Compartir con la familia

Son apenas dos semanas, nada más. Sin embargo, en octubre, el ritmo habitual de la casa se altera por completo. No a las madrugones y a la modorra matinal. No a los deberes a último momento. No a la leche a las corridas porque viene el micro… Un montón de noes nos dicen sí en estos días. Los chicos están de vacaciones.
El tiempo parece estirarse y resulta raro verlos ir de acá para allá en la casa, o planear con ellos una salida especial durante la semana. Si hasta las mañanas y las tardes adquieren otra tonalidad… Es como si, a esta altura, al año le hicieran una marquita para dividirlo en dos y le colocaran el cartel de STOP. Por eso, aunque sigamos trabajando, también hay algo que se modifica en nuestra rutina (a veces para hacerla más intensa). Este recreo de invierno nos da la posibilidad de acercamos más a nuestros hijos, de observarlos sin apuro y constatar ciertos cambios. Es un paréntesis sin cuadernos ni libros de lectura que resulta ideal para compartir con ellos ratos más largos. Para detenemos un poco y ver cómo les creció el pelo o qué estirón dieron en los últimos meses. Para escucharlos con atención y comprobar que ya tienen opinión formada sobre algunos temas. Para descubrir los gestos que estrenaron no hace mucho o las expresiones de moda que incorporaron a su vocabulario sin que nos diéramos cuenta. Para reconocer que, poco a poco, van conquistando su autonomía y empiezan a ensayar su propio vuelo-Aprovechemos estos días para damos el gusto de verlos crecer. Vale la pena.

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