Cuando no les gusta masticar

Aprender bien.
Masticar es un acto voluntario. Cuando un chico se niega a hacerlo, puede deberse a un mal aprendizaje o a cierto grado de inmadurez. Por lo general, hasta los dos años no se les puede pedir que trituren los alimentos como los adultos. Hasta entonces, debemos ayudarlos a realizar un entrenamiento gradual y sin apuro.
La textura de los purés debe ser cada vez más espesa. Cuando ya tienen varios dientes se puede incluir algún alimento bien cocido que los obligue a masticar.
Luego se les puede ofrecer flanes y sopas de verduras y legumbres. Muy importante es darles alimentos de su agrado que deban ser triturados, como pan, galletitas, bizcochos…
Cuando se defiendan con éstos, se irán añadiendo poco a poco otros, hasta que a los 24 meses, aproximadamente, consigan masticar un bife.
El cambio de los purés a la alimentación sólida ha de seguir siempre estas pautas. Forzar a un niño antes de tiempo no sólo puede acarrear un mal aprendizaje. También comporta un peligro de ahogos o asfixias, frecuentes en estas edades.
Una cuestión de pereza.
Puede ocurrir que los chicos sean nerviosos o perezosos. En este caso no queda otra solución que armarse de paciencia y corregirlos.

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