Decirle no al tabaco y alcohol

Tabaco y alcohol: fumar disminuye la capacidad respiratoria y la resistencia a los ejercicios físicos. Los fumadores siempre rendirán menos de lo que podrían si no fumaran. El tabaco afecta la oxigenación de la sangre, lo que repercutiría en el rendimiento intelectual, sobre todo en la velocidad del cálculo y la incorporación de datos a la memoria. La nicotina impregna todos los tejidos que entran en contacto con ella, perjudicando muy especialmente el esmalte dentario, facilitaría además las infecciones y caries, el mal aliento y la pérdida de brillo. El hábito de fumar conlleva gestos y tics difíciles de eliminar que marcan, a veces en forma definitiva, la personalidad de los adolescentes.

El costo de los cigarrillos conspira contra la posibilidad de otros usos más interesantes, como por ejemplo comidas con los amigos, entradas al cine, boletos para un concierto de rock… Cuanto más se fume, habrá menos dinero disponible para esos usos, así como para la compra de libros, revistas, ropa, vacaciones. El alcohol deteriora los tejidos nobles perecederos, no reemplazables, como el sistema nervioso, el aparato renal y el hígado. En la adolescencia aún no se alcanzó el desarrollo final de los mismos y el daño es por lo general irreversible, aunque sus efectos se hagan presentes en la quinta o sexta décadas de la vida.

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