No morderse las uñas

Morderse las uñas.
La reacción menos adecuada es regañar al niño, pegarle en la mano o, como antes se aconsejaba a veces, embadurnar las uñas con una sustancia amarga.
El morderse las uñas suele ser una reacción nerviosa a la angustia o a presiones desde fuera. Muchos niños empiezan con ello al entrar en la escuela o cuando asisten a un jardín de infancia con normas demasiado rígidas. También las prohibiciones y las amonestaciones de «estáte quieto», pueden llevar al niño a roerse las uñas, ya que no le permiten expresar su vitalidad por otros cauces.
En cualquier caso, conviene dejarle más libertad y brindarle la oportunidad de desfogarse al aire libre.

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