Unos tres días después del alumbramiento, la producción de leche ya empieza a funcionar bien. Esto implica que los pechos aumentan bastante y que la piel que los recubre se vuelve más tirante. A veces las mamas están tan repletas de leche que duelen. Estas molestias se alivian considerablemente al poner unos paños húmedos -tibios antes de amamantar al bebé y fríos después-. Otra precaución muy importante es llevar un corpino especial para evitar que el mayor peso de los senos tire de la piel y la haga ceder sin necesidad.
Al finalizar la lactancia, las glándulas mamarias comenzarán a reducirse automáticamente y volverán a su tamaño normal. Para algunas madres supondrá quedarse incluso con los senos más pequeños que antes. Y debido a este cambio de tamaño, tendrán una textura más blanda y el pecho resultará más caído.









