¿Hago mal dándole un chirlo de vez en cuando?

Hay muchos argumentos contra el chirlo. Para empezar, es fácil que se convierta en hábito; los efectos, sobre todo a esta edad, son fugaces, y tarde o temprano hay que darle otro. Además, sientan un mal precedente en la relación padres-hijos. Los golpes no son un buen ejemplo: los chicos aprenden que se puede imponer la voluntad por la fuerza (y no razonando y dialogando). El castigo físico, por esporádico que sea, es siempre una violación de la dignidad del niño como persona; disminuye su autoestima y lo incita a la violencia. ¿Cuál es la alternativa? Primero, comprender que es normal que no se quede quieto; está aprendiendo y tiene que explorar (levantar, tirar…). Pero también necesita límites y normas. Cuando esté a punto de hacer algo incorrecto, hay que decir no y retirar el objeto (o al niño). Si se hace por sistema, con el tiempo eso no será suficiente para que obedezca.

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