Tiene que aprender a defenderse

No es nada fácil compor-tarse de modo pacífico. Ser tolérame, paciente, algo miedoso o, simplemente, un “buenazo”, supone convertirse, muchas veces, en el blanco perfecto de los pequeños camorristas que se dan cita en la plaza o en el recreo, siempre dispuestos a molestar al más indefenso.
Es como si llevaran colgado de la espalda un cartelito que dijera “soy débil e inofensivo”. Se trata, en su mayoría, de niños tranquilos y bonachones, con pinta de “mosquita muerta”, que además de estar expuestos a las burlas, amenazas y agresiones de sus compañeros, han de soportar los reproches de sus papas: “¿Por qué no te defiendes? ¿Por qué dejas que se metan contigo?”.

Es una situación dolorosa. También para los padres. A nadie le gusta ver cómo su hijo es intimidado por un chico mucho más pequeño que él. o cómo se deja arrebatar los juguetes sin oponer resistencia, o cómo corre lloroso a nuestro lado en busca de prolección cada vez que las cosas se ponen feas.
“Mi hijo Darío no quiere ni oír hablar de peleas”, cuenta Raúl, padre de un chico de cinco años. “No sé cómo lo hace, pero no puedo dejarlo solo ni un momento. En cuanto lo pierdo de vista, sin comerla ni bebería, se ve envuelto en líos de los que no sabe salir airoso. Al final, siempre tengo que ayudarlo”.

You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>