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Alerta con la diarrea infantil

Ingerir comida en la calle puede generar la temida amibiasis, pues en las grandes ciudades las condiciones de higiene de los alimentos que se expenden en la vía pública son muy precarias. Esta situación ha provocado que el sector de la población que resulta mayormente afectado sea el de los niños, ya que aproximadamente 5 de cada 100 mueren anualmente debido a esta causa. «Por la elevada incidencia de este padecimiento se hacen prioritarias más campañas de prevención, educación higiénica y difusión de medicamentos que sirvan para controlar la enfermedad, como Lomotil, utilizado para las diarreas de cualquier origen (infeccioso, parasitario, osmótico y viral), ya que logra reducir el número de evacuaciones y el riesgo de deshidratación».
Por otro lado, no debemos olvidar las recomendaciones de rigor para el control de la amibiasis: comer las verduras hervidas y no consumir nada en puestos callejeros: sólo tomar agua hervida y lavarse las manos antes de comer cualquier cosa y después de ir al baño.

Alimentos ricos en fluor

El flúor que se consume se incorpora a los huesos y a los dientes en forma de cristales de hidroxiapatita, actuando como un escudo contra las caries. La mayor fuente de flúor es el agua, pero no todos los manantiales tienen la cantidad necesaria para prevenir este trastorno dental. Mientras que las aguas fluoradas aportan de 1 a 1,5 mg por día, las no fluoradas proporcionan una cantidad inferior a 0,9 mg diarios. Los pescados de agua salada, los cereales y el té también son ricos en este mineral. Los dos primeros no deben faltar en la dieta de los niños. Para evitar la placa bacteriana, los menores de 3 años necesitan de 0,1 a 1,0 mg y los mayores, de 1,5 mg a 2,5 mg diarios.

Cuando no les gusta masticar

Aprender bien.
Masticar es un acto voluntario. Cuando un chico se niega a hacerlo, puede deberse a un mal aprendizaje o a cierto grado de inmadurez. Por lo general, hasta los dos años no se les puede pedir que trituren los alimentos como los adultos. Hasta entonces, debemos ayudarlos a realizar un entrenamiento gradual y sin apuro.
La textura de los purés debe ser cada vez más espesa. Cuando ya tienen varios dientes se puede incluir algún alimento bien cocido que los obligue a masticar.
Luego se les puede ofrecer flanes y sopas de verduras y legumbres. Muy importante es darles alimentos de su agrado que deban ser triturados, como pan, galletitas, bizcochos…
Cuando se defiendan con éstos, se irán añadiendo poco a poco otros, hasta que a los 24 meses, aproximadamente, consigan masticar un bife.
El cambio de los purés a la alimentación sólida ha de seguir siempre estas pautas. Forzar a un niño antes de tiempo no sólo puede acarrear un mal aprendizaje. También comporta un peligro de ahogos o asfixias, frecuentes en estas edades.
Una cuestión de pereza.
Puede ocurrir que los chicos sean nerviosos o perezosos. En este caso no queda otra solución que armarse de paciencia y corregirlos.

Leche: de fácil camuflaje

Algunos niños, en esta etapa, rechazan la leche. Pero no te alarmes. Existen muchos sustitutos de idénticas propiedades y muchas maneras de disfrazar su blancura. Por ejemplo, los quesos gustan mucho a los pequeños y no hay inco-venientes en que los coman a diario. Los hay de varias clases (petit-suisse, quesitos en porciones, etc.) y recuerda que 40 g de queso equivalen a 100 ce de leche. Los licuados de fruta -en especial cuando hace calor- son muy apreciados por los niños. El yogur de frutas, las cremas, el flan, el arroz con leche, pueden sustituir perfectamente a un vaso de amenazante leche.

Legumbres: botoncitos de proteínas

Desde los once meses el niño puede comer lentejas pasadas por el prensapuré. Durante este año es posible incorporar otras legumbres como los garbanzos. Pero todavía no se los des enteros, pues le será difícil digerirlos. Cuando prepares guisos o sopas para los niños, recuerda que no deben poner embutidos ni grasas, y tampoco condimentos picantes.

Pescado: blanco alimento

A los 12 meses tu hijo ya puede comer el pescado frito y rebozado, siempre y cuando le quites el rebozo antes de servírselo. También se lo puedes preparar en una cazuelita con tomate y papas o en una fuente de homo. Elige pescados blancos como la merluza y el lenguado, por ejemplo, y acompáñalos de arroz o puré.
Los niños se resisten un poco a comer pescado, pero es bueno acostumbrarlos a comerlo por sus múltiples propiedades nutritivas. Hacia los 18 meses, puedes darle las salvadoras croquetas.

Crecimiento del niño de 1 año

El niño ya intenta comer sólito, agarra los alimentos con la mano, ensaya piruetas con la cuchara, hace un enchastre descomunal. Son sus primeros bocados de comida adulta y hay que estimularlo en este aprendizaje tan importante.
Por otra parte, es la etapa en que tu hijo empieza a comer cosas nuevas, de sabores inéditos y colores sorprendentes. Son muchos los alimentos que, poco a poco, se van a ir incorporando a su menú y a los cuales el pequeño se tendrá que acostumbrar. Por eso, procura que los platos sean sencillos, apetitosos y nutritivos, pero no muy elaborados, y que no contengan salsas muy grasosas o condimentos picantes. También es importante que su dieta sea variada para que no se aburra, y que los platos sean vistosos para que le entren por los ojos.
Agrega imaginación y paciencia. Gradualmente tu hijo se irá convirtiendo en una personita y ocupará un lugar de honor entre los comensales de todos los días en la mesa familiar.

El bebé regurgita

Regurgita: Cuando los bebés son pequeños, puede deberse al hecho de que el sistema digestivo aún no está funcionando bien. Por ejemplo, la boca del estómago, que hace de cierre entre el estómago y el esófago, todavía no cierra del todo. De tal forma, al no quedar bloqueado el paso hacia arriba, con los movimientos del estómago, una pequeña cantidad del alimento ingerido sube por el esófago y se mete en la boca. Por lo general, no tiene’importancia. La cantidad que vuelve a salir suele ser insignificante.

Qué hacer: Si lo que elimina huele ácido, hay que consultar al médico, ya que lo más probable es que se trate de una esofagitis. Debemos procurar que el bebé eructe varias veces mientras está tomando la mamadera o comiendo y que no realice juegos movidos después de comer.

Bebés con diarrea

Causas: Puede tratarse de un virus en el sistema digestivo-intestinal. La segunda causa más frecuente suele ser la bacteriana. En este último caso los bebés sufren también vómitos, tienen fiebre y a veces se observa sangre en las deposiciones. Las infecciones víricas son más leves que las bacterianas. En las víricas hay vómitos y cacas blandas. En las otras hay vómitos, fiebre, cacas líquidas, pujos y sangre.

Qué hacer: Un pequeño que tiene diarrea pierde mucho líquido. Por consiguiente, debe beber mucho. Si todavía le damos el pecho, no hay problema, normalmente, en que sigamos haciéndolo. Si no se lo amamanta, debemos diluir la leche del biberón con agua en proporciones uno y uno. Por otra parte, los pediatras suelen recomendar también papilla de arroz (se vende en farmacias y establecimientos del ramo). Alrededor de los seis meses, se les puede dar también papilla de banana y puré de zanahorias bastante líquido. Si las deposiciones fueran muy acuosas, es recomendable compensar la pérdida de sales de alguna forma; por ejemplo, dándoles suero oral que se adquiere en farmacias o preparando una limonada alcalina (1 litro de agua hervida, 2 pastillas de sacarina, 2 limones, una pizca de sal y bicarbonato). En todo caso se debería consultar al pediatra, por lo menos por teléfono, y mantenerlo informado sobre lo que se está haciendo y cómo va evolucionando el bebé.

Estreñimiento del bebé

El bebé suele tardar varios días en hacer de vientre y las deposiciones son duras, secas y quebradizas. Nunca hace mucha caca.

Causas: La falta de líquido y el exceso o la escasez de comida son las causas más frecuentes de este trastorno. Las deposiciones se endurecen y el bebé tiene que hacer mucha fuerza al defecar.

Qué hacen: Hay que eliminar el tapón del recto estimulándolo con un supositorio de gliceri-na o un enema si el estreñimiento es muy intenso. Al preparar la mamadera o la papilla, conviene echar entre un diez y un veinte por ciento más de agua de lo que se indica en el envase ya que las leches preparadas a veces resultan demasiado espesas. Un poco más de líquido no perjudica al pequeño, dado que el exceso de agua es eliminado con la orina. Si se trata de bebés algo más grandecitos, se les debe dar alimentos con fibra, especialmente frutas, verduras y pan integral para estimular el sistema intestinal. Los laxantes no deben usarse, salvo prescripción médica. A menudo, al hacer fuerza, pueden producirse lisuras en el músculo obturador del ano, con lo cual el bebé se encuen tra en un círculo vicioso. Como le duele al intentar defecar, deja de hacer fuerza. Se le puede poner una pomada (en farmacias) para aliviar el dolor hasta que la fisura se cure.