Archivo para la Categoría » Consejos «

¿Cómo prevenir las caries en el niño?

Una dieta equilibrada. El azúcar que ingerimos se convierte en ácido en menos de 15 minutos y la placa, donde se alojan los gérmenes, ante la presencia del ácido ataca la superficie de los dientes. Por ello una dieta equilibrada tiene gran importancia para la salud dental, ya que la interacción entre los restos alimentarios y las bacterias bucales, formadoras del ácido, producen la descalcificación y desmineralización de la superficie de los dientes ocasionando las caries. Un correcto cepillado dental. Los dientes deben cepillarse después de cada comida y antes de acostarse (esta última es la higiene más importante, por el tiempo que permanecen los gérmenes en la boca). Existen varias técnicas de cepillado, pero la mejor es la que consigue mantener los dientes sin la presencia de gérmenes, no importa cuál de ellas sea.

Es de suma importancia higienizar adecuadamente las caras extemas, internas y masticatorias, y las caras proximales (entre diente y diente). Normalmente cepillamos las tres primeras y nos olvidamos de limpiar la última. Para hacerlo hay cepillitos como limpiapipas que cumplen correctamente esta función.
Cada vez que nos miremos en el espejo, aprovechemos y observemos detenidamente nuestros dientes: ellos son parte de nuestro cuerpo. Si fueron detenidamente higienizados, evitaremos disgustos en el futuro.

En caso de extravío

El mundo se nos viene encima. Cualquiera que haya pasado por la experiencia de perder a un chico sabe que la angustia es espantosa. ¿Dónde estará? ¿Qué va a ocurrirle? ¿Dará con algún desalmado?… En esos momentos parece inevitable que nos vengan a la mente los más terribles titulares de las páginas policiales.
¿Y qué siente el pequeño? Podemos imaginarlo. Tal vez muchos de nosotros tengamos entre nuestros recuerdos infantiles un episodio de este tipo. Ese día en que, distraídamente, tomamos la mano de alguien que no era nuestra mamá, miramos para arriba y, en ese mundo enorme, lleno de gigantes, no encontramos ninguna cara conocida… Un niño solo, perdido, llorando amargamente, gritando “mamá” es la perfecta imagen de la desolación.
Todos los padres debemos saber cómo actuar en el caso de que nuestros hijos se pierdan; o mejor aún: aprendamos a evitar que esto ocurra.

¿Por qué se toca las orejas insistentemente?

La pasión de tu hija por sus orejas es del todo normal. Los bebés van descubriendo su cuerpo poco a poco, y lo hacen palpándolo y manoseándolo mucho. Las partes del cuerpo más fascinantes suelen ser los deditos de los pies y de las manos, las orejas y las zonas de mayor sensibilidad: el pene en los varoncitos y el clítoris en las nenas. Si a tu hija le resulta agradable y placentero juguetear con sus orejas, no debes intentar evitarlo. Procura ser paciente e indulgente con ella. Normalmente, este tipo de hábitos desaparece en forma espontánea con el transcurso del tiempo. Ahora bien, si ves que la pequeña empieza a frotarse las orejas, a rascárselas o a tirar de ellas con fuerza, si se queja o parece molesta al hacerlo, o si observas algún otro signo anómalo, conviene que la lleves enseguida al médico, para descartar una posible infección de oído.

¿Por qué se resfría tanto?

Las infecciones respiratorias son muy frecuentes durante toda la infancia. Sin embargo, algunos chicos las padecen con tanta asiduidad que los padres se inquietan. ¿Es normal que se enfermen tan a menudo?
Si un chico sufre muchas infecciones es necesario que el médico haga un estudio con el fin de descartar que existe algún foco responsable de las constantes recaídas. Esto no sería preciso en caso de que el niño padeciera varios resfríos o catarros al año, pero en el intermedio de ellos se encuentre bien.
En lo que respecta a las dolencias que afectan al sistema respiratorio, el foco infeccioso del pequeño puede estar en las amígdalas (amigdalitis), las adenoides (vegetaciones) o los senos (sinusitis). Cuando existe un foco de hipertrofia de adenoides, el síntoma más importante y característico es una otitis reiterativa.
Si el foco está en las amígdalas, el signo más llamativo son las anginas continuas, con formación de placas de pus y fiebre insistente. Por su parte, el foco de sinusitis ocasiona catarros constantes, acompañados de dolor de cabeza, si bien se da en niños más mayordtos. El hecho de que un chico se enferme muy seguido puede deberse también a que tenga las defensas bajas, como consecuencia de un trastorno de sus gammaglobulinas. No obstante, se trata de una posibilidad rara que es posible descartar hadendo un simple análisis de sangre.

¿Cómo percibe el niño estas reacciones?

Al principio, cuando el termómetro no alcanza los 38 grados, tiene sensación de frío y escalofríos y, si lo tocamos, podemos notar que su piel se encuentra más fresca y seca que de costumbre. Además, observaremos que está pálido. Pero, si su temperatura sobrepasa los 38°, está acalorado y transpirado, sus mejillas enrojecen y la piel se vuelve húmeda.
Distintos tipos de fiebre.
Siempre que el termómetro marque más de 37 grados, hay que considerar que existe fiebre. No debemos olvidar que la temperatura baja no es sinónimo de enfermedad banal, ni al revés. Algunos males sin importancia provocan temperaturas altas, y trastornos más serios pueden dar tan sólo unas décimas.

Tratamiento general contra la fiebre

Compresas de agua tibia en la frente, las axilas, el cuello y las ingles. Un baño en agua tibia (cuando el niño entra, el agua estará un grado por debajo de su temperatura y, poco a poco, se añadirá fría hasta que se quede en 30 grados).
Contra la sudoración:
Hay que desprenderlo de la ropa innecesaria y darle abundantes líquidos para beber. Así compensamos los que está perdiendo con la transpiradón.
Contra el dolor:
Reposo (en cama si lo desea) y una analgésico que sea antitérmico a la vez, por ejemplo: Aspirina, paracetamol…

Qué sucede al subir la temperatura

Ciertos síntomas aparecen casi siempre que el termómetro se eleva por encima de los 37°.
Aumento del número de pulsaciones.
Con la fiebre se acelera el metabolismo: los tejidos requieren mayor aporte sanguíneo y el corazón debe latir más rápido. Por cada grado que aumente la temperatura, se producen 15 ó 16 pulsadones más por minuto.
Jadeos al respirar.
Si hay más pulsaciones y las células necesitan más aporte de oxígeno, el ritmo respiratorio también debe aumentar.
Cara enrojecida, sensación de calor y sudoración abundante.
Los vasos capilares de la piel se dilatan para eliminar el exceso de calor. La sudoración también responde a esta necesidad.
Dolores musculares, escalofríos y temblores.
Una vez más, el aumento del metabolismo es la causa. Cuando el organismo ha utilizado todos los azúcares que necesitaba, recurre a las proteínas de los músculos.
Malestar general.
Duele la cabeza, molestan los ruidos y la luz, hay decaimiento… Los más pequeños pueden también estar inapetentes y sufrir náuseas y vómitos.

Cuando el niño tiene fiebre

Se podría decir, sin miedo a equivocarse, que la gran mayoría de las consultas al pediatra están motivadas por la aparición de fiebre. Y es que todos los padres saben que este síntoma indica que el niño está sufriendo una enfermedad. Su alarma es normal, aunque no tiene por qué tratarse de algo importante.
Un termostato en el cerebro. Para comprender las reacciones que se desencadenan cuando aparece la fiebre, conviene conocer cómo regula el organismo su temperatura en condiciones normales.
El mecanismo es el siguiente: en el cerebro hay una especie de termostato que mantiene la temperatura corporal a unos 37 grados, independientemente de la que haya en el exterior. Cuando el ambiente es caluroso, envía una orden a los capilares de la piel para que se dilaten y activa la sudoración. Así consigue desprenderse de calor.
Si, por el contrario, hace frío, el termostato ordena a los músculos que se contraigan y a los capilares que se estrechen, y como consecuencia de ambos mecanismos, se genera calor.
Pero, una vez que el cuerpo es invadido por virus, bacterias u otros agentes patógenos, se producen unas sustancias (conocidas como pirógenas) que actúan alterando el centro regulador de la temperatura. Entonces el organismo reacciona como si hiciera frío: produce calor. Los músculos se contraen y los capilares se estrechan.

Consejos de pedagogos

Los pedagogos no se cansan de repetir que los padres deben jugar con sus hijos tan frecuentemente como puedan. Ahora bien, eso no significa que deban dedicarles todo su tiempo. Hay veces en que uno está ocupado, cansado, distraído…. y no hay que culpabilizarse por eso. El problema radica en que es relativamente fácil decir no si uno está alterado; en cambio, cuesta mucho negarse cuando hay tiempo para jugar, pero no ganas. Y tampoco se puede esperar que ellos lo acepten con agrado. ¿Alguien puede imaginar a su hijito diciendo algo así: “Mamá, te noto cansada, deberías acostarte un rato en la cama?”. No pasa nada si alguna vez tienes que contrariar a tu hijo. Pero es importante hacerlo sin que se sienta mal por haber preguntado.

No es lo mismo despacharlo con un malhumorado “¡No puedo!”, que decir: “Se que quieres jugar conmigo, pero ahora tengo que preparar la cena” (o “ahora me gustaría leer el diario”). Si le hablas con naturalidad, sin dar explicaciones exageradas ni pedir perdón, el mensaje que recibe es que todo el mundo necesita tiempo para sí mismo. Además, si habitualmente juegas con él, no le importará tanto que alguna vez le des un no por respuesta. (No olvides que ese rato de juego debe ser de dedicación exclusiva: nada de telefonear a una amiga ni mirarla tele).Y si tu hijo se empecina en jugar siempre a lo mismo, justo a eso que tanto te cansa, deberás proponerle otras actividades que puedan ser atractivas para ambos.

Signos de alarma con el gateo

No es posible dar una edad exacta de cuándo un chico debe finalizar el gateo, ponerse de pie o comenzar a caminar. Cada uno es diferente y crece a su ritmo. Pero sí se establecen límites que pueden alertamos de que algo no anda bien.
Un chico que no se sienta a los 10 meses o que no camina entre los 15 y 17 meses, puede padecer algún tras-tomo; se debe acudir al especialista.
Los pequeños con bajo tono muscu-ar -hipotónicos- suelen ser excesivamente tranquilos y pasivos. Necesitan estimulación y ejercicio.
Si cuando comienza a caminar se observa una dificultad marcada, es prenso consultar con el pediatra. Una tocación de cadera puede ser la causa.