un grupo más grande. Las amistades entre tres son muy difíciles. Sólo los niños mayores de siete años son capaces de soportar los altibajos emocionales que suele conllevar una amistad entre tres.
Para ayudar a un niño retraído, los padres necesitan menos unos conocimientos concretos que una cierta sabiduría. Necesitan saber valorar la gravedad del problema e interpretar los pequeños progresos. Tampoco deben olvidar que pueden existir dificultades en el aprendizaje, disminuciones físicas o deficiencias sensoriales, en cuyo caso el niño necesitaría ayuda profesional.
Tener amigos es bueno, y antes de empezar la época escolar el niño debe haber aprendido a relacionarse con los demás. Normalmente, no habrá dificultades, aunque sí matices. Para el niño introvertido no es ninguna desgracia ser como es. Algún empujoncito por parte de los padres le ayudará a salir de su mundo solitario pero feliz, para tomar contacto con el exterior. El niño inhibido, el «quiero pero no puedo», necesitará más ayuda, en casos graves incluso la de un terapeuta.
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Niño introvertido
Marzo 24th, 2011Ayudar a un niño
Marzo 22nd, 2011Tanto el niño inhibido como el introvertido necesitan ayuda especial, el primero para que sea más feliz y logre lo que en el fondo de su ser desea y el segundo, porque en este mundo se necesita un mínimo de sociabilidad. En primer lugar, ambos necesitan ingresar urgentemente en un jardín dé infancia. Como mínimo, a los tres años un niño necesita entrar en contacto con otros chicos. Pero con el pequeño tímido hay que tomar algunas precauciones. Si su timidez se debe a fracasos vividos anteriormente hay que prepararle, no vaya a ser que nuevos fracasos refuercen su timidez. Conviene que sepa comer solo, ponerse el abrigo, ir al servicio… depende un poco de la clase de centro al que asista. Si hay niños más pequeños, más torpes que él. no son tan necesarias estas cualidades. Cualquier cosa que sepa hacer tan bien o mejor que los demás reforzará su ego. Por otra parte, por supuesto no estaría bien adiestrarle a toda prisa en estas habilidades exteriores para que vaya pronto al jardín de infancia y se haga independiente. No, los padres deben observar a su hijo, reflexionar sobre él, ponerse en su pellejo. Un niño tiene que haber tenido ocasión de ponerse en contacto con otros chicos en presencia de su madre o de su padre para poder soltarse de ellos e integrarse en un grupo. Normalmente, esto ocurre de todas formas, pero si el niño es muy retraído conviene que sus padres fomenten alguna pequeña amistad. Para ello han de saber que un niño de tres años entra más fácilmente en contacto con otros fuera de casa, por ejemplo, en un parque infantil. Si la madre observa que su hijo juega más con determinado niño que con un grupo más grande, conviene volver en cada paseo al mismo lugar, para que los dos tengan ocasión de verse todos los días. Más tarde podría hablar con la madre para que los niños se viesen también en las respectivas casas. Si hubiera ocasión de enviarles al mismo jardín de infancia, aún mejor. A esta edad ya se observan auténticas amistades. Una madre me contó: «Siempre que llevaba a mi hijo Jorge al jardín de infancia hubo lágrimas al despedirme de él. Pero si ya había venido Sara, una niña de su misma edad, podía marcharme tranquilamente. Los dos empezaban a jugar juntos y se olvidaban de todo lo demás».
Timidez en niños
Marzo 20th, 2011En los niños pequeños todavía no se distingue muy bien si son introvertidos por naturaleza o si su timidez se debe a una causa concreta.
Más tarde, en el colegio, los introvertidos suelen ser buenos estudiantes y esta ventaja sobre sus hermanos más «populares» les revaloriza a los ojos de sus padres, lo que, a su vez, logra hacerles más sociables (aunque no pierdan por ello su carácter tranquilo).
Uno de mis hijos, el mediano, ha sido uno de esos niños introvertidos, con un hermano mayor extraordinariamente bullicioso y otro menor que le hacía el juego al mayor. Se me partía el corazón cuando, con la típica crueldad de los niños, estos dos se burlaban de su hermano más dulce y tranquilo que ellos. Todavía me resuena en los oídos una cancioncilla nefasta que se habían inventado y que terminaba con el estribillo: «tííí-mido, tííí-mido, tí-tí-tí-tííímido». Naturalmente los padres les explicábamos que no todas las personas son iguales, pero quien tiene tres hijos sabe que no siempre se puede salir en defensa de uno, además de que con un excesivo proteccionismo sólo se consigue endurecer los frentes. Tratamos de ayudar a nuestro hijo con clases de judo (a ver si la superioridad física le hacía más agresivo), pero como era de esperar, nunca perdió su carácter introvertido. Durante toda la época escolar fue muy buen estudiante y hoy, a sus veinte años, le sigue gustando la lectura, los estudios y la vida tranquila.
Disciplina en el hogar
Marzo 14th, 2011En todos los parques infantiles del mundo los niños se quitan entre, sí los juguetes. Podemos explicarles que el otro niño se queda triste o proponerles que se dejen sus cosas mutuamente durante un rato, con lo que aprenderían también lo que significa «prestar». Pero es un aprendizaje muy lento y hay que tener mucha paciencia.
Dentro del marco familiar es difícil delimitar dónde termina el uso común de las cosas y dónde empieza el robo. Depende un poco de las costumbres de cada familia. Un niño puede pensar: «Lo que es de todos es también mío», como realmente ocurre con muchos objetos, como los muebles o la comida. Por eso, si queremos que nuestro hijo respete una cosa determinada, hay que decírselo expresamente: «Este collar es mío y no quiero que te lo pongas o lo lleves a tu habitación».
En algunas familias los niños tienen que pedir permiso para coger una fruta o una galleta; en otras no. A mí me parece completamente normal que un niño tome una manzana del frutero. Sin embargo, me fastidia si saquea la despensa para jugar a las tiendas sin avisarme antes, ya que a lo mejor, más tarde necesito algo para hacer la comida.
Por eso es importante hablar claramente para evitar malentendidos. A veces, los hermanos se roban cosas entre sí simplemente por fastidiar. No quieren el objeto en sí, sino vengarse por algo o hacer rabiar al otro. De forma esporádica se trata sólo de una manera de pelearse los hermanos, pero si ocurre a menudo, habrá que preguntarse si el «ladrón» no se siente inferior al hermano en cuestión y quiere compensarlo con los robos.
También cuando un niño roba en un ambiente ajeno al suyo, en una tienda o en casa de otra familia, hay que preguntarse cuáles podrían ser los motivos.
La sociedad de consumo
Marzo 12th, 2011En nuestra sociedad de consumo veo con asombro qué poco apego tienen los adolescentes a sus cosas y, al mismo tiempo, qué poco respeto por las de los demás. En mi casa lo mismo desaparecen un jersey o un par de botas como aparecen una camisa o un saco de dormir totalmente desconocidos. Mis hijos y sus amigos utilizan casi todas sus pertenencias en común y no les parece importar si algo no se devuelve. Claro que una camisa entre cinco no les importa tanto como al granjero americano su único caballo. En este sentido nuestra sociedad de relativa abundancia también tiene su lado bueno, ya que fomenta más el espíritu comunitario.
El niño pequeño todavía no distingue entre lo propio y lo ajeno. Si algo le gusta, va y lo coge. Esta es la forma primaria del «robo» infantil. La segunda forma sería quitar algo a alguien dentro del clan familiar y la tercera, aquello que en mayores se llamaría «hurto», es decir, quitar algo a terceros, por ejemplo, en una tienda o en el jardín de infancia.
En las tres formas siempre hay alguien que sale perjudicado, y por eso tenemos que enseñar a nuestro hijo que «no se roba». Pero sin hacer de esto una cuestión moral. Los niños sólo aprenden poco a poco que si ellos se apoderan de un objeto, necesariamente otro se queda sin él, y que eso no le gusta.
Como cuidar a nuestros hijos
Marzo 9th, 2011Lo mío y lo tuyo.
Si la sinceridad es una conducta deseada, el respeto por la propiedad ajena lo es aún más. Muchas veces, el niño parece demostrar con su comportamiento que el sentido de la propiedad es algo innato en el ser humano. «Mío, mío» grita desde pequeño.
El otro día, nuestro vecino Pedro nos iba a prestar unos discos, lo que suscitó gran excitación en su hija pequeña, de apenas dos años. Me tiraba de la falda y señalaba el estante de donde su padre los había sacado. «Mío, papá, papá, mío», gritaba.
Sin embargo, lo que a primera vista parece un fuerte sentido de posesión, en este caso se debe más bien a ese extraño sentido del orden de los niños pequeños. Igual que un horario regular, parecen necesitar ver que todas las cosas están en su sitio.
A lo largo de la Historia el sentido de la propiedad y los castigos que se infligían por los hurtos y robos han cambiado mucho (y en las diferentes culturas aún sigue siendo muy distinto). Y es lógico que si se tiene sólo lo esencial, este poco se defienda con más fuerza que lo que se posee en abundancia. En el Oeste americano, robar un caballo era el mayor de los crímenes y su propietario tenía pleno derecho a matar al ladrón, ya que el caballo era su único medio de transporte, vital para salvar las inmensas distancias hasta el próximo pueblo o entre un vecino y otro. Perder el caballo en muchos casos ponía en peligro la supervivencia.
Niños que dicen mentiras
Marzo 5th, 2011Si los adultos reflexionáramos un poco sobre nuestras propias mentiras seríamos más indulgentes con las mentiras de nuestros hijos. El que miente no tiene necesariamente «mal carácter». Quizá nosotros ya no mentimos por miedo a ser castigados (¿por quién?) y seguro que no decimos mentiras tontas para llamar la atención. Pero en todas las demás clases de mentiras damos ejemplo a nuestros hijos. Mentimos por consideración, por comodidad, para evitarnos molestias, por cortesía o para abultar una historia. Por lo tanto, antes de intervenir o incluso castigar, deberíamos pensar en el posible porqué de las mentiras de nuestro hijo. Por lo general, basta con llevarle suavemente a la verdad: «Recuérdalo bien, ha sido de esta otra manera, ¿no es cierto?».
Pasar una mentira completamente por alto podría significar negar al niño la ayuda que en este momento está necesitando, por ejemplo, cuando miente para llamar la atención.
Por lo demás, siempre hay que tener confianza en las fuerzas del bien. En algunos casos puede ser precisamente una mentira no descubierta la que lleva el niño a convertirse en una persona sincera.
Evitar conflictos
Febrero 12th, 2011Aprender a evitar enfrentamientos.
Más vale prevenir que curar y más vale evitar las crisis que tener que enfrentarlas. La educación no es algo que empieza cuando ya se ha producido el conflicto como si la palabra educar fuese equivalente a corregir. He llamado a este capítulo «los inevitables conflictos» para describir los problemas que más preocupan a los padres: las mentiras, los hurtos, y los caracteres difíciles, así como los pequeños o grandes trastornos que pueden presentar los niños, como hacerse pis en la cama, no querer comer, morderse la uñas y otros.
Pero con ello no quiero decir que esos conflictos sean absolutamente inevitables ni que se presenten en todos los niños. Sólo que a pesar de nuestra buena voluntad pueden ocurrir. Un niño es un ser vivo expuesto a muchas influencias y cambios; es imposible prever todo e impedirlo a tiempo. Tampoco surgen todos esos conflictos por «culpa» de los padres. Un ejemplo: un niño que se chupa el pulgar siendo ya mayor muestra, según los psicólogos, una conducta «regresiva». Vuelve a una etapa anterior en la que el succionar le proporcionaba, además del alimento, seguridad y bienestar. Por lo general, se considera que el niño vuelve a buscar estas sensaciones por tener la sensación de que no se le quiere o porque se le pide demasiado. Pero no hay que pensar enseguida que estamos desatendiendo a nuestro pobre hijo, sólo porque se chupe alguna vez el dedo. Puede haber vivido tantas emociones durante el día, en los juegos con los otros niños o en el jardín de infancia, que por la noche se «desconecta» del mundo de los niños mayores para descansar en ese sentimiento de seguridad de los tiempos en que era un bebé.
Criar un hijo
Febrero 2nd, 2011Lo más difícil es saber escuchar. También entre los adultos es un arte que no todos dominan. Mi madre, que ahora tiene 77 años, toda la vida ha sido una maravillosa «escuchadora». Familiares, amigos, vecinos, los clientes de su pequeña mercería y hasta extraños le contaban sus problemas, aunque la mayoría de las veces ella no decía mucho más que «ah sí», «ya comprendo», «¿de verdad?» o «mmm».
Thomas Cordón llama estas sencillas muestras de atención «abrepuertas». Dan al que habla la sensación de que se está atento a sus palabras, de que se encuentra interesante lo que dice, de que se le toma en serio. Con ellas, ni se expresan juicios ni se dan consejos.
Cuando nuestros hijos nos cuentan algo, por lo general solemos ser demasiado rápidos con nuestras respuestas. Criticamos, mandamos, regañamos, consolamos, explicamos, interpretamos, pero no les damos la oportunidad de decir todo lo que quieren contarnos. Nuestra impaciencia no nos permite captar el mensaje que hay detrás de sus palabras. Gordon, a pesar de referirse en su libro a niños más mayores, cita el siguiente ejemplo de un niño de cinco años:
«Juan: Tomás no quiere jugar conmigo. Siempre quiere hacer otra cosa que yo.
Madre: ¿Por qué no haces tú lo que dice él? Los niños no deben regañar (aconsejar, moralizar). Juan: No quiero jugar a sus juegos aburridos. Y además, es tonto.
Madre: Entonces vete a jugar con otros niños si no sabes hacerlo con tus amigos (mandar, criticar).
Juan: El que no sabe jugar es ese tonto, no yo.
Madre: Tienes mal humor porque estás cansado. Mañana ya jugarás otra vez (interpretar, tranquilizar).
Juan: No estoy cansado y no quiero jugar mañana. Tomás es un imbécil.
Madre: Bueno, ya está bien. Si te oigo hablar otra vez así de tus amigos… (mandar, regañar).
Juan, alejándose enfadado: Bah, no quiero hablar más contigo».
Si esta madre hubiera conocido el secreto de los «abre-puertas», habría sabido escuchar mejor el mensaje de su hijo, ayudándode a encontrar una solución.











