Depositando expectativas

Por otra parte, los padres siempre esperan cosas de sus hijos. Hay algunas que ya se conoce que van ocurrir en todo niño sano (que sonría, que se siente, que hable) y otras que, si bien no se sabe a ciencia cierta si se van a dar, se desean mucho (que sea cariñoso, que sea observador de la naturaleza, que sea simpático). En este campo muchas veces los padres depositan, sin tener conciencia clara de ello, aspectos ligados a su amor propio. Es por este motivo que a veces se hace difícil tolerar las frustraciones. Por ejemplo, a un papá deportista puede resultarle difícil aceptar que su hijo no tenga sus habilidades, y a la vez eso puede llevarlo a no valorar las capacidades que sí tiene. Por eso es que el tema de las expectativas puestas sobre los hijos puede a veces ser complicado. Para todo niño, por más chiquito que sea, es muy importante lo que piensan de él y lo que sienten por él sus padres. Que se lo valore por él mismo y no porque se parece más o menos a ellos. Uno de los mayores miedos de toda criatura es perder el amor de sus padres.

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