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Libros de cuentos para niños

Son una fuente inagotable de placer y aprendizaje. Cada aula debería disponer de su pequeña biblioteca y de un rincón tranquilo y cómodo donde los niños puedan ver sus cuentos favoritos.
En el mercado existe una gran variedad, y cada modelo se ajusta al momento evolutivo: de plástico, cartón o papel; con una sola imagen por página o con una secuencia completa; con texto breve, largo o sólo con dibujos; con pocos personajes o con muchos… Hay que ser cuidadosos en su selección para garantizar que transmitan valores como la amistad, la solidaridad, el respeto a la diversidad, la igualdad entre los dos sexos, etcétera.

Contar cuentos para dormir

A partir de los tres años, podemos contarles cuentos, empezando por Caperucita Roja, Hansel y Gretel, La Bella durmiente… Los cuentos son importantes para los niños porque plasman los grandes temas de la vida: se premia a los buenos y se castiga a los malos, reinando al final siempre el bien y la justicia.
La poesía, siempre que les guste a los padres, puede dar un toque de oro a la comunicación con el niño. A los cuatro ó cinco años, ya entenderá alguna composición sencilla. Y si no la comprenden del todo, siempre les quedará la magia del recuerdo de unas horas entrañables.

El mundo de la poesia infantil

Ocurre que el universo de la poesia infantil involucra desde los personajes más insólitos hasta los más cotidianos, desde los sentimientos más simples a los más inexplicables, los mundos más remotos y los más cercanos. Un rasgo de estos poemas es que casi siempre van acompañados por bellas ilustraciones que enriquecen el mundo creado por el poeta. ¿Que los chicos no entienden la poesía? Este prejuicio fue acertadamente refutado por el especialista francés Marc Suriano en su libro La literatura para niños y jóvenes, cuando cita a Juan Ramón Jiménez, quien en su Verso y prosa para niños reflexionó: “En casos especiales, nada importa que el niño no lo entienda, no lo conprenda todo. Basta que tome el sentimiento profundo, que se contagie el acento como se llena de la frescura del agua corriente, del calor del sol y de la fragancia de los árboles; árboles, sol y agua que ni el niño ni el hombre ni el poeta mismo entienden en último término lo que significan”.

Cuentos para niños infantiles

Los libros y los cuentos estimulan extraordinariamente la inteligencia y el lenguaje del niño. Todos sabemos que sólo el lenguaje hace posible el pensar. Si nos faltasen las palabras adecuadas no podríamos formular en nuestra mente ideas complejas. El lenguaje nos hace independientes de los objetos materiales visibles, nos capacita para movernos también en el pasado y el futuro, y posibilita manejar conceptos abstractos.
En los cuentos y los libros se utiliza un lenguaje distinto al que hablamos en casa, además de aprecer en ellos constantemente situaciones y palabras nuevas. Todo ello amplía el lenguaje y la capacidad de comprensión de los niños.
Casi se puede decir que ya se decide en la cuna si más tarde nuestros hijos se convertirán en auténticos lectores o sólo en alfabetos, en el sentido de saber leer y escribir. Desde los primeros versos rítmicos hasta las canciones y los cuentos, todo despierta en el niño el gusto por la palabra escrita, por la poesía y la literatura. Y quien disfruta con la lectura tiene su «cultura» asegurada. ¡Dónde estaríamos todos si nos hubiéramos estancado a los 16 o los 20 años, una vez terminada nuestra educación «oficial»! Quien ama los libros sigue aprendiendo durante toda su vida. Si logramos despertar en nuestros hijos el gusto por la lectura, les habremos proporcionado un tesoro inagotable, no sólo de saber sino también de felicidad, porque en compañía de un buen libro nunca se sentirán solos.

Cuentos para niños con valores

Los niños disfrutan más si les contamos estos cuentos en vez de leérselos. Nuestros gestos, la expresión de nuestra cara hacen que no sólo los oigan sino que también los vean. Imitamos el andar de Caperucita cuando va por el bosque recogiendo flores; la aparición del lobo se refleja en nuestro rostro; el «ñám» con que se come a la niña y la abuela señala que las traga enteras (lo que resta crueldad y anticipa ya que más tarde volverán a aparecer sanas y salvas).
No todos los padres tienen este talento mímico, de manera que en una familia será el padre y en otra, la madre quien hace de «cuentista». En mi propio caso era mi padre quien nos narraba cuentos: noche tras noche, antes de acostarnos, nos contaba un capítulo de una larga historia inventada por él, cuyos personajes principales se llamaban Caquelao y Fiselina. Metía en el cuento elementos de todo lo que había leído, desde cuentos populares hasta obras de la literatura mundial.
Tampoco deben faltar en la vida de un niño los libros de láminas, que al principio sólo tendrán dibujos claros y grandes. A partir de los tres-cuatro años ya pueden tener más detalles e ir acompañados de un pequeño texto (que enseguida se lo sabrá de memoria).

Cuentos para niños y niñas

La selección de los cuentos se adaptará a la edad de los niños. A los más pequeños les contaremos Caperucita roja y Los siete cabritos. El niño encuentra en ellos numerosas relaciones con su propia vida, seguidas de una pequeña moraleja. Más tarde pasaremos a La bella durmiente, Blancanieves, La Cenicienta y otros menos conocidos (existen varias ediciones bonitas de los cuentos de Grimm en el mercado).
Los cuentos de Andersen y los de las «Mil y una noches» son todavía un poco difíciles para niños menores de cinco años, aunque también entre ellos encontramos algunos sencillos, como «La niña de las cerillas» o «El pequeño Muk». También puedes de ver como hacer manualidades infantiles con tu hijo para eso te recomendamos ver manualidades navideñas.

Cuentos infantiles para leer

La magia de los cuentos.
Ningún niño debería criarse sin cuentos. Lo que para el bebé son las nanas y los versos infantiles lo son para el niño un poco mayor los cuentos: les proporcionan la cercanía y la dedicación de los padres a la vez que importantes estímulos para la inteligencia y la imaginación. Pero contar cuentos no es sólo «útil» sino sencilla-mante una gozada, tanto para el que cuenta como para el que escucha. Las horas más entrañables con mis hijos han sido las que hemos pasado con los hermanos Grimm, con los personajes de un libro que se llamaba «La vieja casa» y, más tarde, también con Andersen. No sé si nunca hemos leído cuentos en verano; ahora todos lo asociamos con tardes impasibles de invierno, sentados en la alfombra del salón, los chicos echados de bruces, todo oídos. Si su niño es grande ya podemos recomendar un sitios para que vea peliculas infantiles en Estrenos De Cine.
En realidad, los cuentos populares no han sido inventados para los niños sino que en los siglos pasados fueron el alimento espiritual, pasado de boca en boca, de la gente sencilla. Los personajes son todos muy simples, muy buenos o muy malos. Lo mismo ocurre con las circunstancias exteriores: los ricos viven en un castillo y comen con cucharas de oro; los pobres lo son tanto que el pan no alcanza para los hijos. Estos detalles se graban profundamente en la mente de los niños. El mundo descrito en blanco y negro corresponde a su necesidad de sencillez, igual que la sucesión lineal de los acontecimientos. En los cuentos, las imágenes no se superponen, ni se salta del futuro al pasado y viceversa, como ocurre en las películas y en muchas novelas. Todos empiezan con un «erase una vez…» y todos terminan «y vivieron felices…». Por eso los niños los aman tanto. Y naturalmente también porque finalmente siempre triunfa el bien, se hace justicia, ganan los más humildes y débiles. No son las bellas y orgullosas hermanas las que se casan con el príncipe sino la humilde Cenicienta. Es el más joven y torpe de los hijos del rey el que vence al dragón. Y el lobo, después de haberse comido a Caperucita y a la abuela, recibe su merecido.