La guardería es el sitio que complementa la atención del pequeño cuando sus padres trabajan. Diversos pediatras y psicólogos sostienen que los menores aceleran su desarrollo, pues en ella los niños comienzan a socializar y a identificar su individualidad. Algunas recomendaciones a los padres son:
1. Antes de seleccionar un lugar en especial, deben conocer su funcionamiento e instalaciones, y hablar con otros papas para saber cómo tratan a los niños en dicho centro.
2. Buscar guarderías que tengan como mínimo:
• Personal bien capacitado y suficiente.
• Amplios espacios para que el niño esté cómodo.
• Grupos pequeños.
• Tener un programa de control sanitario estricto, con especial énfasis en la higiene de manos, juguetes y mobiliario.
• Actividades y juegos de acuerdo con la edad del menor.
3. Cuando el niño acude por primera vez a la guardería, los padres deben acompañarlo varios días y quedarse cerca de él cuando realice alguna actividad (comer, jugar, dormir, etcétera), hasta que se integre plenamente al grupo.
4. Cuando se considere conveniente, se debe cambiar de guardería. Recordemos que hay muchas opciones con diversos tipos de programas de estimulación infantil, así que debemos informamos muy bien para seleccionar la más adecuada para nuestros hijos.

Libros de cuentos para niños

Son una fuente inagotable de placer y aprendizaje. Cada aula debería disponer de su pequeña biblioteca y de un rincón tranquilo y cómodo donde los niños puedan ver sus cuentos favoritos.
En el mercado existe una gran variedad, y cada modelo se ajusta al momento evolutivo: de plástico, cartón o papel; con una sola imagen por página o con una secuencia completa; con texto breve, largo o sólo con dibujos; con pocos personajes o con muchos… Hay que ser cuidadosos en su selección para garantizar que transmitan valores como la amistad, la solidaridad, el respeto a la diversidad, la igualdad entre los dos sexos, etcétera.

Instrumentos musicales para niños

Tambores, panderetas, xilófonos, cascabeles, claves, cajas chinas, maracas… todos contribuyen al desarrollo de la expresión musical. No hay que olvidar los materiales naturales generadores de ruido: corchos, conchas de mar, vidrio, palos, agua, piedras, etc.
Con ellos desarrollarán:
• La creatividad y la expresión, potenciando su sensibilidad hacia el hecho sonoro.
• Su ritmo, tanto para hacer sonar el instrumento, como para moverse al compás.
• La discriminación auditiva, siendo capaces progresivamente de diferenciar distintos tonos y tempos musicales.
• Los instrumentos musicales facilitan el conocimiento del folclore popular y de las canciones infantiles (éstas deben ser cortas, rítmicas, con un compás sencillo y una tonalidad adecuada).

Muñecos, cocinitas y peluches

Son imprescindibles para practicar el juego simbólico. A los pequeños les encantaría ser como los mayores, pero su falta de experiencia y capacidades se lo impiden. Es entonces cuando empiezan a jugar al como si: hago como si fuera una mamá, un chofer o una enfermera. Con estos juguetes recrean situaciones de la vida cotidiana, poniéndose en el lugar del otro. Así aprenden mejor cómo es el mundo de los adultos y sus relaciones. A partir de los dos años, necesitan tener a su disposición muchos materiales de este tipo: maletín de doctor, juegos de peluquería, animales de plástico, coches y talleres, etcétera.

¿Es preferible que se lleven mucho o poco?

La diferencia de edad entre ambos hermanos evita la existencia de celos y en este caso ha mejorado aún más las relaciones entre el padre y los hijos. Según Antonio, «para mi hijo mayor ha supuesto una reafirmación de la relación de afecto y cariño que teníamos. Él está encantado con tener un hermano pequeño y esto ha despertado otra forma de ternura y un sentimiento de protección que ahora está experimentando con el bebé. La llegada del pequeño ha sido muy benéfica para el mayor».

Cuando la diferencia de edad es amplia, los hermanos mayores suelen ayudar en las tareas de cuidado y entretenimiento de los pequeños.
Sara, quien lo conoce todo (es madre de una niña de diez, un niño de nueve y otro de dos), no se atreve a dar una opinión tajante: «Todo tiene sus pros y sus contras. Dos de edades parecidas te vuelven loca, para los baños, las comidas, la hora de acostarlos, las peleas…, pero también te agrada verlos crecer juntos». Para Marisa, que combina el trabajo en su salón de belleza con la crianza de dos niñas de cinco y siete años, «es el ahora o nunca y por mucho trabajo que dé tenerlos seguidos, es mejor.
Lo mismo dice Eva, madre de dos niños que se llevan 11 meses: «No lo queríamos así, fue un accidente, pero bendito sea, al principio resultó duro, pero ahora da gloria».

«Yo lo prefiero, porque haces una pausa en tu vida profesional -cuenta Miriam, con una excedencia laboral de cinco años y dos niños de dos y cuatro años-, los crías y luego vuelves a trabajar».
En este caso, también el costo económico que supone criar al segundo hijo resulta más reducido porque se aprovechan los juguetes, la ropa y otros enseres que han quedado del mayor. Marisa bromea con su marido sobre su hija Claudia como «el saco de las herencias de su hermana Lucía», y añade: «A veces pensamos en su reacción cuando de mayor vea fotos suyas de cuando era bebé con todas las cosas de su hermana».

Los celos del mayor tienen su lado bueno

Uno de los puntos más preocupantes para los padres es el comportamiento celoso que pueda tener su primer hijo ante la llegada de un hermano o hermana, sobre todo cuando la diferencia de edad es poca.
Esta reacción surge, según la psicóloga infantil Mercedes Navarro, «porque el niño se siente amenazado en su territorio. Es la primera vez que tiene que compartir lo más valioso para él, que son sus padres y el tiempo que pasa con ellos». Pero, según la psicóloga, tener hermanos tiene sus ventajas: «El hijo mayor sufre un proceso de maduración, con pequeñas responsabilidades, aprende a elegir y a tomar decisiones por sí mismo; mientras que para el pequeño la existencia del hermano mayor supone una estimulación continua y un modelo de referencia que acelera el aprendizaje».

Las envidias, en ocasiones, se deben a la falta de tacto por parte de los padres y los amigos. Para Concha O. V., que acaba de tener su tercer hijo, «la gente hace muy mal, porque sólo se fijan en el bebé y no le prestan ninguna atención al hermano mayor».
En el caso de Antonio García su primogénito no tiene celos, al contrario: «está encantado». Su segundo hijo llegó ocho años después que el primero.

El segundo hijo lo cambia todo

Es cierto que la mayoría de los padres viven la llegada del segundo hijo como una mezcla de gran satisfacción y de pesada carga, pero eso es sólo al principio. En poco tiempo, la familia se reestructura y pasa a ver al pequeño como una bendición.
En nuestra revista no queremos hacer campaña por el aumento de la natalidad (creemos que en el mundo hay suficientes niños en busca de padres), pero quienes han vivido la experiencia coinciden en encontrar aspectos positivos en la llegada de un segundo hijo al hogar. Aunque existen algunos problemillas que resolver…

¿Y si ya hubiera ocurrido algo?

La prevención es vital, pero una protección absoluta contra los abusos sexuales no existe. Frente a un adulto o un adolescente, el menor se encuentra siempre en inferioridad de condiciones. Por ello debe quedar muy claro que la niña o el niño nunca tienen la culpa de nada.
Dado que los agresores sexuales obligan a sus víctimas a guardar silencio, es sumamente importante que nuestros hijos sepan distinguir entre buenos y malos secretos. Un buen secreto sería, por ejemplo, un regalo primorosamente envuelto que se guarda para el cumpleaños del abuelo. Tiene suspenso, da alegría y, tarde o temprano, se revela su contenido. Los malos secretos pesan como una losa, dan miedo y producen vergüenza. Sólo contárselo a alguien procura alivio. El pequeño o la pequeña deben saber que esto no significa traicionar, y que tampoco va a tener las terribles consecuencias anunciadas.
En la mayoría de los casos, la persona de más confianza será la madre, aunque algunos menores pueden preferir hablar con un profesor o con una profesora.

Jugar a los médicos

Ciertamente, la posibilidad de un abuso sexual asusta a los padres, pero esto no debe llevarnos a mirar con desconfianza cualquier manifestación de la sexualidad infantil. Los niños sienten curiosidad tanto sobre la sexualidad de los adultos como acerca de su propio cuerpo. Ni la pregunta de cómo ha entrado el hermanito en la panza de mamá, ni el interés por el cuerpo de un niño del sexo contrario indican que nuestro hijo muestre un interés malsano por la sexualidad ni que sea precoz. Los niños juegan a los médicos para explorar su anatomía y hacen de mamas y papas para imitar la conducta de los adultos. Cuando se tocan sus propios genitales es porque han descubierto que esto produce placer. Y todo ello es normal, siempre que los pequeños sean de la misma edad, no se hagan daño y no fuercen a otro a prestarse a algo que no quiere.

¿Qué entendemos por abuso sexual?

Muchas personas piensan que la agresión sexual implica siempre una violación. Esto no es así. Un abuso sexual se da siempre que un adulto (o un adolescente) utiliza su situación de poder para estimularse o satisfacerse sexualmente con la ayuda de un niño o una niña. Esto significa que el adulto, con el fin de excitarse, persigue al menor con miradas lúbricas, lo toca, le enseña sus órganos genitales, se masturba delante de él o le exige que lo masturbe a él.

También significa abuso sexual obligar (o convencer) al menor para mirar revistas o películas pornográficas o utilizarlo en fotografías o filmaciones de actos pornográficos. Las agresiones de este tipo no son nunca un desliz casual sino que se planifican cuidadosamente. El adulto siempre es consciente de la perversidad de sus actos con los menores y, por lo tanto, es el único responsable.