Cuando el recién nacido abre los ojos, la vista le transmite el 75 por ciento de la información que recibe. Hacia las tres semanas, el bebé ya es capaz de seguir con los ojos el movimiento de una luz; antes de los tres meses, reconoce el rostro de su mamá; y alrededor de los seis, ya tiene la capacidad de visión de un adulto.
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