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¿Qué hacer si no quiere comer?

No lo obligues. El alimento no entra por la fuerza. Dedícale tiempo a la hora de la comida. Si tu hijo percibe apuro, no querrá molestarse en comer. Es necesario que te tomes el tiempo necesario para este momento.
Una buena presentación
de los platos puede ayudar. Muchos dicen que la comida entra por los ojos. Una ensalada colorida puede ganarle, aunque no lo creas, a una “oscura” hamburguesa con papas fritas. Invítalo a preparar el menú. El solo hecho de sentirse partícipe lo comprometerá a probar su propia obra.
Dale autonomía. Usar solo los cubiertos puede estimularlo a vaciar todo el plato.

Escupe toda la comida

Si pone cara rara no significa que no le gusta. Es muy común que las mamas cuenten que “les escupe toda la comida”. Para succionar del pezón o de la tetina el bebé debe realizar un movimiento de la lengua llevándola de adelante para atrás y a la inversa. Este movimiento es el que hace que escupa la comida sin darse cuenta. Tu bebé debe aprender a mantenerla dentro de la boca para poder tragarla y eso es algo que lleva tiempo. Si un alimento no le gusta, lo rechazará cerrando la boca o dando vuelta la cabeza. Será mejor no presionarlo, interrumpir la comida, y volver a iniciarla al día siguiente con otro alimento.

Si el rechazo se repite dos o tres días se debe dejar pasar un tiempo antes de intentarlo nuevamente y te sugiero conversarlo con tu pediatra. Las causas del rechazo pueden ser muchas. A veces tu excesiva ansiedad por la aceptación del alimento puede hacerte sentir decepcionada si el niño no acepta la comida preparada con tanto amor. También puede ser que el bebé no tenga apetito o que tenga mucho hambre y prefiera un alimento que le sea más fácil de ingerir como lo era la leche; o que le desagrade el sabor de la comida.

Las pastillas para el bebe

La introducción de los semisólidos se encara como un juego: es bueno que le permitas tocar la comida y ensuciarse sin reprimendas. Al hablar de juego nos referimos al jugar y aprender juntos y no al gran despliegue de chiches y familiares tratando de entretener a tu bebé para que “abra la boca”.
Como primero se le indica una sola papilla diaria y sin horario fijo, trata de elegir el momento del día en que puedas estar tranquila con tu bebé aprendiendo a alimentarlo.

Ofrécele un sabor distinto cada uno o dos días y dale tiempo a que los acepte. Debe estar a temperatura ambiente o tibia. Con el tiempo, y de a poco, le ofrecerás purés cada vez menos triturados hasta que a los ocho meses inicie el aprendizaje de la masticación. Entre el séptimo y el octavo mes, aproximadamente, se incorpora el huevo, las carnes (20-50 gr diarios) y cereales y podes enseñarle a utilizar la cuchara como parte del juego.
Hay niños que aceptan rápidamente los nuevos sabores y comidas, pero hay otros que necesitan más tiempo. Las papillas envasadas son sólo para situaciones especiales o para salir de paseo. En el caso de los vegetales tenes que evitar la cocción excesiva y tratar de hacerlo con poca agua o al vapor. No agregues sal ni especias. Sí se pueden enriquecer con aceite, queso crema o crema de leche. No endulces con azúcar ni miel las frutas. Podes ofrecerle agua no gasificada en los vasos adecuados y evita las gaseosas.

Los preparativos de su alimentación

El niño estará semi-sentado o sentado en su silla de comer o en tus brazos. Así podrás ver el rostro y expresiones de tu hijo. Conviene que el plato y tus movimientos puedan ser observados por tu bebé para que participe y se prepare para recibir el alimento. Podes colocar la cuchara al principio en sus labios, evitando introducirla en la boca para permitirle succionar de ella y explorarla con la lengua. Utiliza platos o recipientes especiales o que no puedan romperse. Tanto para vos como para tu bebé es un momento de mutuo aprendizaje, que debe vivirse con mucha calma y paciencia para poder disfrutarlo en su totalidad.

Cuándo comenzar con las primeras comidas

Ese día llega alrededor del sexto mes aunque en algunos casos puede ser antes. El cuándo iniciar la alimentación con semisólidos depende de muchos factores, entre ellos: el progreso del peso del bebé, si se alimenta con pecho o con biberón, su desarrollo psicomotor, la madurez de su aparato digestivo. Cada bebé es único y por eso es tu pediatra el que te indicará cuándo y con qué alimento comenzar. Puede ser con una papilla de vegetales o con un puré de frutas o una papilla con leche.

Pechos que amamantan

Unos tres días después del alumbramiento, la producción de leche ya empieza a funcionar bien. Esto implica que los pechos aumentan bastante y que la piel que los recubre se vuelve más tirante. A veces las mamas están tan repletas de leche que duelen. Estas molestias se alivian considerablemente al poner unos paños húmedos -tibios antes de amamantar al bebé y fríos después-. Otra precaución muy importante es llevar un corpino especial para evitar que el mayor peso de los senos tire de la piel y la haga ceder sin necesidad.

Al finalizar la lactancia, las glándulas mamarias comenzarán a reducirse automáticamente y volverán a su tamaño normal. Para algunas madres supondrá quedarse incluso con los senos más pequeños que antes. Y debido a este cambio de tamaño, tendrán una textura más blanda y el pecho resultará más caído.

¿Por qué no quiere comer nada al mediodía?

“Si lo analizas, te darás cuenta de que lo que come tu hijo es suficiente”, dice el doctor Carlos González, pediatra. No sólo porque sumando las cantidades diarias (que detallas en tu carta) hay alionas de sobra, sino sobre todo, porque, si no fuera así, el niño estaría adelgazando.
Un chico de dos años necesita comer menos que uno de un año, y esto es algo que a menudo se descuida. “Tu hijo no tiene que comer más. Lo que necesitas es que coma lo mismo, pero con alegría.” No lo obligues si no tiene hambre y procura variar su dieta, que incluye demasiados lácteos. “Para comer otras cosas, tendrá que tomar menos leche; de lo contrario, no le va a caber nada más.”

¿Qué hacer si el bebé come mal?

El cambio de alimentación puede venir acompañado de una aparente inapetencia en el bebé. Los padres se preocupan cuando empiezan a pensar que su hijo puede estar mal nutrido porque come demasiado poco. Es común oír a muchas personas quejarse de que su hijo “come mal”.
Pero, si nos detenemos a pensarlo, nos daremos cuenta enseguida de que los niños nunca “comen mal”. El apetito es el medio que tiene el organismo de indicarnos que necesita comida para seguir funcionando. Cuando el cuerpo no precisa alimentos, no se produce la sensación de hambre. Cualquier ser humano, antes de desnutrirse, pasa un hambre terrible y es capaz de comer cualquier cosa que se le ofrezca, incluso aunque no le agrade el sabor. Y a los bebés les ocurre lo mismo: comen hasta donde les indica su hambre que deben comer.
Según señala el especialista, “cuando se empiezan a introducir otros alimentos distintos de la leche, se deben ofrecer siempre en pequeñas cantidades y sin forzar al pequeño” Por eso la persona que se encargue de dar al bebé el puré o la papilla, debe tener paciencia y compartir con él este momento con alegría. No vale la pena pasar un mal momento y hacérselo pasar a él porque no cumpla nuestras expectativas en cuanto a la cantidad que ingiere. La hora de comer debe convertirse en un momento de comunicación placentero y servir de vínculo entre padres e hijo.
Lo que se puede hacer es probar a ofrecerle al niño la comida un poco más tarde. Aunque ahora no la quiera, tal vez al cabo de un rato sí la desee y entonces será fácil darle su porción. De esta forma las comidas son mucho más agradables para todos.
El pediatra explica que, en el caso de los niños amamantados, “los alimentos deben ofrecerse siempre después del pecho y no antes. Tampoco es adecuado sustituirles una toma por la fruta o los cereales, ya que la leche materna es mucho mejor alimento que estas comidas. Muchos niños de pecho no aceptan al principio estas cosas, y esto se debe a que no las necesitan. Con frecuencia -continúa el pediatra, he encontrado chicos que no querían tomar nada más que el pecho hasta los ocho o diez meses y algunos incluso más. Estos bebés están perfectamente alimentados y cualquier intento de obligarlos a comer suele ser contraproducente”.
En algunos casos, los chicos que han sido obligados a comer en su primera infancia tienen problemas durante años. Convertir la comida en una imposición es un error que, a veces, los padres cometemos con la mejor de las intenciones. Disfrutar de los alimentos es uno de los grandes placeres de la vida y los bebés pueden y deben vivirlo así desde el nacimiento.

Lácteos y derivados

Con respecto a tu primera preocupación, el requerimiento mínimo de lácteos y derivados durante el embarazo es de aproximadamente el equivalente a 500 a 750 ce de leche como mínimo. Eso significa que, para cubrir el aporte, necesitas una porción generosa de quesos, un yogur y dos vasos grandes de leche por día. En su defecto puedes reemplazarlo por, al menos un poco de queso y leche (o yogur) por día y una tableta de calcio medicinal. La falta de este mineral en la dieta de la embarazada perjudica sus huesos y uñas (de algún lugar tiene que salir el calcio que necesita el bebé en crecimiento). Una carencia acentuada repercutirá en un mal desarrollo de los pequeños huesitos del bebé y de sus gérmenes dentarios.

Comidas para los niños de 12 meses

A los 12 meses de edad los niños pueden integrarse a la mesa familiar. Ya no come a libre demanda y se puede adaptar al ritmo de los demás integrantes de la casa. Es aquí donde tiene sus primeras experiencias de socialización en torno a las comidas y aprende cómo comportarse.