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Pechos que amamantan

Unos tres días después del alumbramiento, la producción de leche ya empieza a funcionar bien. Esto implica que los pechos aumentan bastante y que la piel que los recubre se vuelve más tirante. A veces las mamas están tan repletas de leche que duelen. Estas molestias se alivian considerablemente al poner unos paños húmedos -tibios antes de amamantar al bebé y fríos después-. Otra precaución muy importante es llevar un corpino especial para evitar que el mayor peso de los senos tire de la piel y la haga ceder sin necesidad.

Al finalizar la lactancia, las glándulas mamarias comenzarán a reducirse automáticamente y volverán a su tamaño normal. Para algunas madres supondrá quedarse incluso con los senos más pequeños que antes. Y debido a este cambio de tamaño, tendrán una textura más blanda y el pecho resultará más caído.

¿Por qué no quiere comer nada al mediodía?

“Si lo analizas, te darás cuenta de que lo que come tu hijo es suficiente”, dice el doctor Carlos González, pediatra. No sólo porque sumando las cantidades diarias (que detallas en tu carta) hay alionas de sobra, sino sobre todo, porque, si no fuera así, el niño estaría adelgazando.
Un chico de dos años necesita comer menos que uno de un año, y esto es algo que a menudo se descuida. “Tu hijo no tiene que comer más. Lo que necesitas es que coma lo mismo, pero con alegría.” No lo obligues si no tiene hambre y procura variar su dieta, que incluye demasiados lácteos. “Para comer otras cosas, tendrá que tomar menos leche; de lo contrario, no le va a caber nada más.”

¿Qué hacer si el bebé come mal?

El cambio de alimentación puede venir acompañado de una aparente inapetencia en el bebé. Los padres se preocupan cuando empiezan a pensar que su hijo puede estar mal nutrido porque come demasiado poco. Es común oír a muchas personas quejarse de que su hijo “come mal”.
Pero, si nos detenemos a pensarlo, nos daremos cuenta enseguida de que los niños nunca “comen mal”. El apetito es el medio que tiene el organismo de indicarnos que necesita comida para seguir funcionando. Cuando el cuerpo no precisa alimentos, no se produce la sensación de hambre. Cualquier ser humano, antes de desnutrirse, pasa un hambre terrible y es capaz de comer cualquier cosa que se le ofrezca, incluso aunque no le agrade el sabor. Y a los bebés les ocurre lo mismo: comen hasta donde les indica su hambre que deben comer.
Según señala el especialista, “cuando se empiezan a introducir otros alimentos distintos de la leche, se deben ofrecer siempre en pequeñas cantidades y sin forzar al pequeño” Por eso la persona que se encargue de dar al bebé el puré o la papilla, debe tener paciencia y compartir con él este momento con alegría. No vale la pena pasar un mal momento y hacérselo pasar a él porque no cumpla nuestras expectativas en cuanto a la cantidad que ingiere. La hora de comer debe convertirse en un momento de comunicación placentero y servir de vínculo entre padres e hijo.
Lo que se puede hacer es probar a ofrecerle al niño la comida un poco más tarde. Aunque ahora no la quiera, tal vez al cabo de un rato sí la desee y entonces será fácil darle su porción. De esta forma las comidas son mucho más agradables para todos.
El pediatra explica que, en el caso de los niños amamantados, “los alimentos deben ofrecerse siempre después del pecho y no antes. Tampoco es adecuado sustituirles una toma por la fruta o los cereales, ya que la leche materna es mucho mejor alimento que estas comidas. Muchos niños de pecho no aceptan al principio estas cosas, y esto se debe a que no las necesitan. Con frecuencia -continúa el pediatra, he encontrado chicos que no querían tomar nada más que el pecho hasta los ocho o diez meses y algunos incluso más. Estos bebés están perfectamente alimentados y cualquier intento de obligarlos a comer suele ser contraproducente”.
En algunos casos, los chicos que han sido obligados a comer en su primera infancia tienen problemas durante años. Convertir la comida en una imposición es un error que, a veces, los padres cometemos con la mejor de las intenciones. Disfrutar de los alimentos es uno de los grandes placeres de la vida y los bebés pueden y deben vivirlo así desde el nacimiento.

Lácteos y derivados

Con respecto a tu primera preocupación, el requerimiento mínimo de lácteos y derivados durante el embarazo es de aproximadamente el equivalente a 500 a 750 ce de leche como mínimo. Eso significa que, para cubrir el aporte, necesitas una porción generosa de quesos, un yogur y dos vasos grandes de leche por día. En su defecto puedes reemplazarlo por, al menos un poco de queso y leche (o yogur) por día y una tableta de calcio medicinal. La falta de este mineral en la dieta de la embarazada perjudica sus huesos y uñas (de algún lugar tiene que salir el calcio que necesita el bebé en crecimiento). Una carencia acentuada repercutirá en un mal desarrollo de los pequeños huesitos del bebé y de sus gérmenes dentarios.

Comidas para los niños de 12 meses

A los 12 meses de edad los niños pueden integrarse a la mesa familiar. Ya no come a libre demanda y se puede adaptar al ritmo de los demás integrantes de la casa. Es aquí donde tiene sus primeras experiencias de socialización en torno a las comidas y aprende cómo comportarse.

Cómo preparar los alimentos para el bebé

Preparar los alimentos.
La forma en que cocinamos un alimento no solamente afecta su sabor sino también su valor nutricional final. Por ello recomendamos utilizar: el horno, la plancha, el microondas, el vapor y el hervido con poco agua. Por el contrario no proponemos a las frituras en la rutina diaria, ya que los aceites a altas temperaturas cambian su estructura química generando compuestos que no son recomendables para la salud de los niños, ni de los adultos. Por otra parte sabemos que por su atractivo sabor, las frituras serán la elección más frecuente en las salidas o reuniones sociales, por lo que no debemos proponerlas desde el hogar.

Aceites y grasas de origen vegetal

Aceites y grasas deben ser principalmente de origen vegetal. En general el aceite de maíz es el mejor tolerado por los más chicos, pero puede ser apropiado utilizar mezclas de aceites o diferentes variedades para diferentes comidas.

Las frutas y verduras para la alimentación del bebé

Las frutas y verduras no pueden estar ausentes en el día, ya que aporta importantes cantidades de vitaminas, minerales y fibras. Siempre que sea posible, deben ser consumidas crudas y si se cocinan, debe utilizarse poca agua para evitar la pérdida de nutrientes. Muchas veces no son las preferidas por los niños, pero debemos armarnos de paciencia, ofrecerlas una y otra vez, creando nuevas recetas y formas de presentación. No olvidemos que con las verduras también se pueden preparar milanesas, croquetas, empanadas, etc. Por otra parte, la gran variedad existente de frutas y verduras debe estar presente en la mesa familiar para que el niño las conozca y se acostumbre a los diferentes colores, sabores y texturas.

Horarios de comidas para el bebé

Horarios de comidas.
Establecer horarios para las 4 comidas diarias es un hábito muy recomendable, ya que permite al niño identificar las señales fisiológicas de apetito-saciedad, y evitar así que se convierta en un picoteador. El desayuno se vuelve fundamental ya que es la primera comida que interrumpe el ayuno nocturno, y le brinda al niño la energía necesaria para afrontar los requerimientos físicos e intelectuales del día. Por otro lado, evita acumular apetito para la siguiente comida, causa, entre otras, de obesidad infantil.

Las necesidades de los diferentes nutrientes dependen de la edad y de la actividad física del niño. Para que las mismas estén contempladas deben estar presentes en su alimentación, los siguientes grupos: frutas, verduras, lácteos, carnes, cereales, huevos y aceites. Es inevitable combinar estos alimentos con las excepciones (golosinas y comidas rápidas) que son tan atractivas para los niños. Cabe destacar que los alimentos no son ni buenos ni malos, lo que debemos preguntarnos es: ¿cuánto? ¿con qué frecuencia? y ¿para quién?

Problemas con la mamadera

Cuando Rodrigo pretende tomar la mamadera de su hermanita, su mamá le dice risueñamente: “A mi niño le gustaría ser chiquitito otra vez”. Lo dice en un tono tierno y divertido, sin enojo ni burla. Establece así una complicidad con su hijo y le demuestra que lo entiende. Rodrigo se siente reconfortado y, a partir de ahí, simula de vez en cuando tomar el biberón para hacer reír a mamá.