Como cuidar a nuestros hijos

Lo mío y lo tuyo.
Si la sinceridad es una conducta deseada, el respeto por la propiedad ajena lo es aún más. Muchas veces, el niño parece demostrar con su comportamiento que el sentido de la propiedad es algo innato en el ser humano. «Mío, mío» grita desde pequeño.
El otro día, nuestro vecino Pedro nos iba a prestar unos discos, lo que suscitó gran excitación en su hija pequeña, de apenas dos años. Me tiraba de la falda y señalaba el estante de donde su padre los había sacado. «Mío, papá, papá, mío», gritaba.
Sin embargo, lo que a primera vista parece un fuerte sentido de posesión, en este caso se debe más bien a ese extraño sentido del orden de los niños pequeños. Igual que un horario regular, parecen necesitar ver que todas las cosas están en su sitio.
A lo largo de la Historia el sentido de la propiedad y los castigos que se infligían por los hurtos y robos han cambiado mucho (y en las diferentes culturas aún sigue siendo muy distinto). Y es lógico que si se tiene sólo lo esencial, este poco se defienda con más fuerza que lo que se posee en abundancia. En el Oeste americano, robar un caballo era el mayor de los crímenes y su propietario tenía pleno derecho a matar al ladrón, ya que el caballo era su único medio de transporte, vital para salvar las inmensas distancias hasta el próximo pueblo o entre un vecino y otro. Perder el caballo en muchos casos ponía en peligro la supervivencia.

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